miércoles, 28 de diciembre de 2011

Sing women


Ceñidas,
ajustadas a su bajo vientre,
unas mallas oscuras
que bailan cuando respira, dificultosamente.
El viento le ha revuelto el pelo
que tampoco se había detenido a peinar.
Una chaqueta de cuero,
que termina en su cintura
hace finas sombras
a las que la imaginación ostenta
sin que ella quiera darse cuenta.

Una mirada
hacia arriba
y su pupila se torna gris,
gris azulado.
No colecciona lluvias,
pero si la sensación de no sentir nada
y sentir cómo cesa
bajo la humilde protección de su mirada,
reflejada en cada gota.

No encuentra aduanas entre ella y el mundo.
Sólo, aduanas y un gran muro de hormigón.
Solía bailar al son de la brisa,
pero de esta guisa no lo podrá ya ni intentar,
ni con aquella canción.



“Renunciaste a renunciar a tus sueños, ¿recuerdas?
Otra vez no has cumplido una promesa”
Y las miradas que tiempo atrás
prometían el mundo y más,
se habían tornado de reproche
y escaseaba
el broche, la guinda,
el que brinda la noche cuando te abraza con sutileza.
No había odio,
el odio estaba cansado
y durmiendo,
pero seguía habiendo
un sentimiento pesado
que, cualquiera hubiera o hubiese pensado,
hasta habría rechazado el más sincero beso.
Más que eso:
temía que aquello hubiera acabado.

martes, 27 de diciembre de 2011

Nad, diminutivo de Nadie

Hay un niño haciendo equilibrismos sobre una línea blanca pintada en el suelo, está solo, tararea una canción pegadiza que no sabe dónde escuchó, y con eso le basta. Las negras sombras que le acechan no pueden alcanzarlo, claro, su inocencia le defiende contra lo malo de todo este juego sin dados. Si alguien se atreve a decir que el juego está trucado no sabe lo que está diciendo, con tu azar y tu punto de vista tú escribes las reglas para luego infringirlas. Pero de eso la gente suele darse cuenta cuando está llegando al fin de la partida, y se vuelven etéreos para que una enorme estrella erróneamente llamada la Emperatriz absorba su energía y pueda crecer más y más. Hasta los Mas sucumbirán y a nadie le importará que no sea Octubre nunca más.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Elogio a un viento silbante

Voy a dejarte un recado pero prométeme que lo vas a cumplir, a partir de ahora dependo de ti al cien por cien. En esta caja guardo todos los susurros que has de llevarle, déjalos caer como si no fuera ni fuese contigo la cosa y márchate, que los asimile a solas. Serás el amo y señor guardián de mis miserias durante el más corto periodo de tiempo posible, digamos que te destrozarían como el último pero no por ello menos importante de los horocruxes, así que procura no tener ningún contacto con ninguno, y, si, he muerto por y para todos ellos. No te despistes, y, por lo que más quieras, no dejes que salgan; te aturdrirán con sus lisonjas y su retórica y ya no habrá manera de que vuelvan a entrar, son el genio de la lámpara que no te dejarán pasar ni una. Y si te pica la curiosidad, yo te doy permiso para matar a todos los gatos que quieras. De todas formas, tu dulzura sólo es mortal hasta cierto punto.

Contigo, lo mismo es lo distinto, lo tuyo es lo mío

La poesía no se lo merece. ¿O si? Si, tenemos confianza, no me ha abandonado nunca. Es más, aún guardo el libro de poemas que con siete años recitaba de memoria. Y con seis, y con ocho. Nunca supe ni sabré crear cosas bonitas, exortando a las palabras a decir lo que yo quiero que digan o a transmitir lo que yo quiero que transmitan como tan fructuosamente logras hacer tu. Pero tu tienes un don, pero tu eres perfecto. Es que si no supieras tu, no podría saber nadie. Siempre he preferido dejarlas volar y cuando llueva darles cobijo, pero nada más.
¿Debería gritar al viento que la amo como nunca hice contigo?

Y tu, ¿eres libre o estás vivo?

Francotiradores alerta y titulares candentes, “optimista se ahoga en bañera medio llena” cantan algunos de los más reseñables, pero con tal de que tu no hables te montan cualquier reyerta. Hasta mi abuela sueña con un mundo con el IVA negativo y con gente con tantas ganas de morir como de seguir vivo. Se acabaron las promesas, yacen, diáfanas,y queriendo sin querer ya no hay nadie que me pare. Pero no hay sombra sin luz, y tu proyectas una aureola que alumbra cual foco con demasiado tiempo libre, tienes sombra. Supongo que debe haber algo de luz en mi. ¿Quién sabe? Igual es el momento de echar un poco de luz sobre ese asunto.

Bleed your heart out

Mi cabeza daba vueltas, después de unos cálculos me había dado cuenta de lo mal remunerado que era ser persona por aquellos tiempos, de lo sacrificado que era ser un romántico, y de toda la mierda. Mi padre llamó al teléfono y le corté. La tristeza me dijo que ella también lo había notado, que no molaba dar esos largos paseos conmigo, que no eran más que tiempo perdido, ya que recurría a ella siempre que tenía que volver andando sola a casa, osea siempre. “Está acabando el año,” me dijo, “el año este que tanta polémica había causado por el tema de Resignación con todas tus paranoias sobre pasar página.” Pensé que no me había ido tan mal, al fin y al cabo. Pero lo tuve que pensar bajito, para que no me oyera nadie, mientras entraba en ese antro.
Olía a rancio. Había que bajar una rampa para llegar al meollo, y al final de la rampa había un espejo de cuerpo entero en el que vi que Reproche estaba de buenas esta noche. Escrito en el espejo había unas palabras felicitando el dosmil once. “A buenas horas” me susurró toda mi aplastante retórica, que se retorcía de la risa. Se entiende que el local debió ser un antiguo almacén rehabilitado, por el olor que seguía subiendo y el suelo que me recordó al almacén de la cervecería de mis abuelos que regentaba de pequeña. Pedí algo a media voz y pagué apagando algo dentro de mi historia, otro círculo cerrado por así decirlo. Con la consumición en una mano y mi orgullo bien encerrado en el bien cerrado puño de la otra, intenté pasar por entre el bullicio apartando la mirada de los cuadros de las paredes, a los que debió hacer mucha gracia mi aspecto porque cantaban y reían como si nadie fuera a descolgarlos y a dejarlos caer. Bueno, nadie lo haría. Al menos no esa noche. Algún lumbrera hablaba más alto que los demás, así que alcé la mirada. No era otro borracho, era simplemente otro poeta borracho que, sin afán de protagonismo ni ánimo de lucro, simplemente se había puesto a decir lo que pensaba. Y vaya si pensaba... una lírica pasmosa salió de su boca tomando vida, con colores vivos y bailando al compás de las caras de asombro de las gentes. Entonces alguien gritó “¡por favor, disparen al poeta! Lo hace lo mejor que puede, y me está sacando de mis casillas” y salió corriendo dejando una estela de incongruencias a su paso. Puede que fuera yo.
Una vez fuera, intenté volver sobre mis pasos, intentando intentar volver a casa, pero en vano. Caminé hacia el mar, consternada pero no tan decepcionada. Aquella mañana todo había sido tan maravilloso, que casi parecía inverosímil. Imposible no haberla cagado. “Cuando vas de fraude en fraude no debería chocarte” conseguí descifrar de todo aquel barullo que en mi cabeza estallaba. No importa demasiado quién lo dijera. Volver a pensar en ti me erizó el vello del alma, el almanaque dando vueltas y volví a perder las cuentas. Y de pronto estaba allí, ¿quién no se perdería? Imposible no cagarla, imposible no cagarla, imposible no haberla cagado.
Llegué al paseo marítimo y salté a la arena. De pronto alguien me preguntó, “eh, ¿y tus zapatos?” Pero en realidad no lo preguntó nadie, porque realmente yo estaba allí sola. Yo seguía sola, lo que se estaba convirtiendo en una odiosa rutina. Odiosa pero silenciosa. Es más, en realidad ni me importaba. En realidad, ni siquiera recordaba haber salido de casa con zapato alguno. Pero en la realidad, a diferencia de en mi cabeza, las cosas no son como yo las pregono. Me hundí un poco en la arena y dejé que el frío viento mareiro me calara hasta los huesos, purificando las palabras que ni antes ni después hubieran podido ser peores y midiendo la intensidad y el daño de los hechos hechos hasta el momento, ¿quién iba a saber que podría saber a qué sabía la culpa? Sabe como el remordimiento, pero esas cosas no te las enseñan en primaria. Mal que me pese.
Sentí las caricias de una brisa que no parecía querer tener nada que ver conmigo y vi como una niebla bajaba a arroparme y a darme las buenas noches, con la necia esperanza de que muriera para siempre. Hay quien no desiste en su afán de hacerme desistir. Entonces alcé la mano en la que guardaba mi orgullo, el puño que no había aflojado ni un ápice, y lo lancé con fuerza al mar, con el propósito de que muriera rápido, y no tuviera que soportar la afasia a la que se estaba viendo sometido desde hacía tanto, tanto tiempo.
Pensé que sentiría como si una pequeña parte de mi muriera, pero Decepción me explicó que no puede remorir lo que lleva lustros muerto. Por una parte lo entiendo. Siempre lo entendí. Entonces, de repente, el mundo sí pareció estar pintado a mano, un gran cuadro como los de Coyne, con mi sangre derramada en una de las esquinas inferiores. Y no exactamente derramada en vano. Seguro que evocaría sonrisas en más de uno, fiestas en cualquier parte y muertes por exceso de júbilo. Y así día tras día. El no poder más diario me agota.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Demons

Nada es nunca tan horrible como yo pueda habértelo pintado de antemano; ya sabes, lo siento y todo eso. Acabaremos locos, perdidos en una ciudad que no deja nada que desear, ¡son las gentes las que están mal! Esas maravillosas gentes... Buscando a tientas la mano que agarrar para no caer. Bueno, para no caer y destrozarse. Caer caemos todos. Llorar no tanto. Yo te diré quién tiene todo y se queja mientras los demás nos desvivimos por que a mamá le cojan el en poco digno y mal pagado trabajo que se le ha presentado. Para eso sirve la gente con estudios, cabeza y criterio. Para ensanchar los índices de paro. No, miento; ningún trabajo es denigrante si es fruto de tu esfuerzo: denigrante es robar o gritar, vestirse de pocoyó diez días seguidos por cuatrocientos euros no. Hay topes, no todos tenemos el nuestro al mismo nivel, pero eso no quita que los haya.
Siento las desilusiones, en mi defensa alego que en algún momento se me pasó por la cabeza hacer todo lo que pude, pero estaba demasiado cansada de llorar, si eso os reconforta. Acabaré humildemente alabando la humildad, tirada en un rincón de una calle principal lamentando el haber lamentado demasiado como para mirar y verme reflejada en la gran ciudad que se levanta por encima de nuestras oscuras sombras y nos regala los resquicios de los amaneceres enviados directamente del Mediterráneo. Juro que acarrearé con las culpas.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Novidad


