El maleable viento
se ha puesto de tu parte.
Se ha mezclado con tu pelo,
se ha colado por tus poros.
Es el nuevo inquilino
de las comisuras de tus labios.
–
No lo quieras, Jack,
El nº2 y el nº4 de la comunidad
le esperaban fuera. Se estaba cayendo, la gente prescindía de sus servicios. El
cáncer les estaba quitando el trabajo.
–
Cuídate, Jack.
Y me aferré a mi bata fría,
mientras veía cómo se alejaba en el coche negro. Siempre acababa llegando el
día. Había pasado aquí una escueta temporada, bueno, siempre se hacía corto el
estar a su lado. Ahora, el frío y su acogedora y larga noche se iban, con el,
sin un punto de destino fijo. Se acabaron el vaho y el café caliente, los soles
fríos de un Octubre que nos abrazaba sus cuatro meses, como cada año, y los
abrazos en un Octubre que pasados meses te olvidan. “Suerte, Jack...”
El estaría a salvo, nosotros tal
vez no tanto. El perfecto dúo que formábamos entre las sombras la Soledad y yo.
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