domingo, 30 de enero de 2011

Elévalo al 98738976107.

Es como una operación a corazón abierto.
Te levantas sabiendo que tendrás que enfrentarte a miradas y susurros que te volverán a recordar los pequeños errores que cometiste una tarde que estabas un poco harta de todo.
Me miras y susurras.
Me miras y suspiras.
Me miras resignado y apartas la mirada a un lado.
Crees tener razón.
Podría contarte un secreto: NO TE QUIERO.
Pero no te importaría.
Te basas en lo que te han dicho. En el bocaboca. En lo que has mal deducido.
¡CORRE!
Vuelve a casa corriendo con algo rápido sonando en el iPod.
No hay tiempo.
Me cansas demasiado.
Podría contarte otro secreto: NO ME DAS IGUAL.
Porque me pones nerviosa.
Porque no eres el único que se equivoca.
NO, NO LO ERES.
Y así pasan los días.
Corre, corre, corre... ¡Aquí no se te ha perdido nada!
Vuelvo a hacerlo mal.
Vueeeeeeeeeeeelvo a equivocarme.
¿Lo haré bien algún día?
Quien sabe.
Y llega la parte buena.
Hoy no lo he hecho bien.
¿Lo haré bien algún día?
Quien sabe.
Estoy a punto de llegar y no hay prácticamente nadie.
Cinco minutos.
CINCO MINUTOS.
No hay nadie más, tengo la calle para mi sola.
No lo estoy haciendo bien.
¿Lo haré bien algún día?
Quien sabe.
Va a terminar la mejor parte.
Me contengo el air guitar.
He llegado sin hacerlo bien.
Vuelvo a pensar en ti. Con el cariño de quien sabe que se perdona a los inocentes.
Simplemente no sabes.
No podría decirte.
No lo haría bien.
¿Lo haré bien algún día?
Quien sabe.

Se acaba, solo te pediré un favor: elévalo al 98738976107.


sábado, 29 de enero de 2011

Largas esperas.


  •   Hay momentos en los que necesitamos tanto a unas personas... Y muchas veces, esas personas ya no pertenecen al mismo lugar que tú pero sí que siguen a nuestro lado. Porque las huellas que marcaron mi camino, fueron las suyas, y hoy es un día especial… Sin embargo, ya no estáis guiándome, ahora soy yo la que tiene que dejar las huellas para que, el día que me encuentre con vosotros, en algún lugar, sepáis que he seguido el camino correcto o al menos el menos incorrecto. Tenéis mi mano, la tiendo hasta ese cierto lugar, puedo sentiros. Ojalá y todo volvieseis a devolverme esa alegría que vosotros me contagiabais...Pero hoy, no debo lamentarme sino seguir adelante, y recordarme siempre, que nadie os echará tanto de menos como yo.



Cristina Timiraos os quiere.

viernes, 28 de enero de 2011

Bleuh, ¡blood!

Mentiría si dijese que me gustan los finales.
Me encantan, ¡me encantan!
Los odio, un poco como todo, pero es algo inevitable. Inevitable, y, algunas veces... irremediablemente necesario.

Pero, ¿cuales preferir? Es decir, ¿cuales son menos peores?
Está claro. ¡Más que claro!
Los menos peores finales son los apoteósicos.
Y me refiero a los buenos finales apoteósicos.
En los que mueren todos, sin excepciones, o en los que terminan con un buen solo de guitarra.
¿Van a morir igual, no? Mejor si es de una manera...¿sangionolenta?



Misma mierda, diferente día.

Un día coges y te hartas.
De escuchar las mismas sandeces de siempre de las mismas personas de siempre en el mismo sitio de siempre.
Y dices: ¡Se acabó! Mañana lo corto de raíz.
Ya, claro.
Es lo mismo que quien dice que mañana vaciamos las cervezas que quedan, o quien dice que el lunes se pone a estudiar.
¡MENTIRA!
Lo único que conseguirás (como mucho) es ir caminando decicida, con alguna vieja gloria en los oídos, a enfrentarte a tus fantasmas. ¡Perdón!: A ''enfrentarte a tus fantasmas''.

Llegarás, tirarás la mochila, verás a la misma gente de siempre, en el mismo sitio de siempre, que se te acercará, te dirá alguna tontería sin gracia (como siempre), y reirás con esa risa que ni tú te crees. Sí, la risa de siempre.

Te sentarás frente a los mismos profesores de siempre, que volverán a explicar lo mismo de cada día, y volverás a pensar: ''Mañana, si. Tal vez''.


¿Y tú me hablas de respeto?

Escucha, ¿sabes hacerlo?
Escucha por un momento. Puede que yo tenga algo que aportar.
¡EH, NO! ¡Eso no es escuchar!
Vale, tranquilicémonos y volvamos a empezar.
Bien, ¿por dónde íbamos?
Ah, si. Respeto. Bien.
Lo que pasa es que no te oigo hablar de respeto.
Hablas mucho, mucho, mucho de que YO he de respetarte.
Pero el respeto, el respeto propiamente dicho, es mutuo. O al menos ha de serlo.
¿Y, de qué hablas tu?
Joder, he de respetarte, obedecerte, haceeeeer lo que tu me digas.
Pero, ¿por qué?
''PORQUE SÍ.''
Y con esas dos jodidas palabras, arreglas todo tu jodido mundo.
Y yo digo, ¿quién arregla el mio?

sábado, 22 de enero de 2011

Cordura.

Uno puede pasarse la vida diciéndose que la vida es lógica, prosaica y cuerda. Sobre todo, cuerda. Y creo que así es. He tenido mucho tiempo para pensar en ello. Y siempre vuelvo a mi memoria la declaración de la señora Underwood antes de morir: <<Así, se entiende que cuando aumentamos el número de variables, los axiomas en sí no sufren cambios.>>
Estoy realmente convencido de ello.
Pienso, luego existo. Tengo vello en la cara, luego me afeito. Mi esposa y mi hijo se encuentran en estado crítico tras un accidente de coche, luego rezo. Todo es lógico, todo es cuerdo. Vivimos en el mejor de los mundos posibles, de modo que opnme un cigarrillo en la izquierda, una cerveza en la derecha, sintoniza Starky y Hutch y escucha esa nota suave y armoniosa que es el universo dando vueltas tranquilamente en su giroscopio celestial. Lógica y cordura. Como la coca-cola, la vida es así.

Sin embargo, como tan bien saben la Warner Bros, John D. McDonald y la Long Island Dragway, existe un Mr. Hyde para cada feliz rostro de doctor Jekyll, una cara oscura al otro lado del espejo. El cerebro tras esa cara nunca ha oído hablar de hojas de afeitar, plegarias o la lógica del universo. Vuelves de lado ese espejo y ves tu rostro reflejado con una siniestar mueca, medio loca, medio cuerda. Los astrónomos denominan a la línea entre la luz y la oscuridad <>.
El otro lado del espejo demuestra que el universo tiene la lógica de un chiquillo vestido de vaquero en la noche de Halloween, con las tripas y la bolsa de caramelo esparcidas a lo largo de un kilómetro de la Interestatal 95. Es la lógica del napalm, la paranoia, las bomas en la maleta de esos árabes felices, el carcinoma fortuito. Esta lógica se devora a sí misma e indica que la vida es un mono sobre un palo, que gira histérica y errática como esa moneda que se lanza al aire para decidir quién paga el almuerzo.
Nadie mira ese otro lado a menos que sea preciso, y lo entiendo perfectamente. Uno lo mira si un borracho sube a su coche en plena autopista, pone el vehículo a ciento sesenta y empieza a balbucear que su mujer le ha abandonado; uno lo mira si un tipo decide cruzar Indiana disparando contra los chicos que van en bicicleta; uno lo mira si su hermana dice: "bajo un momento a la tienda y vuelvo", y la mata una bala perdida en un asalto. Uno lo mira cuando oye hablar a su padre de cortar la nariz a mamá*.
Es una ruleta, y quien afirme que el juego está manipulado no hace más que lamentarse. No importa cuantos números haya, el principio de esa bolita blanca no sufre cambios. No digáis que es absurdo; es todo muy lógico y cuerdo.
Y esa naturaleza extraña no sólo se halla en el exterior, sino tambien dentro de uno, en este mismo instante, creciendo en la oscuridad como un puñado de setas mágicas. Llámala la "Cosa del Sótano" o el "Zorro de las Melodías Animadas". Yo lo concibo como mi dinosaurio privado, enorme, viscoso y lerdo, que recorre a trompicones los hediondos pantanos de mi subconsciente sin encontrar un hoy de brea lo bastante gran para caber en él.




Stephen King - Rabia.

Ahora no es momento de echarse atrás.