Las cosas van genial, el sol brilla y los gordos cantan ópera. La agresividad fluyendo en forma de palabras hirientes y sin sentimientos ya no es cosa del pasado: vuelven, vuelven para atormentarme. Con sus seductores bailes y sus ojos tiernos, su voracidad y su hambre de utopías breves pero utópicas. Es entonces cuando los sueños altruistas llaman a mi puerta con una sonrisa  en la cara y un puñal bajo el brazo. Lástima que siempre me pillen durmiendo o haciendo errados intentos de suicidio, durmiendo. No creceré más. Ni los techos me quieren cerca. El suelo se jode.
Ya no es exactamente que las navidades me depriman, sino que ya no hay nada que no me deprima. Mi padre está allí tan solo, sin nadie, y yo estoy aquí tan sola, entre tanta gente, con todos los paripés. Me quedaré muy sola muy muy pronto, doy demasiado asco, soy demasiado gorda, demasiado fea, demasiado fofa, demasiado irresponsable, demasiado deprimida, demasiado desordenada, demasiado inmadura, demasiado vaga, demasiado tonta, demasiado nada, y no lo suficiente algo. No hay nadie para mi, pero yo siempre estoy para todos. Y así estaré, y siempre abarcando más espacio si la naturaleza sigue su curso.
En ningún lugar hecho para mi hay alguien para mi, tampoco hay ese lugar hecho para mi, no encajo con nada ni nadie. Soy la única persona así, si a mi se me puede llamar persona. Un estorbo, medio homúnculo.
Me quedaré en mi rincón, donde mi grasa abrazará a mi grasa para no pasar frío y yo me quedaré sola, sola y tiritando otra vez, sin remedio, como siempre; para siempre.
Voy a sufrir, a llorar, a vomitar, a destruirme y a destruir a otros, y no necesariamente en ese orden.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Stay gold, Fallboy

Grité como una condenada, y ahí fue cuando me di cuenta de que se me estaba poniendo la voz ronca de casi no hablar con nadie. Y de eso hace ya dos días. Las cosas no van mejorando, lo supe cuando me llamaron por teléfono, y al contestar, me preguntaron “¡Oh, lo siento! ¿Te he despertado?” No me hizo mucha gracia. A la quinta vez colgué directamente. Sólo estoy solicitada cuando lo de hablar me sobrepasa.
Volvía andando a ninguna parte donde nadie me esperaba y una hoja me cayó sobre la frente. Miré a mi alrededor y vi que estaba todo lleno de hojas caídas. “Que extraño,” pensé, “¡pero si ayer era verano!” Recordé cómo, de pequeña, en una situación similar, había preguntado a mi padre que cuándo y dónde caía la primera hoja. Me dijo que tratara de averiguarlo sola, que a lo largo de mi vida fuera buscando las respuestas a mis incesantes preguntas. Me dijo que si alguna vez encontraba la primera hoja, la guardara como mi más preciado tesoro y corriera a enseñársela. Hoy en día, correr a enseñársela sería complicado y lento, tardaría dos horas y media en avión o por ahí, pero la idea sería la misma. Reflexionando, a los pocos días, me di cuenta de que no hay una primera hoja que cae. A cada segundo, en algún lugar, siempre hay hojas cayendo. Hemisferio norte, sur, se hable el idioma que se hable, siempre caen las hojas en un otoño perenne que arrasa la tierra y la llena de amargura. Recuerdo cómo corrí a contarle mi descubrimiento, y recuerdo el pacto que hicimos, recuerdo cómo acordamos que, si alguno de los dos se hacía millonario, compraría una avioneta con asientos para dos y perseguiríamos los otoños hasta el final de nuestras vidas. Ahora sólo pienso en que no me he dado cuenta, en que de un día para otro todo se había llenado de hojas muertas que no tenían ninguna oportunidad por delante, fui pisando por un cementerio de cadáveres que morían en silencio, que sólo el viento y yo recordaríamos, soltando una lágrima por cada hoja que cae en el mundo, soltando una lágrima por todos los que caímos. No sé cuándo he madurado, creo que nunca. Me repito más que el peor poema de Witman pero sin antologías brillantes pendientes de un hilo al filo de los escaparates, mis obras no son obras y por lo tanto no serán recordadas, no soy capaz ni de ayudar a alguien que me lo pida incesantemente, no consigo acabar mis pripios textos y menos los de los demás, y releyéndome me he dado cuenta de que no creo más que basura, que la basura está en mi mente y en mi vida, y que no lograré deshacerme de ella. Voy a acosar a ese imperturbable anochecer con mi avioneta con dos asientos del que sólo podré ocupar uno, con la única esperanza de que, por alguna casualidad, tu yo yo aullemos a la misma luna esta noche; de que no tengas demasiado frío.

sábado, 10 de diciembre de 2011

We live half at night

Irradiaba algo, bueno tal vez, malo quizás, algún tipo de aureola saturada de conocimientos, o algo así. Puede que algún idiota me retuviera en el arduo camino a casa y me hiciera algún idiota amago de truco de magia, algo que posiblemente llevara practicando desde que había salido, un fraude absoluto. Algún idiota truco sin relación alguna con la magia con una idiota sonrisa acompañada de una posterior carcajada que, de forma, ahora si, mágica, partió brincando de la mano de la mía para no volver. El caso es que puede que apreciara a ese idiota. Carcajada soltada, recuerdo cómo se repitió una escena de la semana anterior, un intento por su parte de iniciar una conversación insinuando preguntas fáciles y chistes malos, con el no en la punta de mi lengua. No un no directo, sino un no evasivo, un no que reserva algunas sorpresas para el final, para el final lejano, pero que se va al fin y al cabo. Un no que silba con las más sinceras sonrisas, con un sol que llega de lado y riendo unos chistes que, cuanto más malos sean, más gracia hacen. Y en aquel banco se quedó aquel idiota, aquel sencillo y agradable idiota. Puede que aquel idiota intentara darme ánimos al ver mi cara larga, que con un palo y su ingenio hubiera elucubrado no sacarme los ojos pero si alguna sonrisa. Seguí mi camino, contenta, culpable, sumamente cansada y con una tan gran como del todo inconsciente sonrisa involuntaria que no me sería más que contada. Me dió tiempo de inventar un mundo paralelo con su política y todo en el espacio de tiempo que me quedó hasta la siguiente interrupción, que no recuerdo demasiado bien. El tiempo de pulsar el play y escuchar unos primeros acordes que si recuerdo, y escuché un “hey” lejano. Tal vez no tan lejano como quería aparentar, resulta que siempre hay alguien apoyándote desde la penumbra, la casi sombra, los escrutables pero inescrutados caminos de la soledad y el subconsiente. Puede que me preguntaran algo sobre el examen, o al menos eso es lo que recuerdo. Les hice un gesto de “más o menos” sacudiendo la mano, con la cara de agradecida que me salió en ese momento, y una sonrisa inevitable que había hecho que los pómulos me impidieran ver a través de los ojos de las cosas. Mi ojo aristotélico sollozaba de rabia, pero con otra sonrisa. No hace falta saber la vida de alguien para intentar apoyarle, la mayoría de las personas tiene problemas; esas dos personas que me gritaban “suerte” desde las escaleras no eran dos excepciones. No cuesta nada intentar transmitir algo de energía a los que aparentemente la necesiten, aunque sea fingida. Recuerdo vagamente cómo el reflejo de un sol extraviado sobre un papá noel me deslumbró los ojos, y algo de todo aquello que pensé mientras volvía a casa. Puede que cogiera algún desvío, alguna calle solitaria, para volver a casa haciendo el avión como lo hacía con mi padre en la plaza del ayuntamiento de Blois, o puede que no. No lo recuerdo demasiado bien. De todas formas, no hace falta sacar una lección moral de todos tus actos de todos los días, ¿sabéis? Hay quien se suicida cuando tiene que ir a comprar los sellos para enviar las postales de navidad a su padre, y hay quien, sencillamente, le cuelga el teléfono mientras sonríe, puede que llorando un poco por dentro. Pero siempre con una sonrisa.

And she won't be loved

Hubiese sido tan feliz domando una a una todas las hormigas que corren por mi piel cuando sonríes.
Tus palabras, tus susurros, me hablabas tan cerca de mi que podía sentirlo. Ahora sé de que color es el viento, tan dulce y hechizante que se escapa de tu boca, es el único que quiero respirar a partir de ahora. Mis alveolos me han dicho que les gustas. Sentía como la vida rebosaba dentro de ti, si te miraba fijamente podía distinguir cada sentimiento alforando y escondiéndose a modo de autoreflejo ultradefensivo. No hay manera de salir adelante de esta guisa, quizás pueda ir resolviendo tus misterios y secretos, emocionantes atrayentes absorbentes frustrantes desesperantes alentantes y deprimentes, entornando un poco los ojos para verte mejor y hablado más bajito para que tengas que acercarte otro poquito, otro ratito. A ti te gustan los chistes malos y a mi me gustan tus chistes malos, ¿quién ha dicho que no tengamos nada en común? ¿Dónde o en quién está el problema? Lo siento, pero, no he podido evitar reparar en esos puntos de sutura en la comisura izquierda del labio inferior. Bailan cuando te ríes. Lloran cuando pones esa sonrisa con la que pides disculpas. Oh, si, eres como un cachorrito. Se rien de ti cuando pones voz de enamorado, al hablar con ella. Puedo ver como saltan de un lado al otro, desternillándose, con sólo un "hola" fugaz seguido de unas "horas" de charla audaz. Aspira.

