Mi vida depende de una puta ventana.
No quiero querer quererte; y no lo hago.
Pero no puedo evitar... esto.
Hace un rato oí reír a alguien al otro lado del pasillo y supe que eras tu.
Me habría abofeteado allí mismo de haber tenido tiempo de reaccionar.
Pero no, no lo hay; no hay tiempo. Al menos no en mi cabeza. Allá arriba las cosas son diferentes, lo mires como lo mires. A eso también ayuda mi amiga la miopía. Aunque por lo menos ella me ayuda. Más que tu.
Actúo, luego pienso las consecuencias.
Mi cabeza ordena y mi boca habla, y yo no pinto nada en su jueguecito de dos.
Es cuestión de práctica, ¿no?
¿Como andar en bicicleta, ''que nunca se olvida''?
Mierda.
Siempre fui más de patines.
Se supone que es cuestión de convencerse;
cuestión de convencer a mi conciencia de que me convenza.
Piensa antes de hablar.
¡No, espera! Piensa antes de actuar.
¿De actuar? Mira, limítate mejor a pensar. La naturaleza hará el resto.
No hagas NADA sin pensártelo unas dos o trescientas veces.
Mira, Narciso, te voy a contar otro secreto:
He escrito todo esto sin pensármelo dos veces.

No hay comentarios:
Publicar un comentario