Algo esaba cambiando de una vez para siempre.
Era feliz.
  - ¿En qué piensas? - le preguntó Paul.
  - En nada. Tenía la mente en blanco.
  - Venga, hombre, dime lo que se siente en este momento – insistió Paul.
¿Sentir? Podía sentir un océano de impulsos cuando componía una canción, o cantándola en público. Era como vivir diez, cien vidas. Cada pequeña parte formaba un núcleo en torno al cual giraban otras y otras más. Eso era sentir, y sacar fuera cada ángel y cada demonio. La música creaba el entorno, y era la vieja carretilla amarilla, la misma que conducía a Oz, la que se abría paso hasta los confines de su ser y desde allí a todas direcciones.
Mientras que en aquel momento... Tal vez el piso fuese ese confín. Allí partía de cero. Aquellas paredes oirían su voz y serían testigos de cada pequeño o gran momento. Canciones, amor, música, libertad.
  - Recuerdo que una vez me dijiste que lo conseguiríamos – dijo John.
  - ¿Qué tiene que ver eso...?
  - Es lo que siento – siguió el –. ¿No querías saber lo que siento? Pues es esto, ni más ni menos: vamos a conseguirlo.
El rostro de Paul se iluminó.
  - ¿Estás seguro?
  - Si. cuando murió mi madre, me dijiste otra cosa: que estaba solo, y ahora me doy cuenta de que es así. Estoy solo, y no dependo más que de mi mismo. Está el grupo, nuestra música, pero yo ya no tengo lazos. Si esto no sale bien, ¿qué demonios me queda? Por eso sé que saldrá bien. Mi madre murió por algo.
  - No, John, eso no es verdad – objetó su amigo.
  - Necesito creer que fue asi, ¿no lo entiendes?



Jordi Sierra i Fabra - El joven Lennon.

viernes, 21 de enero de 2011

Excusas.

No hace falta vivir aquí, ni ahora. Ni tampoco el aquí, o el ahora. A día de hoy queda gente anclada a otras épocas, que no se distinguen a simple vista de la gente aburrida. A épocas ''más felices''. Puede que hayas tenido una infancia de mierda, pero recuerdas un día que tocaste una caca con un palo, y ya recuerdas todo eso como una época más feliz, la mejor época de tu vida.
Mirándolo bien, a vista de cada uno, lo pasado fue mejor que lo presente, y mejor será lo futuro. Vivimos sumergidos en una hipotética mierda que se hace más real a cada día que pasa.
Gente que vive anclada a woodstock, al punk, a la casa de sus abuelos o al coche donde perdió la virginidad sobra por las calles.
  - Aaaaaaaaaaaaay, si Hendrix se hubiera dormido de costado esa noche...
  - María, ¿para cuándo la cena? ¡El niño y yo nos morimos de hambre!
  - Si, si... de costado...

A veces lo único que buscamos es evadir lo que tenemos, o se nos viene encima.
A veces, no son más que excusas.



Es curioso.

  - ¿De qué te gustaría morir?
  - De sobredosis.

  - ¿De qué habla ''A short term effect'', de the Cure?
  - Aaaaaaaaaaaaaaaamigo.

 Son preguntas a las que no se les añade ya la respuesta antes del punto. La vida ha decidido que no, es así, hemos de aceptarlo. Que son demasiado claras hasta para nosotros.
 Son cosas que la gente ve, o intuye, ya que están ahí. Pero no de la misma manera.

  - ¿Que sentiste al leer RABIA?
  - Una novela muuuy divertida.

 Puede que un día te de por pegar a un profesor, romper una foto, o prender fuego a una habitación.

  - Pero, ¿por qué lo hiciste?
  - Joder, ¡era lo que me apetecía en ese momento! ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejar que me corroyera las entrañas? ¿Que me quemase por dentro? ¿Que me matase la curiosidad, como a esos grandes millones de gatos? Prefiero morir pensando qué hubiera pasado de no haberlo hecho, que seguir viviendo, arrepintiéndome de no haber arriesgado.
No hay mañana.
  - Si lo hay.
  - Lo sé. Pero somos más felices pensando que no. Haciendo creer a los demás que eso es lo que la vida nos ha hecho creer a nosotros.
  - No sirve de nada engañarse.
  - Sirve, en el momento.
  - Joder, ¡no eres más que un pequeño necio! Enamorado de un sentimiento de odio profundo escondido bajo una mal hecha careta de inocencia.
¿Sabes algo? Nadie se lo cree.
  - Cállate, ¡no dices más que tonterías! Es mil veces mejor ahogar las penas en el alcohol o sobre un papel que... ¡que no ahogarlas!
 No busques sentido a un ciempiés de 20 patas. Simplemente, ¡no lo tiene! al fin y al cabo, ¿qué lo tiene? ¡NADA! Perro, Inglaterra, azul, Rigoberto.¿Te quedas más tranquilo? Joder, nada tiene sentido, tampoco la vida pone de su parte.
No baja los sábados a primera hora a la ferretería  a por unas etiquetas Con-Tact y un rotulador en las que marcar -LOCO-CUERDO- de paso que baja a por el pan.
 No, ¡claro que no! Somos nosotros los que las escribimos mientras mamá nos zurce los tomatitos de los calcetines al llegar a casa. Y los pegamos sin mirar muy bien como o a quien.
 ¡Si, lo reconozco! Bebo para olvidar que soy un borracho, y escribo para no recordar que soy un completo analfabeto. ¿Acaso tiene algo de malo?
 Puede que no haya mañana. Puede que mañana me pase el día durmiendo.
  - Habrá un pasado mañana.
  - ¿Pero, por qué? ¿Por qué narices sigues escuchando esta diatriba sin sentido? Si sabes que no vas a estar de acuerdo. Que tooodo lo que yo pueda hacer o decir te parecerá pura tontería. Yo, y todo mi séquito de malnacidos invisibles creados por japoneses hasta el culo de MDMA venidos a occidente en busca de algo mejor. Aaaay, los orientales. Deberíamos tomar ejemplo. Coger a todos los mongoles por las orejas, echarlos a patadas y construir algo grande. No sé, una muralla. Una muralla de botellas de vidrio.
 Te aseguro que no quedaría ni la mitad de gente de todos los que estamos ahora.
  - Estás enfermo.
  - Eso puede. O no. Nunca lo sabremos.

