Miré el periódico, y una vez más pensé en lo retórico y suciamente hipócrita de la situación. Cada objeto, paralelo a cada letra de mis columnas, combinaban en perfecta armonía. La vida era preciosa, y quería morir.
- Mira, Jack. ¡Mírate, especie de despojo! Duermes bajo un puente, y usas de manta tus propias publicaciones. ¡Tus libros están alimentando la jodida hoguera, Jack!
Y aquel pobre hombre reía, dejando salir a relucir una desdentada sonrisa, una especie de mueca medio en ruinas, preciosamente extraña. Se le tersaba la piel del cuello al reír, y, a ambos lados de las comisuras de sus labios, las arrugas formadas me recordaron al pasaje en el que Moisés abre las aguas para ayudar a su pueblo a huir. Daba un toque de mesías a su rostro, me recordó a las putas monjas de mi infancia, a todas las horas bailando solo en el internado, a la libertad. Su risa era libertad, y su libertad me llamaba. Y fui libre con el.
Había pasado mi vida buscando el salvar a los demás, escribiendo sin parar retahílas de cosas aleatorias, todas sin sentido aparente pero con mil significados ocultos, con millones de razones por las que huir de cada esquina en la que me liaba un canuto pensando en no volver jamás. Toda la vida bajo el enorme y embriagador puente de las ciudades madres que me sacaban de la cama cada mañana, que eran mi cama, mi cuna, mi despertador y mi cepillo de dientes. Pensé en lo demasiado afortunados que éramos. No teníamos para comer, pero podíamos robar. La droga se nos acababa, pero nos quedaban las viejas historias y la armónica de aquel tipo, el de los poemas de Morrison. La esperanza marchitaba, pero permanecía así, mustia, como una canción en reproducción automática. Siempre con los mismos sentimientos y acordes, siempre llorando en paz.
Aquel jueves tenía una entrevista de trabajo. Había conseguido un traje, tiempo atrás, pero no supe qué pensar. El traje empezó a ser comunitario hará como unos tres meses, cuando a ese pobre hombre lo echaron de la sucursal en la que curraba y su mujer decidió empezar a ser feliz. Fue increíble. Quiero decir, ¿después de tantos años, cómo puede seguir teniendo alguien fuerzas para intentarlo siquiera? Yo no lo habría hecho. Y el pobre tipo se vino con lo puesto, con lo puesto y un traje envuelto en una bolsa plástica. No es que quisiera aprovecharme de el, siempre fue legal conmigo y nunca causó problemas. Pero le arrancaría ese traje de sus manos inertes si mi ánsia llegara en el momento oportuno.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Our shadows taller than our soul
Es como intentar explicar por qué canto sola, por qué adoro salir cuando llueve, asomarme a la ventana y ser lluvia. Es como conseguir entender por qué no siento nada, por qué consigo forzar a mi cuerpo a moverse, pero no hago que mi mente crea en el dolor, que mi corazón deje de latir, que mis ojos vean objetos nítidos.
Es el eterno intentar salvarlos a todos, el inconfundible llanto de impotencia, el famoso "Numb" del que tanto hablan. El piadoso pisar sobre las piedras y escucharlas crujir a llegar a casa de noche. Yo soy ese sonido de pasar páginas pasada la media noche, esa despedida que evita el roce y el cariño, ese hola y adiós.
No dudes de que me vas a malentender, porque "Mrs. Malentendidos" es mi apodo de jugar al poker, de jugar a intentar comprender las relaciones humanas. Yo misma lo terjiverso todo para dar el toque incomprensible a mis relatos, a mis monólogos. A mi vida. A cada gota de lluvia que me moje la sonrisa, me enfríe los rosados pómulos y me haga sentir algo, sea lo que sea.
Cada mirada mía es un "Vas a descubrirlo tú solo, no pienso soltar nada sobre mi. A no ser que me invites a unas copas".
Es el eterno intentar salvarlos a todos, el inconfundible llanto de impotencia, el famoso "Numb" del que tanto hablan. El piadoso pisar sobre las piedras y escucharlas crujir a llegar a casa de noche. Yo soy ese sonido de pasar páginas pasada la media noche, esa despedida que evita el roce y el cariño, ese hola y adiós.
No dudes de que me vas a malentender, porque "Mrs. Malentendidos" es mi apodo de jugar al poker, de jugar a intentar comprender las relaciones humanas. Yo misma lo terjiverso todo para dar el toque incomprensible a mis relatos, a mis monólogos. A mi vida. A cada gota de lluvia que me moje la sonrisa, me enfríe los rosados pómulos y me haga sentir algo, sea lo que sea.
