Hoy, he llegado a la conclusión de que he de limpiar mi cabeza por dentro (y tan solo me han hecho falta catorce años, mira que bien).
No tienen por que importarme las putas chaquetas rosas ni sus ''dueñas'', ni que igual si levanto la cabeza un gordo me lanzará una enorme (y mental, al cien por cien) bofetada.
Sé que las cosas son así, y donde van, y hasta el orden alfabético (resalto aquí la falta de ganas, tanto para ponerme a andar en bicicleta como para barrer y fregar psiquiarmarios y psiquisuelos), pero es que ya no sé si hay que lavar separado el negro del resto de colores. O, si no, ¿por que narices discriminan al pobre blanco?
- Es por su bien...
¡Tonterías! Son los otros, los que no son blancos (creo que toman mucho el sol y comen también a lot of zanahorias), que nos discriminan. ¡Malditos racistas! aunque, no es para menos teniendo en cuenta la de barbaridades que... en fin, no son horas de irse por las ramas. Tras noches y noches (y más noches) en vela, la solución es simple: motivación. Sé que me remonto a mis conclumisiones de la época feliz de desbarajustes hormonales (creo que aquí le llamáis vacaciones), ¡pero es lo que hay! Hace mucho que lo sé, está planteado, esquematizado, ¡y hasta te puedo hacer un plano! Pero, (repito, Rebeca) en mi cabeza me pierdo hasta yo. Bajo un montón de neuronas sucias se encuentran los neurocalcetines, y no pienso agacharme a buscalrlos. ¡Ni loca, vamos! Igual ni siquiera están ahí. ¿De qué serviría?
Además... no es solo eso. Por mucho que los encontrara, sigo diciendo que los calcetines (altos, bajos o neutros) se te caen al dormir. Dentro, pero dentro de dentro, hay más gente que tu (¿lo dudabas? lo sé; yo también) y que yo. Idolatro a gente que no debería. ¡Son mi vida! Y eso es lo que he de plantearme cambiar (entre otras muchas, pero que muchas muchísimas cosas). Alcohólicos, drogadictos, suicidas... son ese tipo de personas que ninguna madre quiere para sus hijas y ninguna hija quiere para (presentar a) sus madres.
También está el tema de las dependencias; pero eso, ya es entrar en terreno vedado, en terreno cebolla, y es otra historia.
Mientras, tu puedes seguir con tus cuentos si quieres, sin madurar, sin intentarlo siquiera. ¡TIREMOS LA CASA POR LA VENTANA!
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