martes, 22 de noviembre de 2011

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No me gusta que la gente ande por mi habitación, ya que guarda inefables secretos inescrutables.
Por otra parte, mis ojos siempre me han delatado. Ellos dicen “eh, mirad, soy pequeña y miope, y no he dormido gran cosa esta noche, pero voy a sonreír hasta que me duela”
Tengo pasatiempos extraños, como reñirme en verso o tirar globos desde un doceavo piso.
Tampoco suelo caer en la mítica filosofía básica barata, esto requiere otro de mis explicamientos de mi afamada teoría sobre los días grises y aquello de “gente=mierda”, pero no me alabéis todavía ni me sigáis el juego. Os sumiré en mi amargura, no creo que os apetezca. Mi amor por la raza humana roza lo hilarantemente misántropo, así que que os jodan a todos, pero con mucho cariño. Sois gente maravillosa.
Me cuento mi maravilloso día de hoy (“¿Qué tal, cariño?; Bien, mi amor”) en pocas y feas palabras a la hora de dormir, Hermi pone caras raras ante mi brillante escasez de terrícola cordura. Me he tragado de vuelta mis celos con recelo entre cambios y cambios e infinitos cambios de clase y estado mental, en quelques horas. No comprendo cómo alguien puede estar celoso de mi, y menos teniendo una ínfima relación con Palote, pero los misterios misterios son y los desenmisteriadores con los cojones suficientes han dado mi caso por perdido. “Tus ojos me han dicho que no has pegado, en fin... eso” Porque la gente es avispada, y sólo Annie Wilkes se creería que las avispadas avispas africanas te sumen en el letargo. Yo me lo creo, me toca amputar miembros inútiles, como piernas o narices. Cuando me levanté había una nota en la cocina dedicada a mi que decía “tu si que vales y no Rajoy, un beso guapa” y un corazón. Lástima que no la viera, me habría alegrado la mañana, o al menos parte de ella. Cuando cae la noche siempre tengo que sacar la caja de costura a remendar tus palabras de la jornada. Se acaban cayendo igual. Cenicienta era una belleza, menospreciada, yo soy menospreciada a secas. ¡Y menos mal!

- Yo eso no lo puedo hacer, al menos un poco más eres.
-Soy un hobbit.
Silencio.
- Me gusta ser un hobbit.
- Coño, si tu eres un hobbit, entonces ¿yo qué soy?
-El padre hobbit.
-Un gnomo.
Desternillante. Siempre me ha dado lástima Diógenes. Lo ponen verde, sólo por restar importancia a las cosas materiales. El fue el verdadero padre del comunismo. Coño, el y Lennin se lo deben estar pasando como cabrones en el cielo de las ideas y los ideales, quien, por desgracia, roza el overbooking. Todos están cayendo, en estos tiempos locos que corren; espero que se vayan cumpliendo poquito a poquito. Antes, con los pocos que expresaban sus ideas ardía en deseos la marabunta de cumplir esos sueños. Ahora, por mucha marabunta que sea, los pocos que importan a los ojos de la sociedad están comiendo el culo a los que les pagan los balnearios y el servicio de habitaciones. Vergüenza debería de darles, aunque así no sea. De todas formas, aquí habéis vuelto a la edad media, prácticamente. Como siempre, España está por detrás y cuando unos avanzan de siglo vosotros os hundís más en el anterior. Yo lo siento, pero reniego de todo lo que me ata aquí, de todo lo malo, que no es poco pero me sirve. Aquí os dejo con vuestra gran cagada, aprovechadla. Seguro que es buena para el cutis
Y tras esta diatriba pueril que no viene a cuento, en la que seguramente haya dicho diletantes burradas irremediables, he de aclarar, amor mío, que no hace falta ser un romántico para ver que más allá de los cuatros y medios en historia hay un mundo de belleza y dulzura que puede ser tuya por el módico precio de una sonrisa de vez en cuando, en la que no necesitarás tus tristes “has” ni la palabra cabrón/a/es/as. Podría echarte una mano si quieres a ser igual de malo que yo en todo lo que quieras. Pero sonríe, que para bitters es better que me quede con todas las plazas. Además, traigo noticias recién salidas de la boca de algún chiflado caliente. No me engañas, sé que te encantan...

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