Sunday, bloody sunday

Voy a destrozarte hasta que vomites y después te pisotearé con la ayuda de las cenizas que emergieron de tus entrañas. La verdad puede ser como un dedo en la garganta para aquellos que no saben soportarla.
Ideas comprimidas en ZIP para que no las entiendas ni aunque te esfuerces y rabias que te catarsisearán la existencia sin motivo o razón aparentes. Aparentes porque las apariencias engañan. Parece que yo estoy mal pero nadie sabe que bajo una fachada de demencia y tres o cuatro de grasa estoy aún peor de lo que aparento. Segrego poca serotonina, un nada, una mierdecilla. Pero eso nos supera a Mi y a mi, está muy por encima de nuestro alcance. Las apariencias os han engañado. ¡NECIOS!
He acallado mi súplica y ha salido el intento constante de suicidio metafórico. Tiempo libre, demasiado tiempo libre everywhere.
Me gusta el café solo solo; mezcla la metáfora idónea con el sabor adulto y puro. Total, al final acabamos todos llorando como putas bajo la lluvia.
Siempre soñé con que alguien, galopando un blanco y manso corcel, me sacaría de aquella horrible casa. Ahora, el decorado ha cambiado pero los sentimientos siguen siendo los mismos.
¿Por qué es tan importante la apariencia? Lo de dentro no os importa. Que os jodan.
Estúpidos, ¿qué diablos os importa lo de fuera? ¿Acaso sois mejores que yo por ser más guapos, más delgados, o más altos que yo? Al diablo. Ya me diréis que puto divertimento le veis.
La puta mofa por el puto placer de la puta mofa. Me he extendido a la música más deprimente y a la cara más horrible y terrorífica que encontraréis en toda vuestra puta carrera de mierderos fiesteros. El que más o el que menos, todos os habéis reído de mi alguna vez. Y juro por Henriette que seguiré haciendo demasiado poco cada día para remediar lo mínimo imposible. Pero no ahora, no todavía. Ahora estoy en el punto más álgido de mi depresión de hoy. Igual es por el clima frío, los amaneceres fríos, o el frío de mi alma, pero esto no tiene pinta de ir a acabar pronto. Ni bien. Mucho menos bien que pronto. Una parte de mi cabeza te amará mientras la otra, de rodillas, me gritará al oído “por favor, vuelame a tiros”.
Seis meses. Hoy debería prender fuego a mi casa. Voy a sonarme los mocos con tus sonrisas.
NO PIENSES QUE ESTOY MUY TRISTE
SI NO ME VES SONREIR.
ES SIMPLEMENTE DESPISTE, 
MANERAS DE VIVIR.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Repercusiones, repercusiones everywhere

- ¡La cabeza, la cabeza!
Y un impertinente pitido inundó el poco hueco que quedaba en mi craneito, el espacio libre que dejaste una tarde de lunes.
- ¡La cabeza, cortadle la cabeza!
Una pequeña libreta cayó entonces del agujero donde se supone que antes había un corazón, que me apresuré en recoger. Paré de correr cuando vi un enorme muro que se alzaba desafiante justo delante de mi, como puesto de forma tan mágica como estratégica. Entonces cogí el micrófono y empecé a chillar. Parecía el degollamiento de un mono chillón, válgame la redundancia. Tras captar su atención, me dirigí al público:
- Ebrios patanes de la grada, por favor, absténganse de lanzar frutas y hortalizas. Resérvenlas para el segundo acto, para los tíos en mallas.
Gritaron algo así como "felicidades". Yo susurré "hoy debería haber quemado mi casa", pero lo susurré al lado del micro, y a mi frase siguieron una ovación y una lluvia de lanzas incendiarias, y no precisamente en ese orden. "¡Si, ayudémosle a quemar su casa!" "¡Viva el altruista civismoooo!"
Era un día uno, de cuyo mes no quiero acordarme; el día uno de una vida mas seis meses, pero no recuerdo cuál exactamente (no lo creais, es completamente mentira).
Pese a todo, creo que eran las siete de la mañana. Desde que tengo uso de razón, siempre pensé que a esas horas las calles estaban cerradas, pero a lo largo de estos años he descubierto que la gente sólo protege las cosas a las que quiere, y nadie quiere a nadie más que a si mismo. Ergo, nadie cierra las calles y cualquiera podría ir a robarlas, noche incluída, a esas horas intempestivas. Sólo los gatos callejeros nos quejaríamos. Pero a nosotros no nos quiere nadie. Es lo malo de creer que eres libre.
Resonó entonces un eco metálico de recordatorio de aeropuerto "Atención, pasajeros, el sueño despegará a las siete y cuarto. Repito, siete y cuarto. Pasajerrrros al trrrren" Llegaba tarde como siempre a todos lados. Me senté en el suelo para asegurar que no llegaría antes ni por casualidad, e intenté que mi pequeño mechero rojo hiciera honor a su color, en vano, a causa del viento que intentaba levantarme del suelo, como tantos otros antes. Maldito iluso. Tras conseguirlo y terminar lo que no recordaba haber empezado, me levanté del suelo. Un surco de sequedad contrastaba con el resto de aquello que yacía bajo mis pies, que, sin darme cuenta, se había rendido a los encantos de la lluvia de Dic... de un mes que no recuerdo, del que no quiero acordarme, y se habían hecho uno. Recuerdo que al llegar al final de la calle me giré, para despedirme, y me encontré con que había sucumbido. "Tu también, capullín". Al final todos te traicionan.
El averno había adquirido hasta ahora el parecido más que cercano con una humeante vagina que se abría como loca sólo de pensar en mi. Por otra parte, mis neuronas habían llegado al alto rango de monjas salidorras que saltaban a la mínima mención del padre, en el nombre del hijo y en presencia del espíritu santo. Amén.
El impertinente pidido del diablo sonó por segunda vez en esa fracción de segundo. Caí en mi propio cepo, abrí los ojos y un monstruo afroso con la cara demacrada y la melena alborotada me asesinó desde el espejo. Yo también te quiero, amado reflejo.
Hoy tengo el pelo casi tan sucio como el alma.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Símiles eufóricos


Si alguien me hubiera hecho recordar algo de aquella mañana, le habría, como poco, torcido la cara. ¿Qué culpa tendría yo de que todo fuera o fuese maravilloso? No me regodeaba, qué va... hacía, entre otras cosas, un precioso sol de medio día, como de mediados de Octubre pese a estar  finales de noviembre. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa noviembre? Octubre es un mes magnífico. Era un templado sol que me recordaba mis templados ánimos, a la temperatura perfecta, como nunca. Tibias conversaciones post examinales, tibias mentes que rara vez piensan pero que piensan más de lo que hablan, y hablan mucho. Tibias mentes de ardiente sangre e hirviente sentido del humor, justo lo que me hacía falta y cuando me hacía falta. Me siento bien, me siento bien conmigo misma. ¿Qué coño?, ¡ahora mismo me sentiría bien hasta el el lugar más inhóspito con la persona más estúpida! El hecho de que tus frustraciones personales se vean resueltas es un gran mérito, para alguien de mi calaña y mi turbia cabeza tibia. Qué tibio día, tibio examen, atibiados nervios con algún atisbo de indicio de muerte, pero casi nada. La felicidad, o algo así, entra por un oído y te sale por el otro, pero purifica a su paso y seduce a las malas ideas para bailar todos juntos al compás de esta melodía salvaje que es el universo dando vueltas, los árboles cerciendo y la gente muriendo. Bailemos juntos de la mano con las brillantes sinalefas que nos acompañan; la música es poesía, y la poesía somos nosotros.

Caminatas

Mi cuerpo vibraba frenético, caminaba demasiado deprisa, como para olvidar lo que había olvidado, como la chaqueta o que no debería haber salido de casa esta mañana. "¡Qué chorrada," decía mi elocuencia "como tantas otras, como todas las otras!" Y la verdad es que tenía razón. Creo que papá me daba los buenos días, últimamente se levantaba temprano para activar la telepatía wi-fi. Me enviaba calor desde alguna cama con barrotes, con unas sábanas seguramente blancas, a juego con la funda de la almohada, y con algún logo pintado en alguna parte. Ahora si que estaba helada, y me refugié en mi misma, como tantas otras veces me habían dado la experiencia suficiente para no morir congelada un jueves a las ocho de la mañana en plena y desértica avenida. Un yo mudo pensaba, otro gritaba, y mi cordura dormitaba, cansada tras una noche luchando sin resultados contra mi. Mi yo pesimista, el que escribe casi siempre, lloraba en un rincón, y yo sólo pensaba en concentrarme y recordar que, con sumo cuidado y algo de frecuencia, debo intentar aspirar un poco del aire puro y fresco de la mañana, sentir como entra y me purifica la tráquea hasta llegar a unos envenenados alvéolos, quienes lo acuchillaba con ayuda de la suciedad de un macabro corazón, para sólo dejar salir vástagos sedientos de sangre con los cadáveres de sus antiguos compañeros. Y así, una y otra vez hasta pudrir completamente el aire y a los seres que vivimos aprovechándonos de el. El yo del otro lado del espejo seguía reprochándome el no haber dormido, el no haberlo intentado siquiera. El resto dormían, concentrando los vestigios del poco calor que mi cuerpo había sido capaz de crear y almacenar cerrando herméticamente los agujeros de las mangas por los que, se supone, pasan las muñecas y después las manos. Los mandé callar a gritos, aún a sabiendas de que, ahí dentro, si hubiera habido una única persona que careciese de voz y voto, esa era yo.
Tenía las sienes llenas de física y las muñecas poseídas por una extraña prosa que intentaba, sin éxito, escribirse sola en ese aire tan frío como los besos. No, el estómago; el estómago lleno de física. Si bien sabía que medio litro de café en ayunas, aparte de ser una pésima idea, sentaba fatal, no lo pensé hasta justo aquel momento. Los vapores sulfurosos que amenazaban con destrozarme por dentro deberían haber significado algo para mi, haber dolido al menos. Algo, alguna señal de que estaba viva. Al ver cómo reaccionaba ante la anestesia natural que es un buen cambio de temperatura en ese estado, me agaché contra un matorral a ver si se iba, pero había decidido que se estaba a gusto y que esa sensación nauseabunda me acompañaría toda la mañana. Me consolaba pensar, al menos, que había sido meor idea que haberme quedado durmiendo. Eso decía la cordura, aunque la locura discrepaba: ella sabe que no es así, que ese día no debería haber salido de la cama. Los grandes cristales de un escaparate me devolvieron una cara de miseria y agotamiento que lo respaldaba.

