sábado, 9 de junio de 2012

Contrastes

Una sólida nube de hormigón oscilaba entre un especial número de navidad que no ni hacía mención a mi nombre y mancillaba todas mis buenas obras cargadas de buena fe y mejores intenciones. “Eres un fracaso”, pensé, agarrando fuerte la revista y sacudiéndola. Pese a lo mucho que pudiera engañarme, sabía que todo era mejor así. La retorcí y lancé sobre la mesa. No sabía muy bien cual de mis estúpidos traumas podía ser el que me creaba la obligación de torturarme seguidamente con caprichos como este, pero el asumir que las cosas son así eran lo más que podía ofrecerme. Alcé un poco la mirada para ver el tiempo que hacía. Pensé en todos mis anhelos de infancia, de ayer, en que no había llevado ninguno a cabo, y en cómo una cristalera no puede llenar del todo el vacío emocional que dejan las frenadas ánsias de buahrdías acristaladas, amuebladas con plantas, libros y sueños.
- Hora de irse.
Emití un chasquido, apoyé las manos sobre las rodillas y me incorporé. Tenía la moral demasiado llena de roña y el alma algo enfadada conmigo, pero cogí las llaves del cuenco de la entrada y me decidí a salir al mundo. 

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