domingo, 14 de octubre de 2012

Am I inside?

Tenían en común cosas muy bonitas, sabiendo así crear belleza cuando estaban juntos. La dulzura de ella unida al genio y la disposición de él les hacía, cuanto menos, muy fuertes. Ella ponía la sonrisa y él los sermones. Entre ellos siempre hubo una gran cordialidad, pero nunca llegarían a ser la pareja ideal, les fallaba la chispa. Ambos valoraban las pequeñas cosas de la vida, y ella estaba dispuesta a soportar un poco más de control, ya que consideraba que valía la pena.
Ella había visto el mundo desde la comodidad de la parte trasera de un autobús, buscaba seguir volando por encima de sus cabezas sin que nadie la viera, buscaba huir. Necesitaba encontrar en su mente el camino verdadero, que solucionase las mismas contradicciones por las que se veía tan atraída. Con su siempre voluntad muy débil, con su forma tan extraña de callar y asumir. Disfrutar de los silencios, de la comodidad y de calor que arropa un hermoso frío.
No se habría pensado dos veces cambiarlo todo por él, aunque fueran dos completos desconocidos. Ella volaba libre, él la observaba desde el suelo. Le agarraba por el tobillo cuando estaban juntos, la bajaba a su altura y se fundían en un largo beso, ambos con los pies en el suelo.
No podía ser tan difícil encontrar una excusa para verse a solas cuando lo habían conseguido siempre que quisieron. La tarea más dura residía en encontrar el camino por el que se perdían los pensamientos del otro. El "¿en qué estará pensando ahora?", el "¿por qué sonríe?", el "¿por qué estará tan callada hoy?" eran la máxima dificultad a la que se enfrentaban cuando estaban juntos, cuando tornaban las horas en minutos y los minutos en segundos, cuando ella se obsesionaba con que cada momento se desvaneciera en una infinita espiral de desesperación, que terminara y no volviera jamás, y él sencillamente cantaba con el mar reflejado en la cara.

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