sábado, 19 de febrero de 2011

Y la música sigue sonando.

Dejamos atrás las frías y lluviosas tardes de enero para pasar a las gélidas y cansadas mañanas de febrero.
Me gustaría cortar tus labios cortados y probar la sangre seca que los protege. Tan solo una vez.
Quisiera poder, si cabe, hacer que el rocío dure eternamente, pero, no contentos con aborrecerlo... ¡adelantemos unas horas el efecto del sol!
No vallan a disfrutar de ello; hoy es día lectivo, prefiero derretirlo yo a que alguien se inspire y haga algo re-la-ti-va-mente... maravilloso.


''La mañana en que la armé era espléndida; una magnífica mañana de mayo. La hacían magnífica el hecho de que no hubiera vomitado el desayuno y la presencia de la ardilla que había captado mi atención durante la clase de álgebra II.''
Por lo menos, algo si que te despejas.
Tienen esa ''intimidad'' y ese ''margen a la imaginación'' que te brindan las mañanas. Será la niebla, tal vez sean las legañas, algo me han contado de que la miopía también ayuda.


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