Miré la portada, exhausta.
No podía creer que hubiera devorado ese libro en cuestión de horas. Stephen King. Sublime.
La verdad es que lo hice sin darme cuenta. Una corta tarde que me haría ya ver las cosas diferentes. ¿Algo nuevo? No. Me pasa con todos. Con todo.
Pulsé algún botón del móvil, para mirar la hora. ¿Cómo puede ser que un cacharrito tan pequeño sirva para tanto? Bah. Tecnología, innovaciones, futuro, progreso También se puede vivir sin ellos.
Me tumbé de nuevo sobre la cama. La calefacción estaba encendida, pero no producía mucho calor. Simplemente, un intenso olor a quemado.
Pensé en Richard Bachman, y en su genialmente logrado Charles Decker. No estaba nada lejos de la realidad. Ese monstruo, ese Mr. Hide, no es más que un reflejo de todos nosotros.
Me centré en la espalda. Me dolía después del incidente de aquella mañana. Y ese olor a quemado.
Pensé en levantarme a apagar la caldera, lo cual, en esos momentos, pienso que suponía demasiado esfuerzo. Se estaba tan bien. Esa cama... como iba a echarla de menos.
Offspring sonando de fondo, y algunos rayos de luna entrando por un resquicio de la persiana estropeada. Gaia me lamía la punta de los dedos, tumbada sobre mi pie izquierdo. Nada podría mejorar ese momento.
Y, claro, era de esperar. Me puse a pensar en todo tipo de cosas que podrían estropearlo. Oh, si.
Y sonó el teléfono. Claro, era de esperar.
Pensé qué hacer. Medité sobre qué hacer. Feelings, tatata, ta, tá.
Esperé a que terminase la canción.
El teléfono seguía sonando.
Feelings, get out of my...
- ¡Rayos, ya voy, ya voy!
¿Quién podría ser para no cansarse al otro lado de la línea? Sería mi abuela. No esperaba que fuera nadie más. ¿Olvidé comentar que carezco de vida social?

No hay comentarios:
Publicar un comentario