miércoles, 8 de diciembre de 2010

Sueños.

La vida. A lo largo de ella, te encontrarás en miles de situaciones límite. Que te harán replantearte muchas cosas. Como, qué haría otra persona en mi lugar. O, qué es lo que me ha llevado a esta situación. Si, yo, de alguna manera, contribuyendo, podría haberlo cambiado. Si el mundo hubiera cambiado algo al no estar yo. Si definitivamente sobro, o si de verdad hay alguien por ahí que me necesita, que me echaría de menos si yo faltase. Si alguien se entristece al oír mis sollozos. Que notara la diferencia conmigo o sin mi. Que sonría cuando me vea feliz.
Muchas veces he soñado con ello. FELICIDAD. Extraño concepto. No todos lo entienden igual. Para un infante, la felicidad puede ser tener ese juguete deseado, o una chuche. O simplemente, ser portado en brazos de un ser querido. Pero, a medida que las personas crecen, cambian, maduran ... los sueños de cada uno también se moldean en función de cada uno. Cuando tenemos siete años, soñamos la luna. Cuando tenemos cuarenta y siete, nos llega con un sueldo digno. Pero, reallmente, aunque no lo sepamos, o no lo digamos, por verguenza, o amor propio, todos tenemos una idea de la verdadera felicidad. Dinero, fama, son de las más usuales, pero, quién no ha soñado alguna vez con poseer el corazón de esa persona ? O con tener un gato ?
Las aspiraciones de cada uno se basan en las limitaciones que se nos presenten. Si a un niño no se le permite tener el juguete que desea, soñará con ese juguete. Si a dicho niño, le compran dicho juguete, apostará más alto.
Porque, hay personas que sueñan con monopolios, y otras que les llegaría con un abrazo.
Algunas veces, la persona más pobre puede ser la más feliz, y la persona más rica puede llegar a ser la más desdichada.
Yo soy de esas personas que no apuestan muy alto. Siempre es mejor apuntar a lo más bajo. Sobre todo, si tienes la certeza de que ese anhelado sueño no se cumplirá. &, aunque tampoco pido tanto .. dudo que se cumpla.

Es extraño el ritmo que llevan los pensamientos. Cuando estás destrozado, y te tumbas en la cama, pones la música en los auriculares al más alto volumen, intentando apagar los inapagables gritos que suenan en tu cabeza, intentando distraerte; relajarte, empiezas a pensar, inconscientemente, en lo que acabas de hacer. La gravedad de tus hechos. Es como un acto reflejo. Algo que te inculcaron de pequeño, que te parecía una tontería, Pero, te das cuenta de la razón que tuvieron tus padres. Y piensas en ello. Te regañas; Podrías haberlo evitado. Te auto compadeces: No deberían haberte tratado así. Buscas los daños: Aquí, muy hondo, clavado en el pecho. Asimilas: Bueno, vale. Terminó. Qué haces ahora ? Desahogar. Sales afuera, a que te dé un poco el aire, a pasear un poco, corres también para descargar adrenalina, y llegar serena a casa. Vas pensando por el camino. Te preguntas una vez más el porqué de que siempre acabes exactamente igual. No hay. Te das por vencido. Vuelves a casa. Te tumbas en la cama, esperando quedarte dormido, y no volver a despertar.
Es una rutina que acabaría con cualquier persona cuerda, y recuerdas que es una ventaja no estarlo. Porque sabes que mañana, cuando te despiertes, volverá a empezar.
Ese sentimiento, de aborrecimiento, de estar ''enfermo'' con el mundo como dirían los americanos. De no querer ver nunca a nadie. De cogerle el gusto a estar solo. Tus pensamientos, cuanto más sumido estés en ellos, serán siempre tu mejor compañía. Siempre. Mejor que cualquier hermano, mejor que un buen libro. Incluso mejor que una buena canción. Casi nunca te llevarán la contraria, y dudo que te sientas incómodo con ellos.
Es bueno sentirse querido. Pero más aún, serlo. Todos hemos tenido uno de esos momentos en los que la única cosa que deseamos es gritar, matar a alguien, romper cosas, y que en ese momento, ya, todo llegue a su fin. Pero también, momentos en los que le gritamos a laguien simplemente para llamar la atención. Algunas veces, nos portamos mal, simplemente porque necesitamos que se nos escuche. Hay cosas que todos hemos deseado gritar al viento. Es horrible querer a una persona que no te escucha. Que llega a casa. Deseando contarle algo, una an,ecdota graciosa del instituto, la razón de tus llantos, o los últimos informes televisivos. Por lo que también es duro sentirte menospreciado e incluso insultado por una persona a la que quieres. Que te dé de lado. Mil veces te sentirás cegado por esa persona. Deslumbrado. Pero nunca hará ningún reconocimiento por ti. JAMÁS.

Algunas veces, he soñado cómo sería ese día en el cual no tendría que soportar más todo esto. Era un atropello. Un atropello a cámara lenta. Yo me encuentro situada en mitad de la calle, con un camión que se acerca lentamente hacia mí, mirándolo fijamente. La gente pasa a los lados de la calle, sin mirarme, ignorándome, sin verme. Nadie viene a salvarme. Y yo, permanezco quieta, inmóvil ante el inminente impacto. Sin hacer nada por remediarlo. Sin darle importancia. Completamente apática. De qué serviría remediarlo ? De todas formas, nadie lo notaría. También me he soñado, cierta vez, en una calle enorme, toda repleta de gente. Todos parecen muy ocupados, cada uno a lo suyo. Son todos completos desconocidos. Intento pararme a hablar con algunos, pero nadie me hace caso. Intento gritar, pero nadie me oye. Miro hacia arriba, pero no veo más que la cegadora luz de algo a lo que tampoco prestan importancia. Algo, si te paras a mirarlo, realmente hermoso.
Realmente, el mundo está lleno de situaciones así. Cosas hermosas, como las hojas que caen en otoño, o las flores que florecen en primavera; los tonos dorados de los anocheceres, o los tonos plateados de los amaneceres. De gente incomprendida, que intenta expresar lo que siente, pero que no tiene cabida en ningún lugar. Explosiones de sentimientos que ven la luz, bajo pena. Música que suena a escondidas, que algún día verá la luz.
Es complicado, o talvez no. Depende de la forma que tenga cada uno de ver el mundo. Depende de los sueños de cada uno.


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