Y, bien, aquí me encuentro, estoicamente sentada mientras los demás viven lo que les toca, cansada, de deambular por ahí dentro sin sacar nada en claro, de perderme por las dunas de mi mente sin saber cuando ni por qué podrá caerme una montaña de locuras surgidas de un grano de arena, como suele pasar. Solo puedo "reír" y "esperar". "Solo" ("casi nada", vamos), y esperar de nuevo a que vuelva a llegar el día, a poner mayor con elle, a escribir párrafos a horcajadas y sin comas ni tildes, y a chillar como una mona cuando "el tiempo se pare y, con una música lenta de los sesenta y tu melena ondulante al viento, nuestras miradas se crucen" y te desconcentres, tropieces con una mesa y nos riamos los dos. Y no sería la primera vez. Pero siempre podrá ser la última, tal y como están las cosas.
Todo el mundo es feliz, todo el mundo es contento, todos intercambian fluidos, y todos ríen como hienas. De algo, de nada, de algo estúpido (de mi, ¿quién sabe?).
Y los fantasmas... no se van. Ni a golpe de "golpe en el hígado a base de... golpes". Esta(ba) bien tenerlos ahí, pero hasta cierto punto. Que con la casa y con los niños, se me hace un peso demasiao' grande mantener a los recuerdos de diez años en un piso con un solo baño, frío, seco, soso, feo, y nada romántico. Si pagaran alquiler, pues si, pero si no lo pagan, no. ¡A tomar por el culo! Asunto zanjado. Pues no. Y basta, silencio. ¡Que en mi cabeza solo hablo yo -y cualquiera que se precie... y a veces ni eso-!
Ahora, imaginémonos un paisaje, algo, ¡evadámonos!, ¡cantemos la canción de Aladín!, ¡metámonos ácido en el desierto con Jim Morrison!, ¡hagamos parapente!... joder, aportad ideas. Que a mi innovar no me va, me sacas del bucolicismo y sus cambios de luz con el sol y no tengo puñetera idea. Puede que dormir nos saque de la rutina. Si, ¡buena idea!
(Nota: solo yo puedo hablar conmigo misma)
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