viernes, 25 de marzo de 2011

Suit up.

Acaba con mi moral y con mi respeto por mi misma. No obstante...
Espero que hoy estuvieras un poco más feliz que yo. No paro de oir que cada vez me hago más mayor y que voy a tener que empezar a tomar mis propias decisiones. Por otro lado, se me castra y repite que yo soy pequeña, he de hacer lo que me manden, y... ya, eso es todo.
¿Qué queréis que haga? Dejad de liarme. Mi único problema, señores, es que tengo catorce años y llevo doscientos de rabia dentro.
La gente no comprende. No es que me queje de que las cosas a mi alrededor no van (ni de lejos, pero que muy muy lejos) como yo quiera, ya es en general.
No puedes poner a alguien que no sea yo en mi lugar, con esa cara, ese cerebro, esa mueca de que no sé lo que  pinto en ningún sitio, con esos problemas, con ese halo de suciedad y demás mierda que impide ver lo que hay en el ojo, con ese pasado... verás, mundo, tu no me soportas ni yo te soporto a ti, ¿estamos?. Pero... parece ser que vamos a tener que aprender a vivir así.
Pero tampoco puedes ponerme a mi en la vida de cualquier otra persona. Simplemente, no podría.


Hoy llevé tu sudadera, una de las pocas que te dejaste, y me sentí bien con ella. Olía a rancio; creo que por eso lo hice. Por mucho que me dijeran que me quedaban mal... no sé, supongo que no me importaba (por una de las primeras veces en mi vida, lo que los demás pensasen no me importaba). No soporto que tus cosas huelan a rancio. Tu, tu eres increíble y no puedes oler a rancio. Te quiero, te quiero, y te quiero aún más. Te quiero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario