sábado, 14 de abril de 2012

Now it's time to sing alone


- No es nada tuyo, ¿sabes? No es culpa tuya.
Sudaba la gota gorda, se sentía mal y le escocía la conciencia por la brutalidad de su sinceridad.
- En realidad... yo lo último que querría... no quiero hacerte daño.
- No es nada, ya te he dicho que no importa.
Agachó la cabeza, y fue haciendo un minucioso repaso de cada detalle de aquel inhóspito momento. Él le sonreía, con una sonrisa cansada, forzada, inútil y desesperanzada. Puso una mano en su hombro, y de pronto sonrieron los dos. Al grito de “eres la peor persona que jamás he conocido”, los resquicios de su maltratada moralidad cerraban los ojos y se tapaba las orejas con las manos. Todos lloraban; bajo una fachada de asumición, asumimiento, ella sabía que estaba arrancando su corazón cual corazón de kiwi, y él sabía que tarde o temprano acabaría ocurriendo.
Decidió que ya no pintaba nada ahí, que todo lo que pudiera llegar a hacer o decir sería malo, peor.

Ambos llevaban sus zapatos en las manos, y los pies llenos de arena. Como recuerdo de aquella infame herida, sólo quedaban sus huellas por la arena. Habían hecho medio trecho a pie, el otro medio caminando, pero sólo uno de los dos sabía que todo terminaría con una seca y falsamente alegre despedida improvisada, sucia y mustia, éticamente reprochable.
“El había prometido que, si esto llegaba a ocurrir, las cosas seguirían como siempre. Me duele hacerle romper una promesa. Es una persona maravillosa, buena gente incluso, pero el mero hecho de pensarlo... me da escalofríos” había sugerido ella, noches antes. Ahora se culpaba de todo aquello. Y con razón.
- Lo siento, sabes que lo siento.
- No pasa nada.
- Dime que estarás bien. Dime que las cosas seguirán como siempre.
Pausa. Él agachó la vista para acariciar con una mirada sin ningún reproche los ojos de ella y sonrió.
- Lo prometo.
Y, al tiempo que negaba con su turbada cabeza hueca, ella exhaló
- Será mejor que me vaya.
Y él la vio alejarse. Vio esas marcas en la arena que pronto no significarían nada para nadie. Dudo que algún día llegaran a hacerlo.

No hubieron reproches porque ese tiempo verbal no existe, pero hubo infinito llanto en el camino de vuelta.

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