Lucy in the Sky with Diamonds.

Y la maravillosa bacteria entró en su cuerpo, invadiendo parte de su sistema nervioso.
Habían luchado tanto para llegar hasta allí... y ahí estaban. En la cima de un monte de groupies llorosas de pezones marcados.
Pensó,  
  - ¿Qué diría mi madre?
  - Está muerta.
  - ¿Y mi padre?
  - Mi padre...
Recordó lo que le había pasado hacía no mucho. Pensó en aquel marinerito que pensó que volver a tiempo estaría bien. Pero no era a tiempo. Nunca lo había sido. Ya llegaba tarde por el hecho de dejar una familia en tierra sin el menor remordimiento. 
  - Dame más. No quiero recordar.
Sintió que su cuerpo explotaba. No miraba a alrededor; miraba para dentro. Veía a tía Mimi repitiéndole que bajara aquel estruendoso rythm'n'blues. Pensó que era lo mejor, aunque se equivocaba. Se dio cuenta de que estaba mirando para atrás, de nuevo.
  - Dame más. No quiero recordar.
Recordó aquella tarde en la que decidió cambiar algunos discos recién descargados del barco por cuatro perras. Recordó lo que su vida había cambiado en apenas... ¿10, 20 años?
Recordó a aquel maldito conductor nacido de un pacto entre dios y el diablo.
  - Dame más. No quiero recordar.
Dejó de pensar por un momento. Veía lucecitas de colores aquí, y allá. No quería que acabara ese momento.
  - Chicos, os quiero. Oh, dios, ¡os quiero tanto! No quiero que este momento termine nunca.
  - Es cierto. Deberíamos intentar inmortalizar este momento.
  - George... puntea conmigo, ¿quieres?

Una vez más,

no entiendo bien esto que me pasa. Una vez más, no logro controlarlo. Una vez más, no sé qué hacer, qué decir, qué pensar... ¿Cómo actuar, al pasar a tu lado? ¿Indiferencia, asombro, ceguera...?
Una vez más, me pierdo enviando demasiadas preguntas. Preguntas con fácil respuesta, pero difíciles de asociar.  Estamos entrando en un crítico overbooking, como el del baño de abajo, del que solo se sale con una mirada tuya, para entrar en la irremediable subida de glucosa.
Y. así, sigo teniendo que darle golpecitos a mi caja torácica cuando tú pasas cerca, para recordarle que respire, hable, camine, o haga la misma fotosíntesis.
Una vez más; ni yo misma sé lo que quiero. Quizás solo volverme loca.

Madurad.

''Las buenas chicas no hacen esto, las buenas chicas no hacen lo otro...''.
¿Buenas chicas?
Mírate a la cara y piensa si alguien que te vea por la calle, pensará si eres o no una buena chica. O dirá, ''pues a mi esta muchacha me tiene pinta de suspender matemáticas''.
Provablemente, ni siquiera te mire, ni siquiera repare en ti. Irá estresado a su casa, pensando el cómo decirle a su mujer que su jefe no le soportaba más como perrila y le ha echado, o queriendo ver a sus hijos y hacer como si lo que lo que le cuentan le importa mientras se saca los zapatos. Igual valla pensando solamente en esa canción que escuchó en el bus, intentando recordar su nombre. No todo el mundo tiene una vida emocionante, feliz, divertida, o triste. Algunos se limitan a estar por estar, e intentar llegar a algo. A veces solo necesitamos un empujoncito para salir del medio de la calzada, donde aguardábamos por ser arrollados. Si no huiera muerto su madre, McCartney nunca habría madurado.



Las cosas, pasan por que si, pero lo que viene después es siempre un resultado de todo, todo junto, con una pizquita de sal para darle intensidad.

martes, 18 de enero de 2011

Échale hielo. Mucho hielo.

