Las cosas ya no importan como antes. Importan la mitad, entiendes? Porque ahora estás tú. Y, aunque las cosas dejaran de valer la pena, tú y solo tú lo revalorizas todo. Cambias el color de un azul marino o gris a un morado, o verde. Y ahora ya tengo una razón para madrugar. Y, ahora, ya tengo una razón para madrugar. Y, ahora, ya tengo una razón por la que estudiar. Por la que no repetir. Para poder mirarte a hurtadillas. Y, aunque siga pensando que todo esto es una mierda, me gusta escuchar tu voz detrás de las puertas. Y mirar por la ventana cuando pases para quedarme toda la clase pensando en ti. Y sé que no es amor, lo sé, no hace falta que lo jures. Esto es, simplemente, lo que yo necesitaba para cambiar el chip. Para dejar de comerme el coco para mal, y hacerlo para bien. Porque no encontraba un nombre que rayar en la puerta del baño. Y porque no tenía una mirada en la que pensar cuando se apagan las luces. Una voz que oír cuando tengo sueño. Y sé que no el primero, ni el segundo, ni el vigésimo tercero, pero quizás uno de todos esos días interminables que he pasado contando tus pecas me acerque y te susurre un entrecortado hola. Y, aunque no sabría hacerlo, y aunque sé que esto se me pasará antes de decirte nada, sería maravilloso. Y, aunque sé que no es amor, ni nada que se le acerque, esta extraña obsesión, es distrayente donde las haya, e imita casi a la perfección esa sensación de morfina que me encanta. Y me preocupa no verte un día por ahí, tu salud, y tus exámenes. Y, me atemoriza el hecho de que puedan cruzarse furtivamente nuestras miradas. Porque soy una miedica. Una GALLINA. Pero pienso que vale la pena aunque sólo sea por verte pasar por el pasillo, y sentir que aunque se inventara, mejor, o peor, imposible. Simple y únicamente, tu.

No hay comentarios:
Publicar un comentario