¡Ay, Dios! Quédate un rato más. Lo pasamos bien, ¿verdad?
Lo siento; soy feliz, me la suda, todo, por ahora, aunque no dure. ¡Es bonito! no lo recordaba.
Puedes pegarme. Puedes tirarme al suelo, incluso escupirme y mearme. Pero, por favor, no me aburras.
Porque la vida es demasiado corta para bailar con gordas. ¿Que piensan las gordas de todo esto? Piensa.
Me he quemado con las planchas y se me han derretido los hielos demasiado pronto.
¡¿Que más da?!
Siempre que pueda compartir ese zumo contigo.
No hay esperanzas de un futuro mejor, ni de una vida mejor, no vayamos a tomar ejemplo de la Coca-Cola.
Llevaba demasiado tiempo concentrada en pensar en no pensar en ti y no me había dado cuenta de que la solución era muuuuuuuucho más sencilla. ¡La había tenido delante de las narices todo este tiempo! Cabecita loca... ¡Dios bendiga la miopía!
Te quiero más que nunca; gracias por ayudarme a madurar.
Creíste saber, creíste lo que quisiste. Hijo de la soberbia, ¿como te sientes? Supongo que resacoso...
Pero no me importa. Es más, ¡JA! es la primera vez que pienso en ello en todo el dia.
Te escribo aunque sse que no me leerás, es como hablar a una pared.
¡QUE BIEN ESCUCHAN LAS PAREDES! Ya podías tomar ejemplo, valla.
Tú no buscas la verdad. Tú fabricas tu propia verdad.
Y así me va. ¡Que día más maravilloso hace! Ya casi no me duele la cara de los puñetazos que em dieron canijos de 5 años.
¡¡¡LAS PENAS SE VAN!!!
Igual que tus recuerdos, que mis obsesiones, que esas tranquilar tardes de enero.
Solo queda la miopía y el agüilla de los hielos. ¡Y es más que suficiente!
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