    Miré la portada, exhausta.
No podía creer que hubiera devorado ese libro en cuestión de horas. Stephen King. Sublime.
La verdad es que lo hice sin darme cuenta. Una corta tarde que me haría ya ver las cosas diferentes. ¿Algo nuevo? No. Me pasa con todos. Con todo.
Pulsé algún botón del móvil, para mirar la hora. ¿Cómo puede ser que un cacharrito tan pequeño sirva para tanto? Bah. Tecnología, innovaciones, futuro, progreso También se puede vivir sin ellos.
Me tumbé de nuevo sobre la cama. La calefacción estaba encendida, pero no producía mucho calor. Simplemente, un intenso olor a quemado.
Pensé en Richard Bachman, y en su genialmente logrado Charles Decker. No estaba nada lejos de la realidad. Ese monstruo, ese Mr. Hide, no es más que un reflejo de todos nosotros.
Me centré en la espalda. Me dolía después del incidente de aquella mañana. Y ese olor a quemado.
Pensé en levantarme a apagar la caldera, lo cual, en esos momentos, pienso que suponía demasiado esfuerzo. Se estaba tan bien. Esa cama... como iba a echarla de menos.
Offspring sonando de fondo, y algunos rayos de luna entrando por un resquicio de la persiana estropeada. Gaia me lamía la punta de los dedos, tumbada sobre mi pie izquierdo. Nada podría mejorar ese momento.
Y, claro, era de esperar. Me puse a pensar en todo tipo de cosas que podrían estropearlo. Oh, si.

    Y sonó el teléfono. Claro, era de esperar.
Pensé qué hacer. Medité sobre qué hacer. Feelings, tatata, ta, tá.
Esperé a que terminase la canción.
El teléfono seguía sonando.
Feelings, get out of my...
 - ¡Rayos, ya voy, ya voy!
¿Quién podría ser para no cansarse al otro lado de la línea? Sería mi abuela. No esperaba que fuera nadie más. ¿Olvidé comentar que carezco de vida social?


RABIA.

  Guardé las balas en el bolsillo de los pantalones y extraje el encendedor. No fumo, pero aquel objeto en cierto modo había despertado mi fantasía. Lo encendí, me agaché y prendí fuego a toda la basura que había acumulado en el fondo del ropero.
Las llamas saltaron con avidez de las ropas de gimnasia a las bolsas de desayuno, los envoltorios de caramelos y los restos de mis libros, llevando hasta mi un atlético olor a sudor.
Después, considerando que ya había llegado demasiado lejos, cerré la puerta de la taquilla. Justo encima de la etiqueta Con-Tact con mi nombre había unos pequeños respiraderos, a través de los cuales me llegó el crepitar de las llamas. Momentos después unas pequeñas puntas anaranjadas brillaban en la oscuridad, tras los respiraderos, y la pintura gris del ropero empezó a cuartearse y saltar.
  En este instante salió de la clase del señor Johnson un chico con pase verde para el baño. Contempló el humo que surgía alegremente de los respiraderos, me miró y echó a correr hacia el lavabo.
No creo que viera la pistola; no corría tanto.

Stephen King - Rabia.

lunes, 10 de enero de 2011

Me encantas.

Me encantan tus maneras de hablar, de escribir, de pensar... Si, de verdad que me encantas. No eres perfecto, y eso es de las cosas que más me gustan de ti. Maravillosamente imperfecto.
Mentiría si dijese que puedo pasar sin ti, sin buscarte, sin observar en silencio como te alejas, sin pensar que seguramente nuestra historia acabe antes de empezar. Si, mentiría.
Y sueño por realizar lo irrealizable.
Demasiado perfecto para alguien de mi nivel. Demasiado imperfecto. Demasiado ocurrente. Demasiado inteligente. ¿Demasiado maduro, quizás?
Demasiado, simplemente. Demasiadísimamente demasiado.
Anoche volví a quedarme hasta tarde pensando en ti. Pensándote, mirándote, leyéndote.
Amándote un poco más.
Pero, espera... ¿amándote?
¿En serio?
No. No lo creo. Para empezar, bailaría sobre tu tumba antes de reconocer que esto es amor, antes de mentir haciéndolo.  Antes de etiquetar mi malsana obsesión como una lata de sardinas. Porque eso es lo que es, y nada más. Una malsana obsesión.
Pero, ¿sabes? Esta irrefrenable locura no es nada más lejos de lo que necesitaba. Amo leerte y sumirme en tus a la vez retóricos e intrigantes pensamientos. Amo verte pasar, y poner el mundo en stop muy de repente. Amo escuchar tu voz y exhalar un laargo suspiro que lo indique: ''es el''.
Si, amo todas esas cosas, todos esos detalles, todas esas mañanas y tardes.
Pero no a ti.

Todo el mundo miente.

No hace falta ser una jodida lumbrera para darse cuenta. Nos mentimos los unos a los otros, y a nosotros mismos. Nadie se muestra al mundo tal y como es. Al menos, no completamente, ya sea en su casa, en la calle o en clase.
Nadie va por ahí diciendo ''¡Oh, dios, que desgraciado soy!'', a no ser que todo acabe de explotarle en la mismísima cara. En cuyo caso, no creo que valla por ahí más que para ir a emborracharse, o a alguna azotea.
Todos buscamos ahogar las penas, sea de la manera que sea. Bebiendo, fumando, o pagándolo con la gente que más nos quiere. O no. Es relativo, tooodo es muy relativo.
Puede que algunos sólo lleguemos a casa con la moral hundida, pasemos con una graan sonrisa, y nos encerremos en una habitación con un bolígrafo, un papel, y quizás algo de música.
Puede que no todos lo veamos de la misma manera. O puede que en el fondo, todo se base en unos sencillos principios morales que no nos dejan sobrepasar un punto. Viva la vida, que os jodan a todos.


11.

  Quisiera ser capaz de reaccionar a tu presencia. De no ponerme nerviosa como una jodida niña de 7 años. E, igual, hasta de soltarte un jodido y sincero, ''hola''.
 Pero no, joder. Lo único que consigo hacer cuando te veo es bajar la mirada, y desear que no te vallas. Desear sentirte cerca todo el tiempo que pueda, recordando que no han sido en vano todos estos días, leyéndote, viviendo a cada segundo cada maravillosamente único de sus sentimientos.
   Ojalá no sintiera nada. Pero nada, de nada, de nada, como antes. O eso, u ojalá te amase locamente, profunda y locamente. Pero, no es así. Yo no te quiero. Al menos no lo suficiente como para tenerlo claro. No, yo no te quiero. ¿O si? Ya no sé ni lo que quiero. O todo, o nada. pero, creeme, es muy, pero que muy frustrante estar aquí, entre medias.

domingo, 9 de enero de 2011

Si tu supieras...

Odio esto. Odio estar sin ti. Odio no poder sentirte cerca. Te odio. Odio pasar el día con mi amor de familia, porque es que son un cielo, rallándome por todo. Esa tarde he sido realmente feliz, y doy gracias por ello.
Pero también me culpo, por haberme evadido de la realidad durante demasiado, demasiadísimo tiempo.
¿Nadie merece esto?
Lo sé.
Pero, para eso estás tu.
Para ser el gilipollas de la acera de en frente que se entera de poco, si bien de nada. Necesito sentir la fragancia que tú emanas, eau de malsana obsesión.


Y TE DOY LAS GRACIAS, PORQUE, GRACIAS A TI, HE ENCONTRADO LA PARTE POSITIVA DEL DÍA 10.1.11.
Y, bueno, que... lo de siempre. Que os jodan, a todos. Pero, eso sí, ¡con amor, eh!

Gracias a ti,

veo la vida de manera diferente.
Gracias a ti, puedo ver a alguien y pensar: ''¡Que le jodan! Y a ese... ¡también!
Son cosas que, de no ser por ti, no habrían salido nunca de... ningún sitio.
Eres como el agua de mi esponja, suponiendo que yo fuera mi propia esponja, lo cual resultaría bastante inútil, la verdad. Tu haces que yo me hinche de todo lo malo que hay en ti, y, acto seguido, el otro estremecedor 0'0067% sale corriendo (compuesto, claramente, por tus estudios académicos). Aunque, claro, haces que aparezcan unas cosas muy raras, muy diferentes a lo que había habido siempre. Pero, es que, claro, son cosas que aparecen cuando eres una esponja mágica.

¡¿QUÉ?! ¡No me mires con esa cara! Son cosas que pasan cuando mezclas fármacos con hormonas, debiste esperártelo. Además, aquí la loca, eres tú.

Buscaba algo a lo que aferrarme y te encontré a ti.

Quizás sólo sea la pobre niña perdida que se sentaba en una esquina por no conocer a nadie. Es sólo una forma de ver la vida, quizás de las peores, o quizás lo peor seas tu.
Nunca he cumplido lo que me he propuesto, así que deja de ponerte metas muy altas o acabarás por los suelos, entre lodo y lágrimas. Ya no escribo, ya no escribo como antes. Ya no leo, con esa manera de absorber las palabras hasta dejarlas exentas de todo significado. Ya no vivo como antes. Nada es igual que hace, pongamos... ¿cuatro años?
No, nada es igual.
No lo sé, podría decirse que me harté de todo aquello.  Podría decirse que todo aquello se hartó de mi.
Ahora ya no vivo, he descubierto que estoy aquí por estar, desde hace mucho, mucho tiempo. Y agradezco al tiempo, que me ha enseñado todo lo que sé. Todo lo poco que sé, o, al menos, sabía.
Sé que lo que empieza, acaba; que los sueños no se cumplen, que soy demasiada madura para la vida y demasiado niña para el mundo... todo lo que sé, llenaría enciclopedias. Pero, como toda buena enciclopedia, no sale de la estantería a no ser que sea extrictamente necesario.
Sé que si estudiase la mitad del tiempo que alguna alumna de mi madre, tendría 94752897 carreras.
Pero, estudiar es ponerse, y ponerse es cuestión de voluntad, y eso es una cosa que desconozco.
Prefiero dormir y soñar, escribir y evadirme, o escuchar música y sumirme en mis más profundos pensamientos.
Todo es una mierda, que os den a todos, ojalá Justin Bieber se muera, y con el sus fans. Y así muramos todos entre un mar de cadáveres.


Hey, vosotros, sí, vosotros. ¡QUE OS JODAN!

Todo en esta vida es joder.

Joder a los demás, joderte a ti... a los que no piensan como tu, y a los que si lo hacen.

Esto no es un vicio.

Es como aquel que fuma: ''No está enganchado, pero le relaja''. Pues si. Digáis lo que digáis. Nadie debería creerse escritor por pintarrajear un QUE OS JODAN en una pared, igual que Picasso empezó pintando cosillas sueltas. Son simplemente artistas, a pequeña escala, que con tres palabras expresan lo que otros en 676945723907 páginas no son capaces.
En fin, chicos, que se veía venir. Los románticos estamos en peligro de extinción.


QUE TE DEN.

Nunca piensas en los demás. Piensas en ti, en ti, en ti, en ti, en tititititititi... y, alguna vez, en tu queridísimo hijo.  Siempre lo jodes todo. Jodes las cenas de navidad, y las mañanas de reyes. Todos, TODOS tenemos que adaptarnos a tu estado de ánimo, a como hayas dormido esa noche, o al estado de ánimo de tus amigas. Tenemos que saber si tienes o no ganas de discutir, para ver si tenemos que frenarte o cambiar de tema. Siempre te has creído la reina del mambo, siempre has hecho las cosas a tu manera, y has impuesto tu filosofía de vida a quien entraba en tu campo vital, que abarca los 9865208 metros de radio.
 Así que deja de exagerar y de hacerlo todo mal. ¿Te digo lo que pienso? No haber tenido hijos. 


¿CREES QUE ALGÚN DÍA PODRÍAS INTENTAR SER UNA MÁS, Y NO LA QUE MÁS?

sábado, 8 de enero de 2011

¿Quieres aprender a empatizar?

Imagínate, imagínate por un momento que te están insultando, ¿vale?. Pero imagina que te insultan de la manera de la que más daño te podrñian hacer. Que la persona que más tendría que quererte, está haciendo hervir cada centilitro de sangre de tu organismo, está haciendo que tu cabeza pida a gritos explotar, y connfronta a tus ojos y lágrimas en una batalla por la superficie de tu rostro. ¿Estás dentro, ya? Pues, ahora, esa persona se va a callar, esa persona  que ha hecho que aprietes los puños  con tanta fuerza que hasta la sangre tema salir, se va a callar, pero, aunque lo creas, no es tu turno. Nunca será tu turno. Y, aunque lo intentes, nunca, nunca te dejará juntar más de dos sílabas coherentes. Bien, y, ahora que desistes en tu intento de hacer entrar en razón a eso que te ha hecho sentir que la vida sin vida sería mejor, a quien has odiado por haberte traído al mismo, mismísimo averno, recibes órdenes de quedarte quieto, muy quieto, sentadito y calladito, y de que ningún sonido salga de tu boca. Cuando estás a punto de explotar, cuando necesitas explotar, porque tu cuerpo no puede ya guardar más rencor dentro , y cualquier movimiento en falso sería un grandísimo error, te tienes que callar y hacer como si nada hubiera pasado. Pero no puedes. Sabes que no puedes. Necesitas explotar por algún lado.
 Ahora bien, ahora viene mi pregunta. Ahora, es cuando te lo preguntas. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿Por dónde explotar?

viernes, 7 de enero de 2011

Pensáis que pienso.

