domingo, 1 de enero de 2012

Let me forget about today until tomorrow

Reviviendo sin querer y sin saber si es cierto lo que estoy viendo.
No voy a seguir huyendo de ello.
Hacía un frío te te apuñalaba desde dentro, y las calles intentaban olvidarme, como todos.
Con las ideas un poco más ordenadas pero todavía llenas de polvo y mugre, llegaba el momento de volver a pensar en lo que más duele, como siempre. Se acabó un año desastroso. Por una parte, es un alivio. Lo malo es que últimamente todos los años son desastrosos. Fueron muchos cambios en muy pocos meses, hace un año yo no me imaginaba ni muchísimo menos estando como estoy ahora. Ni siquiera hace ocho meses podría haber siquiera llegado a imaginar que la fuerza centrífuga de las vueltas que da la vida y su implacable ironía hubieran podido hacerme varar hasta esta desolada y mustia orilla. Estúpidas turbulencias.
Los recuerdo, tus negros prognósticos habían sido algo así como "ya empezó a llover, como todos los treinta y unos".
Y, en ese momento, aunque no les prestase atención, todas las locuras de este año pasado estaban formando una red insondable de paranoias dentro, muy dentro de mi. La telaraña perfecta. Acabaré cayendo el año que viene.
"¡Mira, el mundo entero está despertando, resumido en esta escueta calle!" Nunca llegué a salir de la rutina de ver la vida pasar tras la cortina y no querer hacer nada por alcanzarla. Así que seguí deambulando perdida por aquella calle, mirando como acogíais a un nuevo Año con el calor del amor familiar, y todas esas chorradas.
Entonces os grité "¡sólo ha pasado un día desde ayer, necios! No sé por qué le dais tanta importancia", y, tras ver vuestras caras de asombro, escupí al suelo y me alejé, sabe Nad. a donde, viendo como el húmedo vaho que emanaba se hacía uno con el gélido aire de la mañana, y me dirigí al buzón de Correos, aún sabiendo que mi carta iba a tener que esperar a que alguien se dignara o dignase a tratar con ella.

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