Unos negros demonios me están sumiendo en las tinieblas del
mal reprimido yo, y mis propios prejuicios me abruman.
El tenor no siempre será el rey, el rey del temor; del temor
a lo real, a realizar lo evidente: un presente demasiado duro y áspero que se
llevará tus mejores intenciones para devolvértelas hechas jirones. El resquicio
de un mal arrancado pellejo, un miedo nuevo que se suma al viejo y un espejo
mal nacido que te mandará a de donde nunca has venido. Entonces la envidia
llegará y se llevará tu ira y su maldad, porque a nadie le importa en realidad.
Su mirada volaba al son de las palabras que no salieron nunca
del limbo de las conversaciones, soñando con un minuto de inmerecida gloria
pero con un infundado miedo. Apagaba su sed de vida con unas cantidades
desmesuradas de realidad comprimida, y huía de toda mano amiga y de toda
posibilidad de ayuda ofrecida.
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