viernes, 7 de diciembre de 2012

Iridescent

Arrepentirse es de débiles.
No dejábamos de tener dieciséis años, quince tal vez, dieciocho si alguien preguntaba. No dejábamos de bailar aunque los tacones nos abrieran llagas. No dejamos que nos afectara lo que nos dijeran, siempre con una falsísima y pintada sonrisa en los labios. Seguíamos disfrutando con largas caladas de Pink Floyd o Depeche Mode cuando nadie miraba, fuimos adictos al café y nos propusimos dejar de fumar cientos de veces. Hundiéndonos un poco más en la miseria tras cada carcajada.
Arrepentirse es de maduros.
Sólo cuando eres consciente puedes sentir remordimientos, y, creeme, si ya eres consciente, es que te has perdido la parte más importante de la vida. La locura es inocua. No debes tener miedo.
Arrepentirse no es para mí.
Siempre buscando el sentirlo todo, cada rozadura que te levanta la piel, cada puñalada que te asestan sus besos, cada gota de lluvia deslizándose por tus mejillas. Vivir siempre elevado al máximo exponente, teniendo siempre un hilo de donde tirar y mil anécdotas que contar.

Y nosotros brillamos más que tú.

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