miércoles, 28 de diciembre de 2011

Sing women


Ceñidas,
ajustadas a su bajo vientre,
unas mallas oscuras
que bailan cuando respira, dificultosamente.
El viento le ha revuelto el pelo
que tampoco se había detenido a peinar.
Una chaqueta de cuero,
que termina en su cintura
hace finas sombras
a las que la imaginación ostenta
sin que ella quiera darse cuenta.

Una mirada
hacia arriba
y su pupila se torna gris,
gris azulado.
No colecciona lluvias,
pero si la sensación de no sentir nada
y sentir cómo cesa
bajo la humilde protección de su mirada,
reflejada en cada gota.

No encuentra aduanas entre ella y el mundo.
Sólo, aduanas y un gran muro de hormigón.
Solía bailar al son de la brisa,
pero de esta guisa no lo podrá ya ni intentar,
ni con aquella canción.



“Renunciaste a renunciar a tus sueños, ¿recuerdas?
Otra vez no has cumplido una promesa”
Y las miradas que tiempo atrás
prometían el mundo y más,
se habían tornado de reproche
y escaseaba
el broche, la guinda,
el que brinda la noche cuando te abraza con sutileza.
No había odio,
el odio estaba cansado
y durmiendo,
pero seguía habiendo
un sentimiento pesado
que, cualquiera hubiera o hubiese pensado,
hasta habría rechazado el más sincero beso.
Más que eso:
temía que aquello hubiera acabado.

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