Amarguras

Me levanté y me vestí, tal vez demasiado deprisa, sin saber todavía si los primeros zapatos que habían querido venir a caer a mis manos harían o no juego con la primera camiseta que había amenazado con saltar de la percha de mi deprimente pero pulcro armario segundos antes. Mi espejo me reñía por haberme pasado la noche leyendo, leyendo aquel libro blindado contra cualquier atisbo de dispersión del pensamiento. Era capaz de fulminar el menor brote de  mi que asomara, asustado, aquel libro que nunca terminaría, al que sólo recurría en casos de extrema necesidad, y este era uno de ellos. Me gustaba, me sumergía en su escritura impoluta, en su no tan necia cordura adulta, palabras no tan usadas que esas que, si, tanto me gustaban. En mi cabeza, ese estúpido estropeado frenético y errático reloj que siempre giraba en sentido contrario al resto del mundo, podía percibir, si me concentraba, el eco de una insulsa conversación que no lograba dictaminar como inocua (nada lo era, en estos tiempos locos), que decía algo así como "tu deberías haber nacido en los años cuarenta, o por ahí". Recuerdo, después, mi cara marcada por la más honda consternación y mi más sincera afirmación a la que precedía una frase de la que no me siento demasiado satisfecha, que no recuerdo siquiera, que, aunque no con las mismas palabras, venía a decir algo así como que, de darse tal caso, mis pensamientos, tanto como mis modales, se remontarían al siglo anterior, y así sucesivamente. Luego me diste la razón, Asr, y supongo que habrías dado mi caso por perdido si no lo hubieras hecho hace ya... lustros.
Contra todo prognóstico, el espejo me miró con una especie de mueca loca de lástima que me indicaba que me disculpaba por mi aspecto y que podía ir en paz, o no, a donde quisiera (o más bien tuviera que) ir. Me dejaba pasar los ojos rojos que habían pensado, y tal vez con incluso parte de razón, que era buen momento para volver a abrir el sistema de riego, sin impermeables ni nada. Los impermeables son para nenas. Ya nunca soy consciente cuando lloro, o prácticamente nunca, sólo percibo el profundo dolor que te presiona el pecho una vez has terminado, ese hueco lleno de rabia que deja la tristeza cuando se marcha y sólo queda sitio para la desesperación. Pero me dejó ir. Me puse la mochila en la espalda, las llaves en el bolsillo izquierdo, las hojas en las que me había puesto a plasmar las incesantes chorradas incoherentes que, pese a todo, no me dejarían ir, en el otro bolsillo, y tal vez algún rastro de la alegría de vivir sabe Dios dónde perdido entre la comisura de tus labios y los míos. En mis venas había más café, amargo, en sagre que propia sangre, demasiado clara y escasa como para indicar, de alguna extraña manera, que ese extraño "yo" formaba parte de alguna extraña mezcla de genes, que encajaba en alguna extraña parte. El espejo de la entrada me miró con reproche pero con cariño, y me lanzó un "adiós" entornando los ojos.

La alegoría de la farola

        Tan sólo pienso que estás loco, -dije, muy lentamente, como quien explica la teoría atómica de Dalton a alguien con la cabeza llena de vocales unos colores brillantes, pólvora- loco de remate. Tus teorías no se sostienen.
Le miré con reproche, una vez más. En sus ojos el iris bailaba al son de la música que me cedía la palabra.
        Lo ves todo desde una perspectiva maravillosa, eres un jodido adicto a un crack metafórico, muy alucinógeno y de muy corto efecto. Todo eso te hunde más en la mierda cada vez que vuelves a bajar. Sé que tengo que elaborar mejor mis metáforas, y discúlpame, pero no deberías siquiera tratar de salir de ahí dentro.
        Me perdí por algún corredor.
        ¿De?
        Tu pozo, la prisión. Ayer por la noche. Sigo sin encontrar la celda con un número que me convenga. Me haces soñar, eso es lo que me gusta de ti; -añadió, con una mueca que no iba dedicada a mi, ni a el, ni a nadie, que indicaba simpemente que no estaba allí del todo conmigo, sino en un mundo de melancolía y añoranzas, su búsqueda de si mismo. La mueca que me indicaba que todo lo que pudiéramos decir, hasta que él no volviera, carecería de relevancia. La mueca que me animaba a animarle a que me animase el día con preciosas mentiras adornadas con joyería barata y olor a libros viejos y a música nueva.- deliras. Nunca entenderás por qué hago lo que hago, el hecho de que esté dispuesto a invertir
        Perder -rectifiqué secamente.
        Invertir -sentenció, con una voz pausada que zanjaba el asunto, a su manera- mi tiempo en ti. Para que recurdes la sensación de optimismo que hace ya mucho tiempo olvidaste. Cuando aún eras aquella otra persona.
        Crees ver, intentas creer ver algo más en las personas.
No me apetecía explicarme, no allí ni entonces, no otra vez más, no otro día por la noche, no con ese frío ni con ningún otro calor. Fuera como fuese, allí estaba, erguido todo lo que podía. Algo más de una cabeza y media era lo que separaba sus ojos de los míos. Bueno, eso, y algo de dioptrías, una cantidad inconmesurable por ambas partes. Y, sin embargo, allí estaban. Como dos solitarias notas de azabache que destacaban sobre la inmensa partitura de su piel de pergamino antiguo con sendos surcos que les hacían cuna, fijos en mi. Míos. Ellos decían con una mirada todo lo que yo no había querido entender en toda una vida. Las pupilas muy grandes, inversamente proporcionales a la extraña luz que emanaba la única y pequeña farola que nos habíamos encontrado a lo largo de esa interminable calle, con un indivisable pero seguramente inhóspito final improvisado, que tal vez desembocara en las mismas puertas del averno. "No importa," pensé cuando ese pensamiento cruzó fugaz mi mente la primera vez, "le acompañaría hasta allí si la ocasión se terciase". La farola, igual que nosotros, no se había movido de donde estaba cuando nos la encontramos. Con su permiso nos recostamos en ella, y nos proporcionó la luz que la oscuridad nos quitaba.
        Tan sólo digo lo que pienso -se defendió sin ánimo de defenderse.
        Pero ves algo que no existe. -reinó el silencio, y tras unos segundos rectifiqué- Crees verlo. Ves virtudes donde solamente hay borrones y manchas con los ojos tachados con cruces de tinta negra. Malas experiencias.
        De eso estamos hechos.
        De eso nada.
        De eso todo. No creo ver, intento ver, busco y suelo encontrar la diferencia; normalmente lo consigo. Y creo que tú tienes ese algo especial. Te distingues de los demás por esas cosas que sabes pensar cuando nadie más lo haría. Pero siempre acabas desistiendo antes de llegar a culminar tu obra. ¿Cuántas novelas no empezaste para luego abandonar a su suerte? Lo haces por tu falta de fe en ti misma, pero eso es lo que te caracteriza, no deberías olvidarlo, tu te caracterizas a ti misma, y eso es lo que te distingue de los demás, y no el cómo seas por fuera.
        Intentas -mi voz sonaba ya algo exasperada, mi alma halagada y mis ojos muy, muy cansados- confundirme. De nuevo. Con ese precioso palabrerío que haría creer al Papa de Roma que soy la reencarnación de un mono feo y peludo. Claro que, es bastante verosímil. Lo que pasa es que hay gente que está mejor preparada para recibir tus halagos. -Mis ojos rogaban, eran pura súplica- No quiero que vuelvas a decirme cosas bonitas nunca más. Me encantan y me dejo llevar, eso me alegra, y así me hundo.
        Sácale partido. Aunque no me hagas caso.
Pero me perdí. Cerré los ojos, no deseaba irme, sólo contener las lágrimas, aunque mi mente ya volara lejos. Y se fue. Se esfumó. Se volatilizó en cuenstión de un segundo, dejó una mancha apoyada en la farola, un aroma a buenas palabras con un precioso olor que no olía a nada, y me pregunté que cómo podría ser mi subconsciente tan brillante y tan perverso, que por qué mis ojos ardían de nuevo, recordándome que no había nadie allí desde el principio, que estaba sola otra vez, que seguía sola, y sola lloré todo el camino a casa. "Quiérete," me susurró al oído la brisa fría que recorría mi espalda, dejando atrás la falsa pero física sensación de calor que las engañadas frías gotas de sudor de mi frente había tornado suyas. Volvió a mi la voz de mi padre. "El dolor es psicológico. El frío es psicológico. Si puedes hacer que no te duela, no dejes que los demás piensen que eres blando. Sé siempre fuerte. Si eres fuerte no puedes tener miedo." O algo así.

martes, 22 de noviembre de 2011

A+++



No me gusta que la gente ande por mi habitación, ya que guarda inefables secretos inescrutables.
Por otra parte, mis ojos siempre me han delatado. Ellos dicen “eh, mirad, soy pequeña y miope, y no he dormido gran cosa esta noche, pero voy a sonreír hasta que me duela”
Tengo pasatiempos extraños, como reñirme en verso o tirar globos desde un doceavo piso.
Tampoco suelo caer en la mítica filosofía básica barata, esto requiere otro de mis explicamientos de mi afamada teoría sobre los días grises y aquello de “gente=mierda”, pero no me alabéis todavía ni me sigáis el juego. Os sumiré en mi amargura, no creo que os apetezca. Mi amor por la raza humana roza lo hilarantemente misántropo, así que que os jodan a todos, pero con mucho cariño. Sois gente maravillosa.
Me cuento mi maravilloso día de hoy (“¿Qué tal, cariño?; Bien, mi amor”) en pocas y feas palabras a la hora de dormir, Hermi pone caras raras ante mi brillante escasez de terrícola cordura. Me he tragado de vuelta mis celos con recelo entre cambios y cambios e infinitos cambios de clase y estado mental, en quelques horas. No comprendo cómo alguien puede estar celoso de mi, y menos teniendo una ínfima relación con Palote, pero los misterios misterios son y los desenmisteriadores con los cojones suficientes han dado mi caso por perdido. “Tus ojos me han dicho que no has pegado, en fin... eso” Porque la gente es avispada, y sólo Annie Wilkes se creería que las avispadas avispas africanas te sumen en el letargo. Yo me lo creo, me toca amputar miembros inútiles, como piernas o narices. Cuando me levanté había una nota en la cocina dedicada a mi que decía “tu si que vales y no Rajoy, un beso guapa” y un corazón. Lástima que no la viera, me habría alegrado la mañana, o al menos parte de ella. Cuando cae la noche siempre tengo que sacar la caja de costura a remendar tus palabras de la jornada. Se acaban cayendo igual. Cenicienta era una belleza, menospreciada, yo soy menospreciada a secas. ¡Y menos mal!

