sábado, 24 de diciembre de 2011

Demons

Nada es nunca tan horrible como yo pueda habértelo pintado de antemano; ya sabes, lo siento y todo eso. Acabaremos locos, perdidos en una ciudad que no deja nada que desear, ¡son las gentes las que están mal! Esas maravillosas gentes... Buscando a tientas la mano que agarrar para no caer. Bueno, para no caer y destrozarse. Caer caemos todos. Llorar no tanto. Yo te diré quién tiene todo y se queja mientras los demás nos desvivimos por que a mamá le cojan el en poco digno y mal pagado trabajo que se le ha presentado. Para eso sirve la gente con estudios, cabeza y criterio. Para ensanchar los índices de paro. No, miento; ningún trabajo es denigrante si es fruto de tu esfuerzo: denigrante es robar o gritar, vestirse de pocoyó diez días seguidos por cuatrocientos euros no. Hay topes, no todos tenemos el nuestro al mismo nivel, pero eso no quita que los haya.
Siento las desilusiones, en mi defensa alego que en algún momento se me pasó por la cabeza hacer todo lo que pude, pero estaba demasiado cansada de llorar, si eso os reconforta. Acabaré humildemente alabando la humildad, tirada en un rincón de una calle principal lamentando el haber lamentado demasiado como para mirar y verme reflejada en la gran ciudad que se levanta por encima de nuestras oscuras sombras y nos regala los resquicios de los amaneceres enviados directamente del Mediterráneo. Juro que acarrearé con las culpas.

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