Las notas graves y algo tristes llegaban desde abajo, pero las cabezas de la gente no me dejaban pensar (ni ver) muy bien, por lo que intenté ordenar(me) por dentro y separar al hombretón de la sonrisa amarillenta del resto de inútiles cosas que se pueden oír bajando las escaleras del metro. Tocaba ''what a wonderful world'' con un común rasgo único, medio loco, medio cuerdo, algo feliz (cosa inexplicable) con el sombrero cargadito de monedas de euro.
Me recordaron que aquello no sería eterno (pronto de vuelta a la rutina), pero algo si que me alegraron. Malditas notas... ¡ellas si que sabían lo que es bueno!
Guardaba en mi cabeza las conversaciones mediocaptadas mirando aquelas inalcanzables joyas de las que no se cuelgan el el cuelo. Borrar, borrar, borrar... ¡céntrate, por dios!
- ¿En que piensas?
- ¿Eh? Euh... mierda, ¡como tiembla esto!, ¿no?
- Si, anda, deja pasar a la señora.
Ví a muchas Courtney Loves, cosa que prefiero a ver a la mitad de Sid Vicious con los que me encontré ayer.
Mucha subida y bajada, cambiar de metro, de estación, y llegar de nuevo a casa. Salir de la rutina podía considerarse otra, aunque de una manera más discreta (y más fácil de llevar).
Y las sonrisas forzadas a cada foto no daban más de si. Pero era feliz aún sin sonreír, sin ver a ese pequeño yonki-yo que llevo dentro a cada cinco metros. La felicidad está sobrevalorada, como aplaudir en el circo. Ser feliz no está bien visto (ni mucho menos bien remunerado) por estos tiempos locos que corren. SÉ, si, SÉ que si fuera árbitro podría pagarme mis propios conciertos y mis propias camisetas, pero odio presionar a la gente, si me presionan más, bajo presión no rindo.
Y... bien, estas son las cosas que he retenío al llegar a casa después de ponerme el pijama. Atocha se ve más bonito de noche (y sin bombas ni nada).
domingo, 17 de abril de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
Conclusumirepeticiones.
Hoy, he llegado a la conclusión de que he de limpiar mi cabeza por dentro (y tan solo me han hecho falta catorce años, mira que bien).
No tienen por que importarme las putas chaquetas rosas ni sus ''dueñas'', ni que igual si levanto la cabeza un gordo me lanzará una enorme (y mental, al cien por cien) bofetada.
Sé que las cosas son así, y donde van, y hasta el orden alfabético (resalto aquí la falta de ganas, tanto para ponerme a andar en bicicleta como para barrer y fregar psiquiarmarios y psiquisuelos), pero es que ya no sé si hay que lavar separado el negro del resto de colores. O, si no, ¿por que narices discriminan al pobre blanco?
- Es por su bien...
¡Tonterías! Son los otros, los que no son blancos (creo que toman mucho el sol y comen también a lot of zanahorias), que nos discriminan. ¡Malditos racistas! aunque, no es para menos teniendo en cuenta la de barbaridades que... en fin, no son horas de irse por las ramas. Tras noches y noches (y más noches) en vela, la solución es simple: motivación. Sé que me remonto a mis conclumisiones de la época feliz de desbarajustes hormonales (creo que aquí le llamáis vacaciones), ¡pero es lo que hay! Hace mucho que lo sé, está planteado, esquematizado, ¡y hasta te puedo hacer un plano! Pero, (repito, Rebeca) en mi cabeza me pierdo hasta yo. Bajo un montón de neuronas sucias se encuentran los neurocalcetines, y no pienso agacharme a buscalrlos. ¡Ni loca, vamos! Igual ni siquiera están ahí. ¿De qué serviría?
Además... no es solo eso. Por mucho que los encontrara, sigo diciendo que los calcetines (altos, bajos o neutros) se te caen al dormir. Dentro, pero dentro de dentro, hay más gente que tu (¿lo dudabas? lo sé; yo también) y que yo. Idolatro a gente que no debería. ¡Son mi vida! Y eso es lo que he de plantearme cambiar (entre otras muchas, pero que muchas muchísimas cosas). Alcohólicos, drogadictos, suicidas... son ese tipo de personas que ninguna madre quiere para sus hijas y ninguna hija quiere para (presentar a) sus madres.
También está el tema de las dependencias; pero eso, ya es entrar en terreno vedado, en terreno cebolla, y es otra historia.
Mientras, tu puedes seguir con tus cuentos si quieres, sin madurar, sin intentarlo siquiera. ¡TIREMOS LA CASA POR LA VENTANA!
No tienen por que importarme las putas chaquetas rosas ni sus ''dueñas'', ni que igual si levanto la cabeza un gordo me lanzará una enorme (y mental, al cien por cien) bofetada.