- Yo eso no lo puedo hacer, al menos un poco más eres.
-Soy un hobbit.
Silencio.
- Me gusta ser un hobbit.
- Coño, si tu eres un hobbit, entonces ¿yo qué soy?
-El padre hobbit.
-Un gnomo.
Desternillante. Siempre me ha dado lástima Diógenes. Lo ponen verde, sólo por restar importancia a las cosas materiales. El fue el verdadero padre del comunismo. Coño, el y Lennin se lo deben estar pasando como cabrones en el cielo de las ideas y los ideales, quien, por desgracia, roza el overbooking. Todos están cayendo, en estos tiempos locos que corren; espero que se vayan cumpliendo poquito a poquito. Antes, con los pocos que expresaban sus ideas ardía en deseos la marabunta de cumplir esos sueños. Ahora, por mucha marabunta que sea, los pocos que importan a los ojos de la sociedad están comiendo el culo a los que les pagan los balnearios y el servicio de habitaciones. Vergüenza debería de darles, aunque así no sea. De todas formas, aquí habéis vuelto a la edad media, prácticamente. Como siempre, España está por detrás y cuando unos avanzan de siglo vosotros os hundís más en el anterior. Yo lo siento, pero reniego de todo lo que me ata aquí, de todo lo malo, que no es poco pero me sirve. Aquí os dejo con vuestra gran cagada, aprovechadla. Seguro que es buena para el cutis
Y tras esta diatriba pueril que no viene a cuento, en la que seguramente haya dicho diletantes burradas irremediables, he de aclarar, amor mío, que no hace falta ser un romántico para ver que más allá de los cuatros y medios en historia hay un mundo de belleza y dulzura que puede ser tuya por el módico precio de una sonrisa de vez en cuando, en la que no necesitarás tus tristes “has” ni la palabra cabrón/a/es/as. Podría echarte una mano si quieres a ser igual de malo que yo en todo lo que quieras. Pero sonríe, que para bitters es better que me quede con todas las plazas. Además, traigo noticias recién salidas de la boca de algún chiflado caliente. No me engañas, sé que te encantan...

domingo, 20 de noviembre de 2011

Copiones y tramposos

Máximo exponente de la afasia, lo que te cuento es tan pueril e inefable como cualquier cuento de Disney, es, la solución a una vida ávida de miserias ajenas. Sonríes sin programarlo, y olvidas una posterior suturación. Las cosas importantes, aunque nimias, son importantes. Yo soy nimia, una hobbita, pero importante como para romper una silla con sólo sentarme encima.
Todos muertos. Te mueres y te olvidan, eres el "era el mejor" por un espeso período de tiempo, y luego: nada. No constas en ecuaciones ni en ninguna contraportada, no tienes siquiera una sola aportación a un triste periódico dominical, no hay cruentas leyendas, no fuiste siquiera inocuo; no fuiste nada. No eres nada. Ubi sunt?
La proeza no está en garantizar la certeza, sino en levantar el que más la cabeza y que todos duden hasta de dónde sacas el dinero para cerveza. Tramposos sin escrúpulos capaces de medir la media inmedible con dos puntos por encima de la honrada prole que sin derechos ni virtudes optó por salir por el camino de las manos limpias con las manos y la conciencia limpias.
Leibniz vivía en el mejor de los mundos posibles, de eso no cabe duda; pasó a la posteridad por un montón de relativas pamplinas que poco nos solucionan hoy día. Vivía en su mundo, en el mejor mundo que pudo crearse, y desde allí fingía, fingía como tantos otros. La verdad absoluta no es aquella que trata de imponerse y el lo sabía bien. No es de optimismo de lo que hablamos. Tampoco de realidad, y yace ya tiempo que he vuelto a referirme a grandes pensadores de este siglo como podemos ser tu o yo, o cualquiera que tenga ojos de que en cada momento miles de preguntas sin respuesta y respuestas sin pregunta puedan cobrar vida propia y emerger de las cenizas de la autodestrucción que venían en una caja en forma de corazón que custodia su primera colección, de balas, salidas del cajón, y se pregunta "¿cómo es que no he matado a nadie todavía, si ya he perdido la razón?". De la misma manera que cuando hacemos algo vergonzoso tratamos de ocultarnos entre las sombras, gritamos "yo no he sido" para que todos puedan oírlo, bien fuerte, por evidente que sea. Las apariencias no engañan ni dejan de engañar. Las apariencias son apariencias, ellas no tienen culpa de nada, nosotros las manipulamos a nuestro antojo y no siempre a nuestra imagen y semejanza; compendiemos la razón de este compendio y comprenderemos algo más de lo que a priori creemos comprender.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Escribo, ergo estoy y vivo


Veo ponerse el sol al final de la calle, patético y bucólico pero el símil perfecto, inalcanzable pero físico. Debe ser algo así como lo que se siente al ver la luz al final de túnel, pero sin nadie esperando. Ahora, abran paso a los remordimientos. “Si te hubieras puesto en modo catarsis on hace cuatro segundos, no sufrirías la diarrea mental (u otros miles de símiles cruentos) que te ronda ahora. Calles desiertas y oscuras que te engullen, eres ínfima comparada con todo, pero enorme comparada con nada.
Pero no sirve de nada. Segundo acto: Los nuevos propósitos dejan claro su “¡ha de la fortaleza infranqueable!” Esta vez la mierda es perfecta.

Yo me sumo a tu epifanía del hedonismo “escribes, bebes, fumas...”y tu, a cambio, puedes sonreírme cuando y cuanto quieras.
Una diatriba sin sentido y repleta de incongruencias y anacronismos sobre lo malo que es todo, que acabará, mal (o bien) que me pese con una apología a tu persona, un panegírico, tu oda, mi mejor encomio del que no conocerás ni larva. Yo aspiro mucho más bajo, y tengo ochenta páginas para explayarme por el número olvidado, cincuenta céntimos y un café. Es mi capricho. Espero que al menos me ayude a madurar y me alague, me ponga en marcha la catarsis automática.
Un poco como lo que haces tu.

Porque, para mí, sólo quedan las calles vacías. No estoy tan mal, estoy soit-disons a gusto, pero me subyuga la soledad y el que no one me sonría en cuatro mil kilómetros a la redonda. Seamos realistas: los cuadernos caros no ayudan a escribir. Pero hacen buen juego con mis burdas palabras necias y mis baratas elucubraciones miopes. Mentir siempre ha sido muy más que bueno. A mi. Yo pensaba que papá se iba a casa de algún amigo, que lo de mamá era inocua efusividad desmesurada, y que al menos nos quedaba dinero para resistir un invierno más. Los otoños siempre he sabido llevarlos mejor. Las lágrimas que caen al compás del viento y las hojas que se enmarañan y terminan bailando todas juntas tienen esa faceta bucólica a los ojos de quien lleva toda su vida disfrutando las luces del ocaso y el serán que me ayudó a salir del agujero, más concretamente de la cama cada mañana, y animó a mi yo real (no al que escribe) a seguir.
“No es tan malo” “Tiene sus cosas buenas” “¡Pero si es un puto troll...!” Pero las heridas se curan, no siempre solas, pero es imposible recordar ciertas cosas pasado cierto tiempo. O no. Quedarán cicatrices, pero dejan de doler. Al menos llega el momento en que sólo las recuerdas cuando las miras, y basta con algo de Coltrane para quedarse dormido, o al menos trasnochar bien, sin dolor (relativamente). Pero hasta debajo de las más dolorosas heridas marcadas a fuego, acaba saliendo esa piel rosácea y frágil que te incitará siempre a volver a volver a empezar.

Es la tendencia a negar la evidencia; se acabó, el que me odie, que se arme de paciencia. Impotencia ante la impotencia de un compañero de clase, impotencia al verte delante, e impotencia al coger una sonrisa de esas que me regalas, y guardarla, no poder hacer algo para que mis labios, que también quieren de esa experiencia mística puedan agarrarse a los tuyos y así evitar el abismo terrenal.
Ya que, si los ángeles tienen alas, los demonios tienen torpedos en el culo.
Intenta no creer en nada, no hacerte ilusiones, y disfrutar algo de aquí a que te deprimas como en tantas anteriores ocasiones.

Tan sólo, pienso continuar queriendo, aunque no luchando, por ti y por tus delirios, tus locuras, tu tan alta forma de ver el mundo y tu... no sé qué forma de verme a mí. Parece mentira lo extraño que es mi yo por dentro, mi forma de perdonar, mi cambio de ideas y sentimientos, y eso de que con una mísera muestra de afecto yo me esté slowly turning into you. Por fin me siento a gusto, no sólo soy mera espectadora de este circo, como ya había comentado a Hermi anteriormente, si no que ¡formo parte de la función!

Necesito hacer algo digno de ser recordado.
Pero, sea lo que sea, las calles se vacían a mi paso y en las cabezas resuenan ecos de cosas no hechas, palabras no dichas.
La desdicha, se representa, mediante risas tras lustros matando tu libertad con miedo,
y tu miedo con miedo,aprenderé que no se consigue todo lo que se desea. Y no poco lo quiero.
Y en mi mente desciende de la lluvia la manzana prohibida , como me han visto la cara creo que es caramelizada. Siempre fueron muy listas estas Hespérides.
Hierba recién mirada y miradas recién suturadas, risas y carcajadas, gracias a horcajadas.
Sentada en un frío banco en la fría noche te siento, por mi espalda, en forma de estallido bruto, de esputo, sabor a lágrimas y luto.
Aspira a algo en la vida, ¿quieres? O, al menos... yo he sabido compartirlo contigo. Pero tu no sientes ni padeces.
Tucentrismos a un lado, no puedo acabar como siempre lo hago, diciéndote adiós tras otro trago.

No sé ni lo que hago. Noche sin estrellas: un signo claro.
La aurora Boreal que se funde con la sal de un mar helado. ¿Sabes?, el final es para todos igual. ¿Es normal si veo verdes y rojos claros? Reparables estragos.
Por villa Deprimida diviso un barranco, ya no pienso lo de antes, car ya no soy blanco de pueriles frustraciones errantes, pedantes, hirientes, rogantes de atención.
Pienso en volar y no en saltar, ahora, escribir sin musa me revienta, y mi meta nueva es principal, esta el viento no se la lleva, dormida o despierta, me encuentro a mi misma llorando o riendo y me sorprendo, es la alegría de vivir con pizcas de realidad, pero el saber cerrada una etapa no me desconcierta, me pone bien contenta, pese a que no me salga esa prosa polvorienta, en mi cabeza reina el lírico por excelencia. ¡Esto de la sonrisa sin motivo es una experiencia! Un gran invento, y aunque me siga repugnando mi simple reflejo, ¡no necesitaré un espejo a cada segundo, tras cada esquina de cada mundo! Y pienso “todo está como debería haber sido” Ahora lo único que pido es que mi prosa vuelva conmigo, y que sepas que si tu sigues... yo sigo.


