Si hasta las olas rompen menos fuerte desde que no gritan tu nombre.
Había una bonita casa blanca, con una bonita puerta roja, al cruzar la calle. El jardín se elevaba, con un encantador aire siniestro, sobre el tragaluz que subía del sótano, hasta engullir el pozo que se escondía al final de todo, tras los árboles.
Los pájaros que tanto tiempo llevaban anidados entre teja y teja también crecían libres.
La casa sigue allí; un poco más vieja, un poco menos blanca, un poco más salvaje. Los cambios que marcaron y marcan huella a su alrededor vagamente se ven reflejados en su fachada. A mi me faltas tu, pero eso nadie lo sabe.
No es lo mismo caminar por las viejas pero irreconocibles calles si no es de tu mano, y los pajaros son incapaces de entonar sus mas hermosos cantos si tu no los silbas. Ni las flores pueden siquiera oler a gusto si no estas tu para jugar a enseñarme sus nombres, a asociarlos con sus fragancias, colores y formas.
No es tan facil de llevar, las cosas se van acumulando y el tumor que lleva mi nombre se va ensanchando, ataque a ataque.
jueves, 24 de mayo de 2012
Presentes ausencias
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario