sábado, 19 de noviembre de 2011

Escribo, ergo estoy y vivo


Veo ponerse el sol al final de la calle, patético y bucólico pero el símil perfecto, inalcanzable pero físico. Debe ser algo así como lo que se siente al ver la luz al final de túnel, pero sin nadie esperando. Ahora, abran paso a los remordimientos. “Si te hubieras puesto en modo catarsis on hace cuatro segundos, no sufrirías la diarrea mental (u otros miles de símiles cruentos) que te ronda ahora. Calles desiertas y oscuras que te engullen, eres ínfima comparada con todo, pero enorme comparada con nada.
Pero no sirve de nada. Segundo acto: Los nuevos propósitos dejan claro su “¡ha de la fortaleza infranqueable!” Esta vez la mierda es perfecta.

Yo me sumo a tu epifanía del hedonismo “escribes, bebes, fumas...”y tu, a cambio, puedes sonreírme cuando y cuanto quieras.
Una diatriba sin sentido y repleta de incongruencias y anacronismos sobre lo malo que es todo, que acabará, mal (o bien) que me pese con una apología a tu persona, un panegírico, tu oda, mi mejor encomio del que no conocerás ni larva. Yo aspiro mucho más bajo, y tengo ochenta páginas para explayarme por el número olvidado, cincuenta céntimos y un café. Es mi capricho. Espero que al menos me ayude a madurar y me alague, me ponga en marcha la catarsis automática.
Un poco como lo que haces tu.

Porque, para mí, sólo quedan las calles vacías. No estoy tan mal, estoy soit-disons a gusto, pero me subyuga la soledad y el que no one me sonría en cuatro mil kilómetros a la redonda. Seamos realistas: los cuadernos caros no ayudan a escribir. Pero hacen buen juego con mis burdas palabras necias y mis baratas elucubraciones miopes. Mentir siempre ha sido muy más que bueno. A mi. Yo pensaba que papá se iba a casa de algún amigo, que lo de mamá era inocua efusividad desmesurada, y que al menos nos quedaba dinero para resistir un invierno más. Los otoños siempre he sabido llevarlos mejor. Las lágrimas que caen al compás del viento y las hojas que se enmarañan y terminan bailando todas juntas tienen esa faceta bucólica a los ojos de quien lleva toda su vida disfrutando las luces del ocaso y el serán que me ayudó a salir del agujero, más concretamente de la cama cada mañana, y animó a mi yo real (no al que escribe) a seguir.
“No es tan malo” “Tiene sus cosas buenas” “¡Pero si es un puto troll...!” Pero las heridas se curan, no siempre solas, pero es imposible recordar ciertas cosas pasado cierto tiempo. O no. Quedarán cicatrices, pero dejan de doler. Al menos llega el momento en que sólo las recuerdas cuando las miras, y basta con algo de Coltrane para quedarse dormido, o al menos trasnochar bien, sin dolor (relativamente). Pero hasta debajo de las más dolorosas heridas marcadas a fuego, acaba saliendo esa piel rosácea y frágil que te incitará siempre a volver a volver a empezar.

Es la tendencia a negar la evidencia; se acabó, el que me odie, que se arme de paciencia. Impotencia ante la impotencia de un compañero de clase, impotencia al verte delante, e impotencia al coger una sonrisa de esas que me regalas, y guardarla, no poder hacer algo para que mis labios, que también quieren de esa experiencia mística puedan agarrarse a los tuyos y así evitar el abismo terrenal.
Ya que, si los ángeles tienen alas, los demonios tienen torpedos en el culo.
Intenta no creer en nada, no hacerte ilusiones, y disfrutar algo de aquí a que te deprimas como en tantas anteriores ocasiones.

Tan sólo, pienso continuar queriendo, aunque no luchando, por ti y por tus delirios, tus locuras, tu tan alta forma de ver el mundo y tu... no sé qué forma de verme a mí. Parece mentira lo extraño que es mi yo por dentro, mi forma de perdonar, mi cambio de ideas y sentimientos, y eso de que con una mísera muestra de afecto yo me esté slowly turning into you. Por fin me siento a gusto, no sólo soy mera espectadora de este circo, como ya había comentado a Hermi anteriormente, si no que ¡formo parte de la función!

Necesito hacer algo digno de ser recordado.
Pero, sea lo que sea, las calles se vacían a mi paso y en las cabezas resuenan ecos de cosas no hechas, palabras no dichas.
La desdicha, se representa, mediante risas tras lustros matando tu libertad con miedo,
y tu miedo con miedo,aprenderé que no se consigue todo lo que se desea. Y no poco lo quiero.
Y en mi mente desciende de la lluvia la manzana prohibida , como me han visto la cara creo que es caramelizada. Siempre fueron muy listas estas Hespérides.
Hierba recién mirada y miradas recién suturadas, risas y carcajadas, gracias a horcajadas.
Sentada en un frío banco en la fría noche te siento, por mi espalda, en forma de estallido bruto, de esputo, sabor a lágrimas y luto.
Aspira a algo en la vida, ¿quieres? O, al menos... yo he sabido compartirlo contigo. Pero tu no sientes ni padeces.
Tucentrismos a un lado, no puedo acabar como siempre lo hago, diciéndote adiós tras otro trago.

No sé ni lo que hago. Noche sin estrellas: un signo claro.
La aurora Boreal que se funde con la sal de un mar helado. ¿Sabes?, el final es para todos igual. ¿Es normal si veo verdes y rojos claros? Reparables estragos.
Por villa Deprimida diviso un barranco, ya no pienso lo de antes, car ya no soy blanco de pueriles frustraciones errantes, pedantes, hirientes, rogantes de atención.
Pienso en volar y no en saltar, ahora, escribir sin musa me revienta, y mi meta nueva es principal, esta el viento no se la lleva, dormida o despierta, me encuentro a mi misma llorando o riendo y me sorprendo, es la alegría de vivir con pizcas de realidad, pero el saber cerrada una etapa no me desconcierta, me pone bien contenta, pese a que no me salga esa prosa polvorienta, en mi cabeza reina el lírico por excelencia. ¡Esto de la sonrisa sin motivo es una experiencia! Un gran invento, y aunque me siga repugnando mi simple reflejo, ¡no necesitaré un espejo a cada segundo, tras cada esquina de cada mundo! Y pienso “todo está como debería haber sido” Ahora lo único que pido es que mi prosa vuelva conmigo, y que sepas que si tu sigues... yo sigo.


 "No sabía que el secreto de la felicidad estuviera en canalizar la ansiedad, en dejarse llevar, en escribir hasta... sentir doler las manos y... que se te caigan y tener que llevarlas colgando en una bolsa. Ahora solo pienso en dejar atrás. Sigue lo malo presente pero quiero que no sea evidente e irme contigo de la mano y, no sé, tal vez tirarnos por u puente. Sería flagrante, pero antes, reconocerte que la felicidad es algo extraño y que no sé si de verdad lidio con ella, pero sé que no me hace daño.

Ahora sólo tengo que cambiar esto y aquello y pensar que he echo algo bello y que tal vez debería ser recordado por ello, para alegrarme y sentir el destello de tus ojos al mirarme y pensar que tal vez ven lo que yo veo y yo siento, aunque sé que no es cierto. Pero, me gustaría intentarlo y, no sé, el hacerlo no va a matarme pero, podrá desilusionarme y sumirme en algo profundo y posiblemente con un fondo negro y lleno de cocodrilos o lagartos. Pero, cuando llega el punto que estás harto, pues, intentas que las cosas funcionen y sonreír a la vida porque te va a dar más ganas de emociones y todo vale más la pena que eso, y, no sé. Sé que moriría por un beso. Pero, bueno, tengo que dejar de pensar y... y centrarme en, por ejemplo, mi peso, tal vez.. Pero se me hace espeso, y se me junta, y luego pues, alguien viene, y lo unta y... y me siento preso.

Y sentir la voz sobre la nuca, la risa de la gente que... que antes por mofa y ahora por algo que nunca había sentido antes que es empatizar simplemente, hacer reír, o, bueno, un poco, pero, llena de alegría y, como si cada día fuera una nueva meta porque intentaré llevarlo con soltura y con la cabeza alta, y repleta de ilusiones que, antes no contaban tanto, pero tengo una caja llena de ello, si me sigues te lo enseño, y espero que tus próximas horas no tengan dueño.
Será como un mal sueño...
Juntar algunas frases y ponerles dueño, nombre y dueño, y si pierdo el boli pues guardarlas en el ya por fin desfruncido ceño, porque, la miopía, tal como la estupidez, ni se crea ni se destruye porque viene todo hacia mi, con fluidez, y con pedantería porque sé que me falta. Hay quien ríe, hay quien llora, y hay quien espera la hora de salir corriendo. Y hay quien está aquí sufriendo. Parásito social, emocional, que no sirve para gran cosa pero, bueno, me hace reflexionar y deliberar que lo mejor no sería quedarse en el cuarto sueño o tirarse por un barranco, sino afrontarlos y, y bueno... seguir este letargo.
Este letargo en el que me sumí hace ya tres años, y tras tanto tiempo perdido pues, he decidido que... que ya basta de malgastarlo, que lo mejor es aprovecharlo y que aunque no vaya a salir, ni a tener amigos siempre (o nunca, no sé como quedaría mejor usado en esta frase, aunque las dos son ciertas) no tendré esas emociones y posiblemente moriré virgen con 70 años pero sé que siempre habrá una época en la que recuerde tiempos mejores y espero que este sea uno de ellos.

¿Y ahora, puedo abrazarte? ¿Hay alguien mirando? No sé qué me pasa, me siento como... delirando en un mundo paralelo y no sé si vuelo o ando, o... aún siento algo de recelo pero es lo que me queda y lo que me toca, y, bueno, nunca es tarde cuando la dicha es poca, o algo así. Creo que te encuentras mejor porque sonríes y lo llevas bien, pero, puede que no sepas que yo te sería fiel, y yo sólo... te querría a ti... aunque no siempre sea correspondido yo me decido y pienso que el lo más oportuno, pero tú no... no sé, no creo siquiera estar a la altura pero espero algún día poder, creo que, en tres años, malo será, aunque creo que sólo me queda este y de este no es mucho lo que queda, no más que seis meses, tal vez siete. No sé si, sé que no sientes pero creo que sería maravilloso, verte, y sentirte, y tenerte, y poderte querer y poderque rerte y poderte transmitir esto que... es tan fuerte. Y tan irreal. Porque estoy como... es... es una extraña... No pienso en lo malo, e intento eliminarlo... Y es raro, porque es como de cuento, pero, bueno, lo increíble no está en lo que hago, está en lo que cuento, y tu deberías saber interpretarlo y tal vez noquear ese sentimiento para que no pueda seguir haciéndome daño aunque ni sientas ni padezcas y todo esto te resulte un poco extraño pero yo sólo quería compartir tal vez este año porque siento que se está yendo tan rápido, y... no tiene nombre, porque …"

Lírico-prosaicas pamplinas que, veo, se van evaporando a cada hora que pasa, elevando. No quiero que lo que creo, largrarme de casa, se materialice demasiado ahora. ¡Pero tampoco quiero ser el reo que sienta vibrar la última milla cuando llegue después de la hora! No quiero seguir pensando que la vida es tan efímera que a veces duele, sientes como si te la arrancaran a jirones de tu ser, y lo que fue ya no vuelve, lo que tuvo cabida en la imaginación se esfumó sin realizarse... Vamos, eso de que he perdido los tres últimos años de mi vida que me acarrearán el noventa por ciento de los problemas que me esperan en el futuro, aquellos por los que cada noche me tiraré por cada ventana de cada ojo que me vea, que yo vea, atravesando las pupilas y llevándome parte de un iris diferente cada noche. Este lo siento correr demasiado deprisa.

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