martes, 14 de junio de 2011

Heart-shaped coffin

Vivir cosas que no sirven para nada no sirve para nada. Ni siquiera para enmendar (ni intentarlo) tus errores, o aprender de ellos. De igual modo que ver a la gente feliz no hace otra cosa que hacerte sentir más desdichado, poco a poco, día a día.
- Ella es fuerte - habían pensado.
- Ella es feliz - pensaron
- Ella es así - pensaban
- Ella está sola - piensa - ella está sola - repite para sus adentros, inconscientemente pero dándose cuenta de la realidad. Y, con la amargura de una tarde de verano lluviosa o unos zapatos rotos, se acurruca entre las sábanas, pensando en el mañana, en el "qué dirán", y en el frío que le recorre el cuerpo. Siempre. Siempre, y no consigue que se vaya. Echa de menos los abrazos, la risa, la inocencia y los pellizcos. Había cogido la peor manía posible: quererle, y eso no está cambiando. "Y por mucho tiempo", repite una y otra vez. Maldita terca.
Le quiere como no ha querido a nadie. Tiene incluso su propio ritual secreto, escondido en las dunas de su inconsciente de lo secreto que es, que no lo conoce ni ella. Solo quiere verle, no le importa lo que pueda decir, aunque le importa y mucho. Está loca.
Sigue pensando que la culpa de todo la tiene ella cuando la tiene ella, es lógico, pero no soporta el dolor que le provoca y por eso hace lo que hace, dice lo que dice, y siente lo que siente.
"Echaré en falta mi cama", pensó ella, y recuerda como echó en falta los abrazos de su padre, como lloró la noche del domingo, y como odia que le recuerden sus defectos a gritos y patadas. Llora. Llueve. Y no son más de las cinco de la tarde. Una tarde perfecta para alguien con una vida. Hace sol, lo ve por la rendija de la persiana rota. Al ver esto, recuerda como su amiga, su única amiga, terminará pronto, su confidente, quien le ayudó la noche del domingo. Esa preciosa botella de Vodka blanco. Llora. Llueve. Y fuera se oye el sonido de unos niños. Piensa en su hermano, en como ha pasado al término de "hermana" en cuestión de años. Piensa en como ha cambiado ella en ese tiempo. Han pasado lustros para ella. Lustros desde la última vez que pasó más de una semana sin pensar la gran desdicha que podía ser "ser una romántica en estos tiempos". Llora. Llora por ella, llora por toda la gente a la que conoce, a la que no, a la que le ha hecho daño y por las ballenas, las focas y las cucarachas. Llora por las arañas que hay en su habitación y por el metabolismo que no logra controlar. Llora por nada, llora por todo, llora por el, que a saber dónde estará ahora. Llora por su reciente descubrimiento de que todo el mundo tiene problemas. Ella sabe que no es así, en absoluto, pero es una forma de autoconvencerse.
"Venga, pequeña. La vida es bella."
Llora, y se queda dormida. Tiene sueño, está agotada, y nadie vendrá a arroparla esta noche, nadie vendrá. Y sigue llorando.
Y, yo, lloro por ella.

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