 "No sabía que el secreto de la felicidad estuviera en canalizar la ansiedad, en dejarse llevar, en escribir hasta... sentir doler las manos y... que se te caigan y tener que llevarlas colgando en una bolsa. Ahora solo pienso en dejar atrás. Sigue lo malo presente pero quiero que no sea evidente e irme contigo de la mano y, no sé, tal vez tirarnos por u puente. Sería flagrante, pero antes, reconocerte que la felicidad es algo extraño y que no sé si de verdad lidio con ella, pero sé que no me hace daño.

Ahora sólo tengo que cambiar esto y aquello y pensar que he echo algo bello y que tal vez debería ser recordado por ello, para alegrarme y sentir el destello de tus ojos al mirarme y pensar que tal vez ven lo que yo veo y yo siento, aunque sé que no es cierto. Pero, me gustaría intentarlo y, no sé, el hacerlo no va a matarme pero, podrá desilusionarme y sumirme en algo profundo y posiblemente con un fondo negro y lleno de cocodrilos o lagartos. Pero, cuando llega el punto que estás harto, pues, intentas que las cosas funcionen y sonreír a la vida porque te va a dar más ganas de emociones y todo vale más la pena que eso, y, no sé. Sé que moriría por un beso. Pero, bueno, tengo que dejar de pensar y... y centrarme en, por ejemplo, mi peso, tal vez.. Pero se me hace espeso, y se me junta, y luego pues, alguien viene, y lo unta y... y me siento preso.

Y sentir la voz sobre la nuca, la risa de la gente que... que antes por mofa y ahora por algo que nunca había sentido antes que es empatizar simplemente, hacer reír, o, bueno, un poco, pero, llena de alegría y, como si cada día fuera una nueva meta porque intentaré llevarlo con soltura y con la cabeza alta, y repleta de ilusiones que, antes no contaban tanto, pero tengo una caja llena de ello, si me sigues te lo enseño, y espero que tus próximas horas no tengan dueño.
Será como un mal sueño...
Juntar algunas frases y ponerles dueño, nombre y dueño, y si pierdo el boli pues guardarlas en el ya por fin desfruncido ceño, porque, la miopía, tal como la estupidez, ni se crea ni se destruye porque viene todo hacia mi, con fluidez, y con pedantería porque sé que me falta. Hay quien ríe, hay quien llora, y hay quien espera la hora de salir corriendo. Y hay quien está aquí sufriendo. Parásito social, emocional, que no sirve para gran cosa pero, bueno, me hace reflexionar y deliberar que lo mejor no sería quedarse en el cuarto sueño o tirarse por un barranco, sino afrontarlos y, y bueno... seguir este letargo.
Este letargo en el que me sumí hace ya tres años, y tras tanto tiempo perdido pues, he decidido que... que ya basta de malgastarlo, que lo mejor es aprovecharlo y que aunque no vaya a salir, ni a tener amigos siempre (o nunca, no sé como quedaría mejor usado en esta frase, aunque las dos son ciertas) no tendré esas emociones y posiblemente moriré virgen con 70 años pero sé que siempre habrá una época en la que recuerde tiempos mejores y espero que este sea uno de ellos.

¿Y ahora, puedo abrazarte? ¿Hay alguien mirando? No sé qué me pasa, me siento como... delirando en un mundo paralelo y no sé si vuelo o ando, o... aún siento algo de recelo pero es lo que me queda y lo que me toca, y, bueno, nunca es tarde cuando la dicha es poca, o algo así. Creo que te encuentras mejor porque sonríes y lo llevas bien, pero, puede que no sepas que yo te sería fiel, y yo sólo... te querría a ti... aunque no siempre sea correspondido yo me decido y pienso que el lo más oportuno, pero tú no... no sé, no creo siquiera estar a la altura pero espero algún día poder, creo que, en tres años, malo será, aunque creo que sólo me queda este y de este no es mucho lo que queda, no más que seis meses, tal vez siete. No sé si, sé que no sientes pero creo que sería maravilloso, verte, y sentirte, y tenerte, y poderte querer y poderque rerte y poderte transmitir esto que... es tan fuerte. Y tan irreal. Porque estoy como... es... es una extraña... No pienso en lo malo, e intento eliminarlo... Y es raro, porque es como de cuento, pero, bueno, lo increíble no está en lo que hago, está en lo que cuento, y tu deberías saber interpretarlo y tal vez noquear ese sentimiento para que no pueda seguir haciéndome daño aunque ni sientas ni padezcas y todo esto te resulte un poco extraño pero yo sólo quería compartir tal vez este año porque siento que se está yendo tan rápido, y... no tiene nombre, porque …"

Lírico-prosaicas pamplinas que, veo, se van evaporando a cada hora que pasa, elevando. No quiero que lo que creo, largrarme de casa, se materialice demasiado ahora. ¡Pero tampoco quiero ser el reo que sienta vibrar la última milla cuando llegue después de la hora! No quiero seguir pensando que la vida es tan efímera que a veces duele, sientes como si te la arrancaran a jirones de tu ser, y lo que fue ya no vuelve, lo que tuvo cabida en la imaginación se esfumó sin realizarse... Vamos, eso de que he perdido los tres últimos años de mi vida que me acarrearán el noventa por ciento de los problemas que me esperan en el futuro, aquellos por los que cada noche me tiraré por cada ventana de cada ojo que me vea, que yo vea, atravesando las pupilas y llevándome parte de un iris diferente cada noche. Este lo siento correr demasiado deprisa.

sábado, 29 de octubre de 2011

Slowly

Es por la mañana, y, lo siento, (por mi), pero no sé como quitarme las gafas del cinismo, esas que lo vuelven todo blanco, negro o rojo. ¿Y tu? Tu duermes, impasible. Seguro que no sabes ni donde estás.
La cara empañada y las ventanas llenas de legañas; quince veces te he visto partir ya, no vuelvas a marcharte. Por favor...
Te vas. Es inevitable.Nunca lo había visto desde tan arriba, pero...
Te vas. Era inevitable, lo sabíamos desde un principio, hace ya... mucho mucho tiempo.
Ducha rápida y café frío, calle. Sigue siendo demasiado temprano.
No recuerdo a qué hora llegué aquí. No recuerdo qué hago aquí. Ni siquiera sé diferenciar mi cara con una bolsa de basura.
Morgues y miserias.
"Mañana será otro día". No dirás eso cuando te marches. Entonces sólo dirás "uuuuuuuuuuuuuuuuuuu..."
Miserias y más miserias, la morque está vacía. Hoy todos mueren en sus casas, en silencio, como putas, callando hasta la hora a la que pasa el cartero. No hay que fiarse de nada ni de nadie. Creeme.
Vete. Sé que volverás el año que viene.
"En caso de depresión, aclarar abundantemente con agua y tirar por la ventana más cercana"
Eras imberbe y pueril hace apenas unos días, tal vez años. No recuerdo cuando llegaste. Sólo recuerdo que te vas, "te vas y no vuelves", para estar aquí de nuevo sin barbas e irte con todas las calvas.
Eras frío como los besos, eras acogedor y maduro al tiempo, como el vino. Maldito.
Es tarde para mi, tarde para ti, tarde para todos. ¡Llevémonoslos por delante! Total, no creo que den para más. La estupidez humana brilla más que su inteligencia, que no por ausencia, sino por desgana.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Es simplemente despiste

Aquella noche hacía demasiado viento. O eso, o la Tierra giraba demasiado deprisa. Hasta las estrellas tenían miedo.
Era tardemente temprano y estaba demasiado oscuro, aunque no lo suficiente. Pobre noche. Con sus complejos... siempre intentando imiter le jour.
-No es tarea fácil, careces de prepotencia. Tu eres la más hermosa de este nocturno baile, encuentro de farolas y perros sarnosos. ¡BENDTOS! -susurraba el viento, estoico pero cansado de que siempre fuera lo mismo, como una coreografía, dos hojas que se elevan al infinito a los compases de cuatro por cuatro- Cuánto no habría aportado a cuántos un buen arrope a cierta edad. La gente no sabe lo que se pierde, los que conocen desconocen, y para los demás es ya demasiado tarde. No, a mi tampoco me quiso mi madre a tiempo...

Y la luna en su zénit, brillante y oronda, mirándose siempre en todos los espejos, como siempre, dejándose violar grácilmente por las nubes, con la experiencia de quien lleva haciéndolo toda la vida, desde antes de que el primer padre fuera padre. Con maestría. Con gusto. Alumbraba con tal fuerza, que parecía que el Sol fuera a asomar la cabeza por detrás en cualquier momento. No hay sitio para nadie, y, sin embargo, ellos siguen allí. Por los siglos de los siglos.


Mano dolorida incluída, intenté levantarme de nuevo, pero mis piernas habían partido a sabe nadie donde, llevándose todo tipo de reacciones y terminaciones nerviosas consigo, en la maleta, entre el libro y los calcetines. Y, lo siento, pero había manera. Y dolía.
Me dejé caer de nuevo, peso mediante, en la maldita silla de pensar, acunada por aquella bañada por la blanca luz de la luna húmeda galería. Que mierda.
Había demasiada luz como para ponerse a pensar, y lo de ver con nitidez aquel inmenso foco era ya algo a dejar para otro momento. Ya fuera por las lágrimas en los ojos, el exceso de dioptrías, o el simple empaño de las ventanas. Ojalá tuviera algo de someil. Al menos, así, tendría algo que hacer de aquí a que amanezca. Ahora juguemos a que me quieren. Ahora juguemos a la caja del tesoro.

Encontré a tientas el bolígrafo, aquel respirador con cuentagotas, conectado por vía intravenosa ya (y-espero-que) para siempre en el hueco resultante entre el pulgar y el índice.
  “En el principio, todo era caos. Luego llegaste tu, e inundaste todo con tu jovial   
sabiduría y esa filosofía de risas, porros, carcajadas, y explicaciones de nivel de final de carrera. Creaste carreteras, aceras, camellos, mares, columpios y calcetines. What a wonderful world!
Luego te pillamos en mal momento y volviste a ser tu, aquello del principio. Y así quedarías hasta ...”