Cada mirada mía es un "Vas a descubrirlo tú solo, no pienso soltar nada sobre mi. A no ser que me invites a unas copas".
viernes, 21 de septiembre de 2012
And if bridges gotta fall, then you'll fall too
¿Quieres sentir frío? Ven, acércate. Déjame perderte en el universo de mi gélido abrazo, en el que las cosas nunca vuelven a ser lo que eran. Déjame decirte lo precioso que estás esta noche, déjame apilarte sobre la cama con el resto de ropa sin doblar. ¿De verdad quieres sentirlo? Sube a mi torre, escala por la enredadera de pompas de jabón que exhalé entre escueto y escueto sueño insomne, donde nunca brille el sol, donde siempre mirar abajo pensando el el abrazo del abismo. Déjame contarte mi historia a través de ese beso de la muerte, ese escalofrío y esas uñas clavadas en mi espalda.
Pongamos una y mil veces la misma canción hasta saber deletrear cada acorde, hasta saber el nombre de cada poro de mi piel que se excita con el frío susurro de un altavoz vibrando y cayendo. Hecho vainilla.
Léeme mi libro preferido del que conozco cada punto, cada coma. Léemelo y hazme sentir como si fuera la primera vez. Hazme sentir que mis teorías sobre la tala indiscriminada, sobre la deforestación actual de las almas puras no eran más que delirios de una mente inconsciente en un baile constante, demasiado sumergido en una música lógica y pautada para pensar con coherencia. Volvamos a cantar al mar todas nuestras historias en forma de canción, desentonemos todo lo que podamos. Respiremos humo. ¡Seamos humo! Fluyamos como la lógica del universo, perdámonos en los mundos de una Alicia aún en casa de la oruga, demasiado colocada para perseguir a ese extraño conejo. Bailemos, bailemos, bailemos hasta que nos duelan los pies.Bailemos hasta que nuestos cuatro ojos vean como dos, nuestras cuatro manos sientan como dos, nuestras dos bocas sientan como una.
Todo es tan irreal que da miedo que se te aparezca por sorpresa, tan real que exaspera el no poder sentirlo, el no tener conciencia, el no querer saber nada de nadie. Letras con demasiado significado como para poder ser explicado, cada sílaba encajada a la perfección en su asombroso y deprimente lugar. Una vida maravillosa, sin duda, en la que versar todas sus frustraciones y delirios, en la que cumplir unos sueños pintados de una existencia aún sin demostrar, transmitidos de un género aún sin especificar. Sueños que se elevan entre el humo gris verdoso.
Pongamos una y mil veces la misma canción hasta saber deletrear cada acorde, hasta saber el nombre de cada poro de mi piel que se excita con el frío susurro de un altavoz vibrando y cayendo. Hecho vainilla.
Léeme mi libro preferido del que conozco cada punto, cada coma. Léemelo y hazme sentir como si fuera la primera vez. Hazme sentir que mis teorías sobre la tala indiscriminada, sobre la deforestación actual de las almas puras no eran más que delirios de una mente inconsciente en un baile constante, demasiado sumergido en una música lógica y pautada para pensar con coherencia. Volvamos a cantar al mar todas nuestras historias en forma de canción, desentonemos todo lo que podamos. Respiremos humo. ¡Seamos humo! Fluyamos como la lógica del universo, perdámonos en los mundos de una Alicia aún en casa de la oruga, demasiado colocada para perseguir a ese extraño conejo. Bailemos, bailemos, bailemos hasta que nos duelan los pies.Bailemos hasta que nuestos cuatro ojos vean como dos, nuestras cuatro manos sientan como dos, nuestras dos bocas sientan como una.
Todo es tan irreal que da miedo que se te aparezca por sorpresa, tan real que exaspera el no poder sentirlo, el no tener conciencia, el no querer saber nada de nadie. Letras con demasiado significado como para poder ser explicado, cada sílaba encajada a la perfección en su asombroso y deprimente lugar. Una vida maravillosa, sin duda, en la que versar todas sus frustraciones y delirios, en la que cumplir unos sueños pintados de una existencia aún sin demostrar, transmitidos de un género aún sin especificar. Sueños que se elevan entre el humo gris verdoso.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Caught in a landslide
Se os ve tan exuberantes, tan rebosantes de vida, tan inconscientemente conscientes del increíble romper de las olas. Vosotros expiráis el humo con el que yo sueño.
Hacía tiempo que no necesitaba con casi desesperación el escuchar una y mil veces la misma canción depresiva, que no desconectaba irremediablemente del mundo mandándoos a todos a la mierda, que no perdía el control de mis actos aunque fuera por segundos. Tanto descontrol está terminando por controlar mis actos, por vertir las seis o siete lágrimas que le apetece sobre la tapicería de un autobús lleno de gente, sobre las indiferencias de todos vosotros.
Todos tan pendientes de sus problemas, de sus maravillosas vidas exentas de problemas graves. Todos desperdiciando las oportunidades de ayudar a los demás. Todos mirando sólo al frente.
Hacía tiempo que no necesitaba con casi desesperación el escuchar una y mil veces la misma canción depresiva, que no desconectaba irremediablemente del mundo mandándoos a todos a la mierda, que no perdía el control de mis actos aunque fuera por segundos. Tanto descontrol está terminando por controlar mis actos, por vertir las seis o siete lágrimas que le apetece sobre la tapicería de un autobús lleno de gente, sobre las indiferencias de todos vosotros.
