miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Eh?

La sonrisa como concepción absoluta del bien hizo mucho daño hasta que llegamos a encontrar la pureza en las cosas. El zenismo, la belleza; el dolor y el placer. ¿Dolor? ¿Qué era eso? Ah, ya lo recuerdo. Es el frío que sientes sentado en la calle hasta que tratas de disfrutar del momento. Es lo que sentiste durante unos segundos mientras le veías marchar. Es lo que pasa cuando piensas que tus sueños no te alcanzarán, que tú correrás más rápido, pensando que eso te afectará.
Yo digo: "¡volemos alto!". Hasta que nadie pueda alcanzarnos; digo que escapemos de nuestros sueños y sepamos ocultarnos de ellos tras una nube espesa de felicidad prensada. Digo que deberíais disfrutar cada sensación como esencia de todas las cosas, como esa esencia que te forma. Digo que por qué estar hechos de oscuridad parece volvernos más felices, que por qué lo triste nos resulta hilarante y motivo de burla. ¿Por qué asustar a los pequeños niños diciendo que vendrá la policía? ¿Por qué rechazar una invitación de pasear al sol? Disfrutad de cada rayito, pues dentro de ellos vive la esperanza de que el ser como es siga siendo, de que el ser evolucione hacia lo mejor para sí mismo y no para su especie. Cada individuo debería preocuparse más por su propia felicidad que por la colectiva, y solamente llegando a alcanzar esa felicidad mediante la realización personal que supone el ayudar a los demás.
Pero, ¿qué? ¿No sonríes? ¿Para qué te esfuerzas en no sonreír?
Deja que tus carrillos fluyan.

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