Todos los esfuerzos son en vano. Las penas son ya más fuertes que las propias fuerzas. Así no se puede.
Parecerá tópico, topiquísimo, pero el tiempo pasa demasiado rápido y eso no hay manera de cambiarlo, y por el momento (al menos a mi) nadie llega y dice "oye, cuando me digas paro y hacemos pausita para echar la siesta".
En este 2011 no me mejorado mucho, más bien nada, pero la verdad es que tampoco prometía demasiado. Más se perdió en el 2010. Y en el 2009 ni te cuento.
Sacar mejores notas no conviene para nada a no ser que haya un enorme conejo de pascua esperando sobre la encimera. Soy sincera. No lo soy.
No quiero engañar a nadie, me engaño constantemente por no hacerlo. Los seises en matemáticas NO están sobrevalorados, pero nadie va a aplaudirte si llegas con veinticuatro a casa. Saca un uno, verás como te aplauden.
Y las pirámides, al igual que los prismas o los afilalápices, realmente, no sirven PARA NADA. ¡AH! Y si queréis que cante decídmelo, no necesito zumo ni demás estimulantes (y menos de tan alto calibre).
Yo te quería solo para mi, es cierto, y así será siempre. Pero el miedo a que te canses es superior a todo. Paso.
Por mi puedes ir a comerle el culo a quien quieras y cuando quieras, que yo espero fuera. No me voy a ir a ningún lado, no tengo nada mejor que hacer.
Y, bien, los apotemas y las profesoras chifladas no ayudan a potenciar (PARA NADA, PERO QUE PARA NADA) esa cordura que yo sé que hay en algún rincón de mi inconsciente.
Lo siento.
Tu lo dejas de pie. Es tan bonita la frustración esta que ya emite hasta vapores de un rojo averdosado con esbásticas y símbolos de la paz. ¡NENAZAS!
No es mejor nada, de nada, porque las cosas no cambian. Algo, o tu, o yo, pero las cosas siempre están igual.
Así que acabaremos todos en una fosa común, lo sabemos, no hay forma de remediarla ni de nada, y, como no podemos vivir a sabiendas de ello, nos dedicamos a estudiar, joder y explotar nuestro alrededor para, por lo menos, tener algo que echar de menos allá abajo. Porque, si no, ¿de que sirve toda esta mierda?
A cada calada, a cada bostezo, sabemos que nos pudrimos, sin prisa pero sin pausa, y vamos ocultándolo con jabón, desodorante (¡AVE!) y perfumes caros. Nos cuidamos y vestimos cada día más menos a conciencia hasta que llega un día que dejamos de hacerlo. Acabamos teniendo hijos, plantando árboles, (¿por qué no?) escribiendo un libro, exterminando lo que podamos y saliendo al encerado con los deberes sin hacer. ¿Para...?
Yo os digo, señores, que basta de eufemismos y de mirarnos mal. Basta de hacérselas pasar putas subiendo el volumen a las cuatro, cinco, o seis y pico (por muy buena que sea la música) al vecino de arriba/abajo/enfrente. Cualquiera podría verle los bajos un autobús antes de pasado mañana.
Así que basta de chats, de iPods, de colegios caros, de droga barata, y de encerrarse media vida y dormir la otra media (que dicho así suena fatal, pero en la práctica el 82% acaba metiéndose una bala en la cabeza para pensar mejor. O dos), soñando con divertirse pi al cuadrado.
Ayudad a alguien, cojones, a vosotros mismos o a la señora del tatuaje en la rabadilla (le gusta por la popa, puede ser una forma de ayudarla), así llegará antes, mejor, o más bonito. El caso es que esto nos sea lo más leve posible a todos. Estaba claro que no íbamos a ser nadie cuando nos dieron la preciosa y emotiva palmada en el culo, hace ya algo de tiempo.
Incluso me atrevería a decir que Strummer cagaba sentado, ¡somos humanos!. Así que salid a la calle y basta, y llevadme con vosotros. Al fin y al cabo, nuestras materias grises acabarán todas del mismo color.