¿Recuerdo que esta historia tenía algún tipo de final, repetitivo y estúpido? Sin más demora entraste en silencio, como el más perro de todos los gatos, y me apartaste la estúpida enmarañada mata de pelo que me impedía ver con claridad la ligne anterior y soltaste la cortina, dejándola descolocada (como siempre). Saliste, pero yo seguía viéndote reflejada en el espejo. Posaste un telescopio sobre la cama y unas gafas en la mesilla.

Es una forma extraña de decir “perdón”, “lo siento” y “te quiero”, todo en uno, pero lo de retractarte ya es un gran paso. Además, no creo que conozcas otras maneras. Es original.

Así que, y siempre con tu permiso, volveré a quedarme dormida con mi silla, mi bolígrafo, mis folios, cuatro lunas diferentes reflejadas en la galería, y con nuevas lágrimas en los ojos, esas que saben, casi mejor que yo, que mañana volveré a caer, y que cada día se me hará más largo, pero que este ha terminado ya.

Al fin y al cabo, hace demasiado viento. O eso, o la Tierra gira demasiado deprisa. Y sé que llegará el día en que ni las estrellas ni yo tengamos miedo.

jueves, 21 de julio de 2011

¿Quién va a quererme, después de todo?

Tras veinte minutos caminando (a mi ritmo) y auto compadeciéndome (a mi ritmo) a la vez, llego a casa, y caigo como un plomo sobre la cama. Mañana sabré que la onda expansiva ha matado a millones de niños japoneses que se habían perdido en una excursión a uno de esos sitios que tiene hielo y pingüinitos bailarines.
Acabaré fundiendo los polos.
“Y la foca, y la foca”: las focas producen furor, se hacen colas para entrar a verlas, y hasta se paga por ello; yo produzco terror, asco, y se aglomera la gente en las colas (del baño) para ir a vomitar como dios manda, y hasta hay quien pagaría por borrar esas imágenes de su memoria.
Así que recordad, niños: si veis que vuestra cabeza tiene una forma rara o vuestros dientes toman rumbos separados, lo mejor es subir al granero soga en mano y que dejar Gravedad haga el resto. Ella sabe lo que se hace. O si no, decídmelo a mi. Y nunca vayáis de excursión a ver focas si os siguen unos japoneses o, en su defecto, Umpa-lumpas amarillos.
Pero, ¡eso no es todo, señores! ¡¡¡Es que hoy estamos que vamos, que lo damos, que lo regalamoos!!! Así que, cito: “hacen buena pareja, son dos que trabajan bien como pareja”. Gracias, verás, mi “moral”, “morol”, o como sea eso que se da por sentado que tengo no necesita empujoncitos para salir a flote. Gracias again. Gracias. Muchísimas, de veras.
Ah, y otra cosa: eso de lidiar con el demonio ese que yo me imagino algunas veces por semana de algunas semanas, me trae sin cuidado. No me ha afectado lo más mínimo. Es más, he escondido mi hacha y todo. Como no la necesito...

domingo, 10 de julio de 2011

Querido partidario del suicidio desde un doceavo piso:

Tengo cosas que contarte, como Morodo, y creo que empezar así es patético, pero, hace mucho que no me siento cara a cara contigo (bueno, ni contigo ni con nadie), y no sabía como empezar. Compréndeme, nunca se me han dado bien las reconciliaciones, y menos con alguien como tu.
He cambiado, no sé si a mejor o a peor, creo que sigo en la línea de mirar para abajo pensando en como de mal quedaría mi cuerpo si saltara, si me dejara caer. Peor de lo que está no puede quedar, vaya, igual hasta me cobran por el arreglillo. Y he de decir que no sería la primera timada.
Después decidí que debería merecérmelo, que la vida no se gana así como así, se necesita saber trucos, como en el San Andreas, y no dar a todos los botones, como en el Tekken. Hasta había hecho voto de estoicismo, y todo, pero ni eso fui capaz de cumplir; caí en la risa, la reproducción automática, los malos chistes, las buenas canciones, el sol, las napolitanas, los colgantes de Sid Vicious, cantar a voz en grito, y todo eso acompañada de... quién sabe qué, que sabe quién.
Quitando eso, me hago mayor, y creo que ya, pese a mi perseverancia (cuando me da el punto), no consigo apasionarme por nada ni por nadie: la televisión me aburre, los días grises me deprimen, los soleados me hunden, y el pensar en ti me hiere cual navaja oxidada, retorcida, asumida por mis entrañas y que mantienen en paz mis retortijones mañaneros. (¿Te crees que se puede seguir viviendo así? Bueno, tu no podrías. Hay que acostumbrarse. Requiere mucho ayuno y meditación ser un amargado de la vida antisocial que hace de extra de la peli esta, ¿como se llamaba? La “vida”, o algo así). Además, los hobbies, esos que tanto me apasionaban, dependiendo del día, vaya, no son ya la mitad de atractivos de lo que eran antes para mi, y las obligaciones me encanta no cumplirlas. Bueno, no, pero, al menos, así, los remordimientos me hacen alguna compañía, lo cual no me reconforta demasiado. Pero, ¡vaya!, siempre me quedará mi sombra, ¿no?. Debería contentarme. Alguien que me apoya. “Yuhu”.
No, no, lo siento; me remito de las últimas tonterías que he dicho: últimamente, hasta tu me has dicho que ya no estoy tan “amargada”. “Tan”. Pero tengo ventanas, ¿sabes? Y espejos, y radio, y teléfono... pero, no. No puede decirse que me queje. Llevo dos semanas. La primera fue bien. Y la segunda. O al menos, eso creía, han sido muchas cosas de golpe. Pese a todo, me ha gustado estar contenta, feliz... divertirme y reír, al menos, aunque no fuera completamente en serio y lo único que deseara fuera cerrar los ojos y ponerme a dormir, en un sitio algo más cerquita del suelo. No es que tenga vértigo, y lo sabes, pero la altura emocional esta a la que me someten de un día para otro, sin preparación ni nada, me asusta un poco. (Soy joven e inexperta, ¡¿que esperábais?!). Han pasado muchas cosas, ¿sabes?. He perdido las esperanzas perdiendo de vista, he dejado las cinco en las que más tiempo había empleado/perdido, (que ni que me sobrara), y diez años de mi vida han quedado tan lejos que solo se ven si me asomo por la ventana. Y no me ha gustado nada.
Abandonos aparte, he descubierto, (he abierto los ojos a golpe de palanca, que podría decirse), que todo, absolutamente, no sirve para nada. Ni los antivirus, ni el antigripal, ni siquiera los anticonceptivos (aquí me tenéis, ¿no?), pero, me conmuevo con nada y todo acaba encantándome. Así no rindo, creedme. Pero, de la otra manera tampoco. Me lío con Withman, me río con Nathan, y paso miedo con Coyne. ¿Para? Mañana, al levantar, me cegará la luz del nuevo día, me sacarán de la cama, a leer folios que en realidad no me sirven para nada. NI A MI, NI A NADIE.
Suerte, compañero.

jueves, 23 de junio de 2011

When will those clouds all disappear?

Y, bien, aquí me encuentro, estoicamente sentada mientras los demás viven lo que les toca, cansada, de deambular por ahí dentro sin sacar nada en claro, de perderme por las dunas de mi mente sin saber cuando ni por qué podrá caerme una montaña de locuras surgidas de un grano de arena, como suele pasar. Solo puedo "reír" y "esperar". "Solo" ("casi nada", vamos), y esperar de nuevo a que vuelva a llegar el día, a poner mayor con elle, a escribir párrafos a horcajadas y sin comas ni tildes, y a chillar como una mona cuando "el tiempo se pare y, con una música lenta de los sesenta y tu melena ondulante al viento, nuestras miradas se crucen" y te desconcentres, tropieces con una mesa y nos riamos los dos. Y no sería la primera vez. Pero siempre podrá ser la última, tal y como están las cosas.
Todo el mundo es feliz, todo el mundo es contento, todos intercambian fluidos, y todos ríen como hienas. De algo, de nada, de algo estúpido (de mi, ¿quién sabe?).
Y los fantasmas... no se van. Ni a golpe de "golpe en el hígado a base de... golpes". Esta(ba) bien tenerlos ahí, pero hasta cierto punto. Que con la casa y con los niños, se me hace un peso demasiao' grande mantener a los recuerdos de diez años en un piso con un solo baño, frío, seco, soso, feo, y nada romántico. Si pagaran alquiler, pues si, pero si no lo pagan, no. ¡A tomar por el culo! Asunto zanjado. Pues no. Y basta, silencio. ¡Que en mi cabeza solo hablo yo -y cualquiera que se precie... y a veces ni eso-!
Ahora, imaginémonos un paisaje, algo, ¡evadámonos!, ¡cantemos la canción de Aladín!, ¡metámonos ácido en el desierto con Jim Morrison!, ¡hagamos parapente!... joder, aportad ideas. Que a mi innovar no me va, me sacas del bucolicismo y sus cambios de luz con el sol y no tengo puñetera idea. Puede que dormir nos saque de la rutina. Si, ¡buena idea!

