Tenían en común cosas muy bonitas, sabiendo así crear belleza cuando estaban juntos. La dulzura de ella unida al genio y la disposición de él les hacía, cuanto menos, muy fuertes. Ella ponía la sonrisa y él los sermones. Entre ellos siempre hubo una gran cordialidad, pero nunca llegarían a ser la pareja ideal, les fallaba la chispa. Ambos valoraban las pequeñas cosas de la vida, y ella estaba dispuesta a soportar un poco más de control, ya que consideraba que valía la pena.
Ella había visto el mundo desde la comodidad de la parte trasera de un autobús, buscaba seguir volando por encima de sus cabezas sin que nadie la viera, buscaba huir. Necesitaba encontrar en su mente el camino verdadero, que solucionase las mismas contradicciones por las que se veía tan atraída. Con su siempre voluntad muy débil, con su forma tan extraña de callar y asumir. Disfrutar de los silencios, de la comodidad y de calor que arropa un hermoso frío.
No se habría pensado dos veces cambiarlo todo por él, aunque fueran dos completos desconocidos. Ella volaba libre, él la observaba desde el suelo. Le agarraba por el tobillo cuando estaban juntos, la bajaba a su altura y se fundían en un largo beso, ambos con los pies en el suelo.
No podía ser tan difícil encontrar una excusa para verse a solas cuando lo habían conseguido siempre que quisieron. La tarea más dura residía en encontrar el camino por el que se perdían los pensamientos del otro. El "¿en qué estará pensando ahora?", el "¿por qué sonríe?", el "¿por qué estará tan callada hoy?" eran la máxima dificultad a la que se enfrentaban cuando estaban juntos, cuando tornaban las horas en minutos y los minutos en segundos, cuando ella se obsesionaba con que cada momento se desvaneciera en una infinita espiral de desesperación, que terminara y no volviera jamás, y él sencillamente cantaba con el mar reflejado en la cara.
domingo, 14 de octubre de 2012
sábado, 6 de octubre de 2012
The bad player
Mi cuerpo vibraba gélido, mientras el tuyo ardía, fundiendo la escarcha de mi piel a cada roce. Tú inspirabas mis expiraciones, y yo te correspondía sin el menor esfuerzo. Todo parecía tan irreal.
Mi cumpleaños siempre me había parecido la fecha de la irrealidad por excelencia. Demasiado especial como para ignorarlo, pero demasiado normal para llegar a emocionarme. Sin poder controlarlo pero sin poder sentir nada. Así eres tú. No logro encontrar el punto en el que me importe de verdad. Claro que, si pudiera manipular el tiempo, me haría una casa con tus besos y viviría en ellos.
Soy de ese tipo de personas depresivas y oscuras que arrastra a los demás a la locura. Intentando siempre evitar el ser concreta; discreta y solemne. Temblorosa entre tus brazos.
No quiero hablar de sentimientos contigo. No quiero contarte mis delirios y problemas. Sólo quiero escucharte y perderme en tus besos. Ahí dentro no caben los problemas. Sólo son dos sonrisas mordidas, dos sonrisas hechas una.
La destrucción es lo más rápido, momentáneo, natural y destructivo. Tardas un segundo en romper un vaso, pero media hora en pegar los trocitos hechos añicos. Tardas un segundo en cortarte, pero la cicatriz siempre estará ahí. Puedes perder un minuto de tu vida presentándote a alguien, o toda la vida intentando olvidarle. Puedes pasar un minuto disfrutando de ese minuto, y unas mil horas posteriores intentando recordarlo con la lucidez esperada. Esperando recrearlo en tus sueños. Pero siempre en vano.
No estoy hecha para que querer a nadie, ni creo que pudiera ser capaz de hacer que alguien llegue a quererme nunca. Será la mala suerte, o la justicia moral, o todo lo contrario. A lo mejor no es nada, pero nunca encuentro las palabras en el momento en el que las necesito de verdad. Y, sin embargo, sigo pasando noches enteras en vela jugando con ellas, sin impedirles el adueñarse de mí.
La peor sensación del mundo es estar sentada en una clase, sola, rodeada de gente y apoyada por sonrisas, perdida entre risas y conversaciones banales; pero sola. Siendo mi mano la que sostiene mi cuello y no la tuya. Siendo tu imagen la que ronda por mi mente y no la mía. Aún con tu sabor en la boca.
