jueves, 31 de marzo de 2011

Siempre pensé que me metería una bala en mi estudio.

Hola, me llamo retrasada y soy un poco Lela. ¿Para qué mentir? Muy, muy, muuuuuuy lela.
No sé si sería por el olor a mar, el ver como se cortaba la hierba casi bajo mis pies, o que me gustaba como saltabas entre los matojos. Te manejas entre la hierba alta y en la corta te pierdes. ¡Caramba! Like a panterrr.
Todo era maravilloso, sabía que cualquier cosa podría arrebatarme ese momento (como solía ser costumbre), pero, en fin, estaba en mi salsa y tu lo sabías. Aquel lugar me gustaba, y hasta el momento creía que yo también a el.
¿Sabes? No sé por que me dio por hacer esto. Otra de mis muchas estupideces, supongo. Me parece que últimamente necesitas algo de fe y compañía, aunque, a no ser que me oigas telepáticamente, esto no sirve de nada. ¿O si? Creo que me quedo más tranquila. Me recuerdas a una poesía que ya se fue de mi memoria, a los sentimientos que ya olvidé y a un lugar en el que nunca he estado. Pero si, si hemos estado. Es más; aquí, justo justo aquí.
No sobraba el tiempo pero tampoco quedaba corto. Lo único que me recordaba que estaba viva era que el sol se bamboleaba de un lado a otro. Era demasiado tarde para recordarte, no sé si eras azul o blanco, la miopía va ganando terreno. Lo dicho.
Nada, ya no digo nada porque prefiero que hable el silencio por si solo. Querido nada ni nadie: nunca jamás pensaré en ti, yo lo hago sin querer y las imágenes vienen solas a mi cabeza. Eres bestial, bestialmente implacable, querido subconsciente. Piu bello.


En un rato el miedo me poseyó, esa imagen blanca que no se movía. ''Será otra de tus tonterías'', pensé. No, no lo era, no eran ramas que formasen una figura, nada real lo era ya. Mi primera reacción fue no hacer nada. La verdad es que he de plantearme seriamente empezar a salir de casa con las gafas puestas. Todo puede ser real a partir de ahora. Los gritos, los ruidos, los juegos de luces y sombras... El único, uniquísimo lugar seguro sobre la faz de esta albóndiga gigante ya no lo era. Dejó de serlo. Gracias, paraíso, a partir de ahora sois todos tan culpables como sospechosos.


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