(Nota: solo yo puedo hablar conmigo misma)

martes, 14 de junio de 2011

Heart-shaped coffin

Vivir cosas que no sirven para nada no sirve para nada. Ni siquiera para enmendar (ni intentarlo) tus errores, o aprender de ellos. De igual modo que ver a la gente feliz no hace otra cosa que hacerte sentir más desdichado, poco a poco, día a día.
- Ella es fuerte - habían pensado.
- Ella es feliz - pensaron
- Ella es así - pensaban
- Ella está sola - piensa - ella está sola - repite para sus adentros, inconscientemente pero dándose cuenta de la realidad. Y, con la amargura de una tarde de verano lluviosa o unos zapatos rotos, se acurruca entre las sábanas, pensando en el mañana, en el "qué dirán", y en el frío que le recorre el cuerpo. Siempre. Siempre, y no consigue que se vaya. Echa de menos los abrazos, la risa, la inocencia y los pellizcos. Había cogido la peor manía posible: quererle, y eso no está cambiando. "Y por mucho tiempo", repite una y otra vez. Maldita terca.
Le quiere como no ha querido a nadie. Tiene incluso su propio ritual secreto, escondido en las dunas de su inconsciente de lo secreto que es, que no lo conoce ni ella. Solo quiere verle, no le importa lo que pueda decir, aunque le importa y mucho. Está loca.
Sigue pensando que la culpa de todo la tiene ella cuando la tiene ella, es lógico, pero no soporta el dolor que le provoca y por eso hace lo que hace, dice lo que dice, y siente lo que siente.
"Echaré en falta mi cama", pensó ella, y recuerda como echó en falta los abrazos de su padre, como lloró la noche del domingo, y como odia que le recuerden sus defectos a gritos y patadas. Llora. Llueve. Y no son más de las cinco de la tarde. Una tarde perfecta para alguien con una vida. Hace sol, lo ve por la rendija de la persiana rota. Al ver esto, recuerda como su amiga, su única amiga, terminará pronto, su confidente, quien le ayudó la noche del domingo. Esa preciosa botella de Vodka blanco. Llora. Llueve. Y fuera se oye el sonido de unos niños. Piensa en su hermano, en como ha pasado al término de "hermana" en cuestión de años. Piensa en como ha cambiado ella en ese tiempo. Han pasado lustros para ella. Lustros desde la última vez que pasó más de una semana sin pensar la gran desdicha que podía ser "ser una romántica en estos tiempos". Llora. Llora por ella, llora por toda la gente a la que conoce, a la que no, a la que le ha hecho daño y por las ballenas, las focas y las cucarachas. Llora por las arañas que hay en su habitación y por el metabolismo que no logra controlar. Llora por nada, llora por todo, llora por el, que a saber dónde estará ahora. Llora por su reciente descubrimiento de que todo el mundo tiene problemas. Ella sabe que no es así, en absoluto, pero es una forma de autoconvencerse.
"Venga, pequeña. La vida es bella."
Llora, y se queda dormida. Tiene sueño, está agotada, y nadie vendrá a arroparla esta noche, nadie vendrá. Y sigue llorando.
Y, yo, lloro por ella.

sábado, 14 de mayo de 2011

Cold day in the sun.

Todos los esfuerzos son en vano. Las penas son ya más fuertes que las propias fuerzas. Así no se puede.
Parecerá tópico, topiquísimo, pero el tiempo pasa demasiado rápido y eso no hay manera de cambiarlo, y por el momento (al menos a mi) nadie llega y dice "oye, cuando me digas paro y hacemos pausita para echar la siesta".
En este 2011 no me mejorado mucho, más bien nada, pero la verdad es que tampoco prometía demasiado. Más se perdió en el 2010. Y en el 2009 ni te cuento.
Sacar mejores notas no conviene para nada a no ser que haya un enorme conejo de pascua esperando sobre la encimera. Soy sincera. No lo soy.
No quiero engañar a nadie, me engaño constantemente por no hacerlo. Los seises en matemáticas NO están sobrevalorados, pero nadie va a aplaudirte si llegas con veinticuatro a casa. Saca un uno, verás como te aplauden.
Y las pirámides, al igual que los prismas o los afilalápices, realmente, no sirven PARA NADA. ¡AH! Y si queréis que cante decídmelo, no necesito zumo ni demás estimulantes (y menos de tan alto calibre).
Yo te quería solo para mi, es cierto, y así será siempre. Pero el miedo a que te canses es superior a todo. Paso.
Por mi puedes ir a comerle el culo a quien quieras y cuando quieras, que yo espero fuera. No me voy a ir a ningún lado, no tengo nada mejor que hacer.
Y, bien, los apotemas y las profesoras chifladas no ayudan a potenciar (PARA NADA, PERO QUE PARA NADA) esa cordura que yo sé que hay en algún rincón de mi inconsciente.
Lo siento.
Tu lo dejas de pie. Es tan bonita la frustración esta que ya emite hasta vapores de un rojo averdosado con esbásticas y símbolos de la paz. ¡NENAZAS!
No es mejor nada, de nada, porque las cosas no cambian. Algo, o tu, o yo, pero las cosas siempre están igual.
Así que acabaremos todos en una fosa común, lo sabemos, no hay forma de remediarla ni de nada, y, como no podemos vivir a sabiendas de ello, nos dedicamos a estudiar, joder y explotar nuestro alrededor para, por lo menos, tener algo que echar de menos allá abajo. Porque, si no, ¿de que sirve toda esta mierda?
A cada calada, a cada bostezo, sabemos que nos pudrimos, sin prisa pero sin pausa, y vamos ocultándolo con jabón, desodorante (¡AVE!) y perfumes caros. Nos cuidamos y vestimos cada día más menos a conciencia hasta que llega un día que dejamos de hacerlo. Acabamos teniendo hijos, plantando árboles, (¿por qué no?) escribiendo un libro, exterminando lo que podamos y saliendo al encerado con los deberes sin hacer. ¿Para...?
Yo os digo, señores, que basta de eufemismos y de mirarnos mal. Basta de hacérselas pasar putas subiendo el volumen a las cuatro, cinco, o seis y pico (por muy buena que sea la música) al vecino de arriba/abajo/enfrente. Cualquiera podría verle los bajos un autobús antes de pasado mañana.
Así que basta de chats, de iPods, de colegios caros, de droga barata, y de encerrarse media vida y dormir la otra media (que dicho así suena fatal, pero en la práctica el 82% acaba metiéndose una bala en la cabeza para pensar mejor. O dos), soñando con divertirse pi al cuadrado.
Ayudad a alguien, cojones, a vosotros mismos o a la señora del tatuaje en la rabadilla (le gusta por la popa, puede ser una forma de ayudarla), así llegará antes, mejor, o más bonito. El caso es que esto nos sea lo más leve posible a todos. Estaba claro que no íbamos a ser nadie cuando nos dieron la preciosa y emotiva palmada en el culo, hace ya algo de tiempo.
Incluso me atrevería a decir que Strummer cagaba sentado, ¡somos humanos!. Así que salid a la calle y basta, y llevadme con vosotros. Al fin y al cabo, nuestras materias grises acabarán todas del mismo color.

domingo, 17 de abril de 2011

Vitácora: Domingo

Las notas graves y algo tristes llegaban desde abajo, pero las cabezas de la gente no me dejaban pensar (ni ver) muy bien, por lo que intenté ordenar(me) por dentro y separar al hombretón de la sonrisa amarillenta del resto de inútiles cosas que se pueden oír bajando las escaleras del metro. Tocaba ''what a wonderful world'' con un común rasgo único, medio loco, medio cuerdo, algo feliz (cosa inexplicable) con el sombrero cargadito de monedas de euro.
Me recordaron que aquello no sería eterno (pronto de vuelta a la rutina), pero algo si que me alegraron. Malditas notas... ¡ellas si que sabían lo que es bueno!
Guardaba en mi cabeza las conversaciones mediocaptadas mirando aquelas inalcanzables joyas de las que no se cuelgan el el cuelo. Borrar, borrar, borrar... ¡céntrate, por dios!
 - ¿En que piensas?
 - ¿Eh? Euh... mierda, ¡como tiembla esto!, ¿no?
 - Si, anda, deja pasar a la señora.

Ví a muchas Courtney Loves, cosa que prefiero a ver a la mitad de Sid Vicious con los que me encontré ayer.
Mucha subida y bajada, cambiar de metro, de estación, y llegar de nuevo a casa. Salir de la rutina podía considerarse otra, aunque de una manera más discreta (y más fácil de llevar).
Y las sonrisas forzadas a cada foto no daban más de si. Pero era feliz aún sin sonreír, sin ver a ese pequeño yonki-yo que llevo dentro a cada cinco metros. La felicidad está sobrevalorada, como aplaudir en el circo. Ser feliz no está bien visto (ni mucho menos bien remunerado) por estos tiempos locos que corren. SÉ, si, SÉ que si fuera árbitro podría pagarme mis propios conciertos y mis propias camisetas, pero odio presionar a la gente, si me presionan más, bajo presión no rindo.
Y... bien, estas son las cosas que he retenío al llegar a casa después de ponerme el pijama. Atocha se ve más bonito de noche (y sin bombas ni nada).

viernes, 15 de abril de 2011

Conclusumirepeticiones.

Hoy, he llegado a la conclusión de que he de limpiar mi cabeza por dentro (y tan solo me han hecho falta catorce años, mira que bien).
No tienen por que importarme las putas chaquetas rosas ni sus ''dueñas'', ni que igual si levanto la cabeza un gordo me lanzará una enorme (y mental, al cien por cien) bofetada.
Sé que las cosas son así, y donde van, y hasta el orden alfabético (resalto aquí la falta de ganas, tanto para ponerme a andar en bicicleta como para barrer y fregar psiquiarmarios y psiquisuelos), pero es que ya no sé si hay que lavar separado el negro del resto de colores. O, si no, ¿por que narices discriminan al pobre blanco?
 - Es por su bien...
¡Tonterías! Son los otros, los que no son blancos (creo que toman mucho el sol y comen también a lot of zanahorias), que nos discriminan. ¡Malditos racistas! aunque, no es para menos teniendo en cuenta la de barbaridades que... en fin, no son horas de irse por las ramas. Tras noches y noches (y más noches) en vela, la solución es simple: motivación. Sé que me remonto a mis conclumisiones de la época feliz de desbarajustes hormonales (creo que aquí le llamáis vacaciones), ¡pero es lo que hay! Hace mucho que lo sé, está planteado, esquematizado, ¡y hasta te puedo hacer un plano! Pero, (repito, Rebeca) en mi cabeza me pierdo hasta yo. Bajo un montón de neuronas sucias se encuentran los neurocalcetines, y no pienso agacharme a buscalrlos. ¡Ni loca, vamos! Igual ni siquiera están ahí. ¿De qué serviría?
Además... no es solo eso. Por mucho que los encontrara, sigo diciendo que los calcetines (altos, bajos o neutros) se te caen al dormir. Dentro, pero dentro de dentro, hay más gente que tu (¿lo dudabas? lo sé; yo también) y que yo. Idolatro a gente que no debería. ¡Son mi vida! Y eso es lo que he de plantearme cambiar (entre otras muchas, pero que muchas muchísimas cosas). Alcohólicos, drogadictos, suicidas... son ese tipo de personas que ninguna madre quiere para sus hijas y ninguna hija quiere para (presentar a) sus madres.
También está el tema de las dependencias; pero eso, ya es entrar en terreno vedado, en terreno cebolla, y es otra historia.
Mientras, tu puedes seguir con tus cuentos si quieres, sin madurar, sin intentarlo siquiera. ¡TIREMOS LA CASA POR LA VENTANA!