13:03
- Anda, deja el móvil y vamos para
dentro.
Cuán agradable resulta el ser
respetado por los semejantes, semejantes tirando a inferiores y
soñando con el rango que les conceda el título de seres superiores.
No, ahora en serio, de verdad que odio
que se me hable con desprecio.
Pasamos y nos sentamos, ocupando cada
uno los puestos que nos habíamos ganado.
- Dime qué te preocupa.
- Pues, lo que preocupa a todo el
mundo, ¿no?
Lo dije esbozando una falsa y escueta
sonrisa en mis labios. No creo que se la creyera. Yo misma no lo
hacía. Intentaba suavizar un poco el momento, crear un ambiente de
compañerismo, de sinrumbo a funcionario sinrumbo, pero un adulto
modelo, de los que no caben en sus cabales, no dan ese pie. Nunca.
Me miró con condescendencia, y
repitió, suevamente, como hablan los políticos.
- Que por qué estás aquí.
- Me cuesta dormir. Me duele la
cabeza. No consigo concentrarme en nada. Me duele el estó...
- ¿Qué te preocupa? ¿Cuáles son
tus problemas?
-No sé, no tengo problemas...
Mentiras. Más mentiras. No puedo
evitarlo, nunca he podido evitarlo. Miento instintivamente a
cualquier pregunta que se me haga.
Y empezó la ronda decisiva de las
preguntas, las rápidas, las del millón de dólares.
- ¿Cuántos años tienes?
- Quince
- ¿Que estu... Estás en la ESO?
- Sí.
- ¿Qué cursas?
- Cuarto.
- ¿Has repetido alguna vez?
- No.
- Entonces... vas con el año
correcto.
“¡Ding, ding! Premio para la avispada señorita del bigote”, pensé, pero me
limité a asentir lentamente.
- Bien, ¿tienes más hermanos?
- Si, uno pequeño.
- ¿Sí? ¿Cuántos años tiene?
- Pues tiene...
Me puse a pensar, intenté echar
cuentas pero no me salían.
- Tendrá unos...
Me tapé la cara con las manos,
avergonzada, riendo, admitiendo lo evidente.
- No lo sé -reconocí.
- Pero, bueno, ¿más o menos?
- Unos once, o doce.
- ¿Cómo es la relación con el?
Me otorgué mi corto pero incómodo
silencio, mi período de reflexión, y añadí.
- Infantil.
13:7
Aquella obsesa de mente inferior,
aquella “cuerda” llevaba rato escribirendo. Hizo muchas más
preguntas, a las que yo sólo me dignaba a responder “si”, “no”,
y “todo va bien”.
13:42
Asomó la cabeza al interior de mi
habitación, me buscó un poco (de paso, aprovechó para echar un
vistazo) y, cuando me vio, me dijo “Mira qué guay así la
habitación. X, hija, come algo que te tienes que tomas las
pastillas”.
13:51
Me trajo un plátano, me dijo que me
tomara la pastilla y me dio un beso
- Me voy a buscar a Y (Toyota),
podrías también hacerme el favor de bajar a Z.
Callé, y, por tanto, otorgué. Otra
vez sola en lo alto de mi fría torre de cristal.
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