Sé que las cosas son así, y donde van, y hasta el orden alfabético (resalto aquí la falta de ganas, tanto para ponerme a andar en bicicleta como para barrer y fregar psiquiarmarios y psiquisuelos), pero es que ya no sé si hay que lavar separado el negro del resto de colores. O, si no, ¿por que narices discriminan al pobre blanco?
- Es por su bien...
¡Tonterías! Son los otros, los que no son blancos (creo que toman mucho el sol y comen también a lot of zanahorias), que nos discriminan. ¡Malditos racistas! aunque, no es para menos teniendo en cuenta la de barbaridades que... en fin, no son horas de irse por las ramas. Tras noches y noches (y más noches) en vela, la solución es simple: motivación. Sé que me remonto a mis conclumisiones de la época feliz de desbarajustes hormonales (creo que aquí le llamáis vacaciones), ¡pero es lo que hay! Hace mucho que lo sé, está planteado, esquematizado, ¡y hasta te puedo hacer un plano! Pero, (repito, Rebeca) en mi cabeza me pierdo hasta yo. Bajo un montón de neuronas sucias se encuentran los neurocalcetines, y no pienso agacharme a buscalrlos. ¡Ni loca, vamos! Igual ni siquiera están ahí. ¿De qué serviría?
Además... no es solo eso. Por mucho que los encontrara, sigo diciendo que los calcetines (altos, bajos o neutros) se te caen al dormir. Dentro, pero dentro de dentro, hay más gente que tu (¿lo dudabas? lo sé; yo también) y que yo. Idolatro a gente que no debería. ¡Son mi vida! Y eso es lo que he de plantearme cambiar (entre otras muchas, pero que muchas muchísimas cosas). Alcohólicos, drogadictos, suicidas... son ese tipo de personas que ninguna madre quiere para sus hijas y ninguna hija quiere para (presentar a) sus madres.
También está el tema de las dependencias; pero eso, ya es entrar en terreno vedado, en terreno cebolla, y es otra historia.
Mientras, tu puedes seguir con tus cuentos si quieres, sin madurar, sin intentarlo siquiera. ¡TIREMOS LA CASA POR LA VENTANA!
jueves, 7 de abril de 2011
Y 500 noches.
No sé muy bien como empezar esto. Nunca sé realmente como empezar nada (y terminar menos, vaya). Pensé que al sentarme (recostarme, en realidad) aquí delante, las palabras saldrían solas.
Pero no salen. Creo que tengo un problema muy gordo. Simplemente felicidades.
Y lo siento si no recibes más que dos palabras ''bonitas'' de mi parte. Sé que lo necesitas, últimamente, y que seguiré sin leer tus cartas hasta que algún día mi divina inspiración llame a la puerta.
No sabría que decir si me cruzara contigo por la calle (cosa tan improbable como frustrante, a la par que IMPOSIBLE), solo sé que sería la persona más feliz del mundo sabiendo que estás bien, que no lloras, y que algo si que te ha hecho efecto estar tanto tiempo sin los ruedines de atrás.
Tal vez solo sea eso. Has de aprender a ser un niño grande y dejar a un lado las preocupaciones: ¡PREOCUPACIONES FUERA! No hacen más que estorbar, como las moscas o los anuncios de compresas. Así que luce tu mejor sonrisa, recoge tu autoestima, y espolvoréate los ánimos que tanto tiempo llevamos mandándote (si no escritos, al menos sentidos) desde aquí, y corre a soplar las velas.
Cada día es especial, sobre todo si celebras tener algo que celebrar. Celebra que te quiero, te quiero, te quiero y te querré siempre.
Pero no salen. Creo que tengo un problema muy gordo. Simplemente felicidades.
Y lo siento si no recibes más que dos palabras ''bonitas'' de mi parte. Sé que lo necesitas, últimamente, y que seguiré sin leer tus cartas hasta que algún día mi divina inspiración llame a la puerta.
No sabría que decir si me cruzara contigo por la calle (cosa tan improbable como frustrante, a la par que IMPOSIBLE), solo sé que sería la persona más feliz del mundo sabiendo que estás bien, que no lloras, y que algo si que te ha hecho efecto estar tanto tiempo sin los ruedines de atrás.
Tal vez solo sea eso. Has de aprender a ser un niño grande y dejar a un lado las preocupaciones: ¡PREOCUPACIONES FUERA! No hacen más que estorbar, como las moscas o los anuncios de compresas. Así que luce tu mejor sonrisa, recoge tu autoestima, y espolvoréate los ánimos que tanto tiempo llevamos mandándote (si no escritos, al menos sentidos) desde aquí, y corre a soplar las velas.
Cada día es especial, sobre todo si celebras tener algo que celebrar. Celebra que te quiero, te quiero, te quiero y te querré siempre.
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