Mi cuerpo vibraba gélido, mientras el tuyo ardía, fundiendo la escarcha de mi piel a cada roce. Tú inspirabas mis expiraciones, y yo te correspondía sin el menor esfuerzo. Todo parecía tan irreal.
Mi cumpleaños siempre me había parecido la fecha de la irrealidad por excelencia. Demasiado especial como para ignorarlo, pero demasiado normal para llegar a emocionarme. Sin poder controlarlo pero sin poder sentir nada. Así eres tú. No logro encontrar el punto en el que me importe de verdad. Claro que, si pudiera manipular el tiempo, me haría una casa con tus besos y viviría en ellos.
Soy de ese tipo de personas depresivas y oscuras que arrastra a los demás a la locura. Intentando siempre evitar el ser concreta; discreta y solemne. Temblorosa entre tus brazos.
No quiero hablar de sentimientos contigo. No quiero contarte mis delirios y problemas. Sólo quiero escucharte y perderme en tus besos. Ahí dentro no caben los problemas. Sólo son dos sonrisas mordidas, dos sonrisas hechas una.
La destrucción es lo más rápido, momentáneo, natural y destructivo. Tardas un segundo en romper un vaso, pero media hora en pegar los trocitos hechos añicos. Tardas un segundo en cortarte, pero la cicatriz siempre estará ahí. Puedes perder un minuto de tu vida presentándote a alguien, o toda la vida intentando olvidarle. Puedes pasar un minuto disfrutando de ese minuto, y unas mil horas posteriores intentando recordarlo con la lucidez esperada. Esperando recrearlo en tus sueños. Pero siempre en vano.
No estoy hecha para que querer a nadie, ni creo que pudiera ser capaz de hacer que alguien llegue a quererme nunca. Será la mala suerte, o la justicia moral, o todo lo contrario. A lo mejor no es nada, pero nunca encuentro las palabras en el momento en el que las necesito de verdad. Y, sin embargo, sigo pasando noches enteras en vela jugando con ellas, sin impedirles el adueñarse de mí.
La peor sensación del mundo es estar sentada en una clase, sola, rodeada de gente y apoyada por sonrisas, perdida entre risas y conversaciones banales; pero sola. Siendo mi mano la que sostiene mi cuello y no la tuya. Siendo tu imagen la que ronda por mi mente y no la mía. Aún con tu sabor en la boca.
Nada de esto es real. Nada sucede de verdad. Nada dorado puede permanecer. La relevancia es simbólica, los sentimientos nulos, tus besos efímeros. Nado en un mar de viejos besos, rotos en mil pedazos, gastados. Consumidos hasta su desaparición.
Sigo gélida.
Tengo que intentar dejar de ser la reina de hielo entre tus brazos de azufre, tu lengua de fuego. Sentir.
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