Normal que nadie quiera fundirse con ella.
Colapsada, sádica, le duelen los ojos y siente que una inminente catarsis se acerca a arrancarle el pecho, que unas lágrimas secas crearán las olas que se llevarán los resquicios de las tardes soleadas y esos recuerdos rotos y desteñidos. No puede ser más jodidamente egoísta, odia ser tan jodidamente egoísta, pero nada. Un sol mentiroso como nadie le desvela el secreto de su éxito atrapando las morales de los mortales, haciéndoles pensar que siguen en el "oh dios mío" cuando ya están en el "hola San Pedro"
sábado, 3 de noviembre de 2012
When angels deserve to die
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario