viernes, 23 de diciembre de 2011

Novidad


Las cosas van genial, el sol brilla y los gordos cantan ópera. La agresividad fluyendo en forma de palabras hirientes y sin sentimientos ya no es cosa del pasado: vuelven, vuelven para atormentarme. Con sus seductores bailes y sus ojos tiernos, su voracidad y su hambre de utopías breves pero utópicas. Es entonces cuando los sueños altruistas llaman a mi puerta con una sonrisa  en la cara y un puñal bajo el brazo. Lástima que siempre me pillen durmiendo o haciendo errados intentos de suicidio, durmiendo. No creceré más. Ni los techos me quieren cerca. El suelo se jode.
Ya no es exactamente que las navidades me depriman, sino que ya no hay nada que no me deprima. Mi padre está allí tan solo, sin nadie, y yo estoy aquí tan sola, entre tanta gente, con todos los paripés. Me quedaré muy sola muy muy pronto, doy demasiado asco, soy demasiado gorda, demasiado fea, demasiado fofa, demasiado irresponsable, demasiado deprimida, demasiado desordenada, demasiado inmadura, demasiado vaga, demasiado tonta, demasiado nada, y no lo suficiente algo. No hay nadie para mi, pero yo siempre estoy para todos. Y así estaré, y siempre abarcando más espacio si la naturaleza sigue su curso.
En ningún lugar hecho para mi hay alguien para mi, tampoco hay ese lugar hecho para mi, no encajo con nada ni nadie. Soy la única persona así, si a mi se me puede llamar persona. Un estorbo, medio homúnculo.
Me quedaré en mi rincón, donde mi grasa abrazará a mi grasa para no pasar frío y yo me quedaré sola, sola y tiritando otra vez, sin remedio, como siempre; para siempre.
Voy a sufrir, a llorar, a vomitar, a destruirme y a destruir a otros, y no necesariamente en ese orden.

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