Hubiese
sido tan feliz domando una a una todas las hormigas que corren
por mi piel cuando sonríes.
Tus
palabras, tus susurros, me hablabas tan cerca de mi que podía
sentirlo. Ahora sé de que color es el viento, tan dulce y hechizante
que se escapa de tu boca, es el único que quiero respirar a partir
de ahora. Mis alveolos me han dicho que les gustas. Sentía como la
vida rebosaba dentro de ti, si te miraba fijamente podía distinguir
cada sentimiento alforando y escondiéndose a modo de autoreflejo
ultradefensivo. No hay manera de salir adelante de esta guisa, quizás
pueda ir resolviendo tus misterios y secretos, emocionantes
atrayentes absorbentes frustrantes desesperantes alentantes y
deprimentes, entornando un poco los ojos para verte mejor y hablado
más bajito para que tengas que acercarte otro poquito, otro ratito.
A ti te gustan los chistes malos y a mi me gustan tus chistes malos,
¿quién ha dicho que no tengamos nada
en común? ¿Dónde o en quién está el problema? Lo siento, pero,
no he podido evitar reparar en esos puntos de sutura en la comisura
izquierda del labio inferior. Bailan cuando te ríes. Lloran cuando
pones esa sonrisa con la que pides disculpas. Oh, si, eres como un
cachorrito. Se rien de ti cuando pones voz de enamorado, al hablar
con ella. Puedo ver como saltan de un lado al otro, desternillándose,
con sólo un "hola" fugaz seguido de unas "horas"
de charla audaz. Aspira.
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