Nada de esto es real. Nada sucede de verdad. Nada dorado puede permanecer. La relevancia es simbólica, los sentimientos nulos, tus besos efímeros. Nado en un mar de viejos besos, rotos en mil pedazos, gastados. Consumidos hasta su desaparición.
Sigo gélida.
Tengo que intentar dejar de ser la reina de hielo entre tus brazos de azufre, tu lengua de fuego. Sentir.
Mi cumpleaños siempre me había parecido la fecha de la irrealidad por excelencia. Demasiado especial como para ignorarlo, pero demasiado normal para llegar a emocionarme. Sin poder controlarlo pero sin poder sentir nada. Así eres tú. No logro encontrar el punto en el que me importe de verdad. Claro que, si pudiera manipular el tiempo, me haría una casa con tus besos y viviría en ellos.
Soy de ese tipo de personas depresivas y oscuras que arrastra a los demás a la locura. Intentando siempre evitar el ser concreta; discreta y solemne. Temblorosa entre tus brazos.
No quiero hablar de sentimientos contigo. No quiero contarte mis delirios y problemas. Sólo quiero escucharte y perderme en tus besos. Ahí dentro no caben los problemas. Sólo son dos sonrisas mordidas, dos sonrisas hechas una.
La destrucción es lo más rápido, momentáneo, natural y destructivo. Tardas un segundo en romper un vaso, pero media hora en pegar los trocitos hechos añicos. Tardas un segundo en cortarte, pero la cicatriz siempre estará ahí. Puedes perder un minuto de tu vida presentándote a alguien, o toda la vida intentando olvidarle. Puedes pasar un minuto disfrutando de ese minuto, y unas mil horas posteriores intentando recordarlo con la lucidez esperada. Esperando recrearlo en tus sueños. Pero siempre en vano.
No estoy hecha para que querer a nadie, ni creo que pudiera ser capaz de hacer que alguien llegue a quererme nunca. Será la mala suerte, o la justicia moral, o todo lo contrario. A lo mejor no es nada, pero nunca encuentro las palabras en el momento en el que las necesito de verdad. Y, sin embargo, sigo pasando noches enteras en vela jugando con ellas, sin impedirles el adueñarse de mí.
La peor sensación del mundo es estar sentada en una clase, sola, rodeada de gente y apoyada por sonrisas, perdida entre risas y conversaciones banales; pero sola. Siendo mi mano la que sostiene mi cuello y no la tuya. Siendo tu imagen la que ronda por mi mente y no la mía. Aún con tu sabor en la boca.
Nada de esto es real. Nada sucede de verdad. Nada dorado puede permanecer. La relevancia es simbólica, los sentimientos nulos, tus besos efímeros. Nado en un mar de viejos besos, rotos en mil pedazos, gastados. Consumidos hasta su desaparición.
Sigo gélida.
Tengo que intentar dejar de ser la reina de hielo entre tus brazos de azufre, tu lengua de fuego. Sentir.
Swimming in the smoke
Quiero fumarte entero, que no queden de ti más que las cenizas y el filtro, renovarme interiormente con tu humo. Quiero vivir eternamente en tus besos.
No te pido amor eterno, te pido besos infinitos, te pido coser tus labios a mi cuello y que no se separen para nada. Te pido historias a la luz de una farola con tus ojos mirando mi boca. Te pido calor.
No te pido amor de ningún tipo, ni que me comprendas, ni que intentes conocerme. No te pido que me lleves de la mano por la calle, ni que me beses en cada semáforo. Ni siquiera te pido ningún tipo de "nosotros". Sólo te pido que me dejes cobijarme en tus besos, que me dejes entrar para dar esquinazo a los problemas. Que comprendas que no hay nada que comprender; que seamos solo tú y yo, dos completos desconocidos intercambiando mordiscos. Compartiendo mi frío contigo.
No te pido amor eterno, te pido besos infinitos, te pido coser tus labios a mi cuello y que no se separen para nada. Te pido historias a la luz de una farola con tus ojos mirando mi boca. Te pido calor.
No te pido amor de ningún tipo, ni que me comprendas, ni que intentes conocerme. No te pido que me lleves de la mano por la calle, ni que me beses en cada semáforo. Ni siquiera te pido ningún tipo de "nosotros". Sólo te pido que me dejes cobijarme en tus besos, que me dejes entrar para dar esquinazo a los problemas. Que comprendas que no hay nada que comprender; que seamos solo tú y yo, dos completos desconocidos intercambiando mordiscos. Compartiendo mi frío contigo.
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