Todos tan pendientes de sus problemas, de sus maravillosas vidas exentas de problemas graves. Todos desperdiciando las oportunidades de ayudar a los demás. Todos mirando sólo al frente.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Just go ahead now
Si, somos jóvenes. Muy jóvenes. Y la vida es tan larga que no podemos saber a ciencia cierta el porcentaje que llevamos de juego.
No puedes atarte al primer tío majo que quiera una niña tonta en su cama, buscar las consecuencias a todo, pararlo todo por una simple mononucleosis. Simplemente, no debes.
Todo lo que hagas ahora importará tan poco dentro de dos o tres años que te sentirás estúpido por todas las cosas que dejaste sin hacer. Por todas las cosas por las que te preocupaste. Por todas las cosas a las que diste muchísima más importancia de la que realmente tiene.
Desperdiciar una vida tan ferozmente pura, tan puramente cruel, tan cruelmente feroz. Disfrutar y asumir el brillante superpoder de no tener ningún superpoder. Creerte las excusas que se te dan cuando se te dan bien, con cariño, despidiéndose con un "besos enana".
No puedes atarte al primer tío majo que quiera una niña tonta en su cama, buscar las consecuencias a todo, pararlo todo por una simple mononucleosis. Simplemente, no debes.
Todo lo que hagas ahora importará tan poco dentro de dos o tres años que te sentirás estúpido por todas las cosas que dejaste sin hacer. Por todas las cosas por las que te preocupaste. Por todas las cosas a las que diste muchísima más importancia de la que realmente tiene.
Desperdiciar una vida tan ferozmente pura, tan puramente cruel, tan cruelmente feroz. Disfrutar y asumir el brillante superpoder de no tener ningún superpoder. Creerte las excusas que se te dan cuando se te dan bien, con cariño, despidiéndose con un "besos enana".
sábado, 1 de septiembre de 2012
Otro domingo
Hoy me he visto preciosa en el espejo del ascensor. Supongo que las dioptrías han ganado esa ancestral lucha contra la percepción de la realidad. Y lo digo como dato, no porque me moleste.
¿Hay, acaso, algo más hermoso que los paseos matutinos, descalza, con el sol en toda la cara y en contacto con el gélido frío, bañado en carreras y piedras?
Pasar por el portal en el que algún hombre apresurado olvidó parte de su perfume, y dejar que tus sentidos naden en los resquicios de lo que debió ser una rápida carrera contra el hoy.
Cada día a la misma hora, cada día menos triste, cada día más cansada. Cada día se presenta igual y más alentador que el anterior, menos esperanzador, más deprimente. Pero cada día me levanta de la cama con un sol que entra a borbotones en mi habitación, como un "Yes, to dance, beneath the diamond sky, with one hand waving free" que te estremece el alma, como ese violín que te hace bailar por la calle, un lunes cuando ya vas por tu tercera cerveza. Cada día estás más viejo y más podrido, sube el iva y bajan mis posibilidades de saber qué mierdas hacer con mi vida. Pero, una vez más, la jornada se presenta encantadoramente condenada al fracaso más absoluto.
Sé que es irrealizable, pero, pese a que sigo sin saber cómo enfocarlo, esta noche el verte sería el máximo apogeo de mis vacaciones. O no. El verte siempre es lo máximo. Compartir infinitos y errados diálogos de películas, compartir canciones bajo la penetrante mirada del mar, compartir cómodas sonrisas incómodas, cosquillas, y sobre todo mucha saliva contigo.
¿Hay, acaso, algo más hermoso que los paseos matutinos, descalza, con el sol en toda la cara y en contacto con el gélido frío, bañado en carreras y piedras?
Pasar por el portal en el que algún hombre apresurado olvidó parte de su perfume, y dejar que tus sentidos naden en los resquicios de lo que debió ser una rápida carrera contra el hoy.
Cada día a la misma hora, cada día menos triste, cada día más cansada. Cada día se presenta igual y más alentador que el anterior, menos esperanzador, más deprimente. Pero cada día me levanta de la cama con un sol que entra a borbotones en mi habitación, como un "Yes, to dance, beneath the diamond sky, with one hand waving free" que te estremece el alma, como ese violín que te hace bailar por la calle, un lunes cuando ya vas por tu tercera cerveza. Cada día estás más viejo y más podrido, sube el iva y bajan mis posibilidades de saber qué mierdas hacer con mi vida. Pero, una vez más, la jornada se presenta encantadoramente condenada al fracaso más absoluto.
Sé que es irrealizable, pero, pese a que sigo sin saber cómo enfocarlo, esta noche el verte sería el máximo apogeo de mis vacaciones. O no. El verte siempre es lo máximo. Compartir infinitos y errados diálogos de películas, compartir canciones bajo la penetrante mirada del mar, compartir cómodas sonrisas incómodas, cosquillas, y sobre todo mucha saliva contigo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)