Ya estoy harta, si. Y, no, no me callo, no seré más una jodida cobarde, aunque 'deje de serlo' escondida detrás de este blog. Si, ya lo sé, lo sabemos todos. La hipocresía, que rige nuestras mentes. Pero, no. No os levantaré la voz, no os gritaré, no os meteré dos hostias (y no será por falta de ganas, la verdad). No. No, y punto. No pienso daros esa tan enorme satisfacción. Me limitaré a giraros la cabeza cuando no vaya conmigo la cosa, o a reíros las gracias cuando sepa que me estáis mirando. Si, lo sé, acabo de decir que, y cito textualmente, 'no seré más una jodida cobarde'. Pero, la verdad, es que no me importa contradecirme. Aunque sea cada dos palabras. ¿Cómo no hacerlo? ¿Cómo saber qué decir? Báh. Nadie sabe. Y nadie hace nada por remediarlo. Quiero que os den por el culo, ¿si?. Porque, seguiré jurando siempre que no me importáis lo más mínimo, aunque sea algo que me queme por dentro. Así que, ahí va, otra vez más: NO ME IMPORTÁIS. Nada. Ni vosotras, ni vuestras putas falsedades. Si, es cierto. Demasiado. Daría todo, todo lo que tengo, que no es mucho, por formar parte de... ¿cómo llamarlo? de ese, ALGO tan falso que tenéis entre vosotras, tan impersonal, tan asqueroso. Pero, no. No me importáis. No me importan vuestras absurdas maneras de pensar, vuestras estúpidas canciones мAaazo resнυℓoηAs y vuestras asquerosas maneras de ver la vida, toda maravillosa. Y no me importa si tengo una mancha en la sudadera, o un roto en el pantalón, ni si peso más que vosotras, ni si... ¡joder, nada de lo que penséis me importa! Es todo... demasiado... está todo demasiado podrido como para darle más importancia de la que se merece, cosa que hago y repito una, otra, otra, y otra vez más.



Y, si, sido divagando sumida en mis delirios, pero, ¿qué más me queda?

jueves, 6 de enero de 2011

Yuhu.

Me encanta. Me encanta ver como la gente a mi alrededor, va creciendo, se va haciendo mayor, se van juntando de dos en dos, y van desapareciendo dejando una larga estela. Algunos maduran, de otros no se podría decir tanto. Sólo quedan algunas personas sueltas, en las que sabes que puedes confiar, o que sabes que estarán ahí, pase lo que pase. O eso dicen. ¿Sabes? Las cosas no son preciosas, ni siquiera son bonitas. Quisiera tener a alguien a quien apreciar. Alguien que me preguntara si estoy bien, pero que realmente le importara. Alguien, alguna persona, que no me falle estrepitosamente, en toda la cara, sin esconderlo ni nada. Alguien que, después de demostrarle que me importa, que después de aguantar sus buenas y sus malas rachas, después de pasarle el kleenex para que llorara a gusto, no me deje tirada por cuatro tonterías que le digan los demás. Va por vosotras, si, por esas personas que me han fallado, después de que yo las defendiera, después de que yo apostara y luchara por ellas. Y me jode que, hoy día, esas personas a las que yo defendía, 'amen y adoren' a aquellas personas que tan mal hablaban de ellas. Y he de deciros que si sois mejores amigas, y me venís a mi a contar las cosas que pensáis de la otra, pero que no le decís, para eso, prefiero no tener mejores amigas.Y, si, me harté, ¡claro que me harté! por eso no me veréis quejarme, y por eso os seguiré tratando como siempre, tan bien como siempre, porque, me da igual lo que digan, seguiré escondiendo lo que de verdad pienso, lo que de verdad siento, llorando lágrimas invisibles a la vista de tantos, que le importan a tan pocos. Quisiera agradecer a los que están ahí a veces; gracias. Hasta podríais haberlo hecho peor, y todo.


Gracias.

lunes, 3 de enero de 2011

Roma arde,

 dijo mientras se servía otra copa, y sigo hundido hasta las rodillas en un rio de mujeres. Aquí llega, pensó ella, otra diatriba empapada en whisky sobre lo maravilloso que era todo en el pasado, sobre como nosotras, pobres almas perdidas, nacimos tarde para ver a los Stone o para esnifar coca como ellos en el estudio 54. Parece que todos nos hemos perdido todo aquello por lo que merece la pena vivir. Y lo peor de todo era que ella estaba de acuerdo con él.

Aquí estamos, pensó ella, en la cima del mundo, en el límite de la civilización occidental, y todos nosotros estamos tan desesperados por sentir algo, cualquier cosa, que seguimos chocando unos contra otros y jodiéndonos el camino hasta el fin de los tiempos.




Miel, harina, azúcar y sal.

Si la vida es un banquete, y la muerte el postre, me parece que conmigo hubo problemas de condimentos.

No puedo creerlo,

No puedo creer que todo se vaya tan deprisa. Lo tienes todo, lo disfrutas, lo vives a cada momento... y de repente un día te levantas, y, ¡zas! tu imperio ha caído. Aprende de esa sensación, intenta no volverla en tu contra, intenta que no te afecte demasiado, intenta que no les afecte a los demás. Tienes que ir buscando los trocitos, aquí y allá, verás. Verás como, sin darte cuenta, mañana ya habrá pasado el tiempo, y todo volverá a ser como antes. Ya verás.