lunes, 24 de diciembre de 2012
Lul mode
Afonía
Has dicho "a la mierda", ¿no?
Taparte con una manta y desaparecer, envolverte en cualquier foco de calor y no volver a salir hasta que hayan muerto todos. Descubrir que también se puede estar solo solísimo en el mundo en un plano meramente físico. Querer saber lo que se siente. Girarte a indagar entre las escasas luces, gritarle a las sombras para que dejen de seguirte, perderte en la noche en la que nadie es nombrado, donde tu locura y tu demencia sólo son el arco que cede el turno de palabra a una inminente catarsis. Verborrea. Citas textuales. Manos sudorosas. Temblores. Do, re, mi, fa.
martes, 11 de diciembre de 2012
Incoherexo
Dais muchísima más importancia a las cosas de la que tiene. Queréis elegir un cubierto que os sea más cómodo, una comida que sepa mejor, una tele más grande, y el perfume más pretencioso del catálogo. Os centrais en centraros y dejáis de lado los hechos, lo tangible, por disfrutar del mero concepto. Es casi tan banal como corruptas vuetras éticas. Sois los hijos de una revolución violada por el capitalismo y por la envidia, por la eterna plegaria de la razón para no ser doblegada por la lujuria. Y esas estúpidas conversaciones vacías, esas discusiones por cosas por las que ni yo, Mrs. Amante de las Discusiones y los Argumentos, me esforzaría en mantener. Las cosas tienen muchísima menos importancia de la que vosotros le dais, gastando el tiempo que os queda. Malgastándolo sin daros cuenta.
Nosotros vivimos en el hoyo del vicio, pero vemos la salida. Otra cosa es que nos movamos hacia ella o no. Sabemos exactamente todo lo que hacemos mal, y lo que deberíamos hacer para solucionarlo. Y, aun así, aquí estamos, rompiendo nuestras promesas contra el bordillo.
Disfrutad un poco de la vida, cambiad de emisora y bailad algo de Queen en la cocina en vez de escuchar las noticias. Cortad con el puto mundo real; está claro que no es por él, es por ti, no te sigue el ritmo. Escribid sentados en un banco aunque vuestra piel empiece a hervir. Pasead bajo el gran pudoroso cielo. Enfadaos con el mundo y gritad "¡Que le jodan al espejo hoy! Voy a ser yo. Voy a entonar mis odas y a bailar bajo la lluvia de miradas incomprensibles. Voy a llorar cuando esté contento y a reír cuando esté triste. Solo necesito sentir el viento en el pelo y el mortecino frio en mis desgastadas neuronas"
viernes, 7 de diciembre de 2012
Iridescent
domingo, 2 de diciembre de 2012
Breaking
Tuvimos que elegir entre rompernos o la muerte. Elegimos la muerte y aquí estamos.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Breakable
domingo, 18 de noviembre de 2012
The queen of apes
jueves, 15 de noviembre de 2012
Serendipia
Nadamos en la abundancia de una codiciosa miseria, reímos con lágrimas en los ojos y no salimos a la calle por miedo a las cargas policiales. Ya no somos de la generación del decirse adiosito con la mano, sino que salimos corriendo en la dirección contraria implorando que nadie nos devuelva a casa. Hemos roto con las olas desde las rocas, hemos naufragado cada noche en la que buscábamos inmortalidad. Hemos bailado con desconocidos, Dios, hemos desconocido lo indesconocible.
Nos hemos jactado de morir el cada coma, hemos dejado cada carcajada acariciar nuestra garganta antes de iluminar una habitación llena de gente. Somos todo lo que nos queda. Definitivamente, nos hemos jactado de morir en cada cama.
Ya no te llega con los dedos de una mano para contar las mañanas que has sentido el sol en la frente y has cerrado los ojos, cada anochecer llegando a casa siendo el tiempo que te queda, haciendo crujir un mundo bajo tus pies, con su eco condescendiente azotándote el hígado. Hemos vivido la moral, hemos matado la moral, y ahora no nos queda nada. Tendremos que reconstruír esta ciudad desde sus cimientos, ser la moral colectiva e individual de cada semáforo en rojo. Dejar el reloj en modo colibrí y sentarse a esperar el ansiado momento en el que la pesada carga de levantar una sociedad que ha ardido con el fuego de nuestras madrugadas quede a la próxima generación. Siempre seremos la generación probeta, un mero experimento fallido en los cada vez más caros libros de historia. No somos ni el epígrafe de una nota a pie de página, no somos ni el interludio en una poco afamada obra. Ni siquiera sabemos cómo dejar de dejar de ser lo que los demás quieren que seamos.
sábado, 3 de noviembre de 2012
When angels deserve to die
Normal que nadie quiera fundirse con ella.
Colapsada, sádica, le duelen los ojos y siente que una inminente catarsis se acerca a arrancarle el pecho, que unas lágrimas secas crearán las olas que se llevarán los resquicios de las tardes soleadas y esos recuerdos rotos y desteñidos. No puede ser más jodidamente egoísta, odia ser tan jodidamente egoísta, pero nada. Un sol mentiroso como nadie le desvela el secreto de su éxito atrapando las morales de los mortales, haciéndoles pensar que siguen en el "oh dios mío" cuando ya están en el "hola San Pedro"
domingo, 14 de octubre de 2012
Am I inside?
Ella había visto el mundo desde la comodidad de la parte trasera de un autobús, buscaba seguir volando por encima de sus cabezas sin que nadie la viera, buscaba huir. Necesitaba encontrar en su mente el camino verdadero, que solucionase las mismas contradicciones por las que se veía tan atraída. Con su siempre voluntad muy débil, con su forma tan extraña de callar y asumir. Disfrutar de los silencios, de la comodidad y de calor que arropa un hermoso frío.
No se habría pensado dos veces cambiarlo todo por él, aunque fueran dos completos desconocidos. Ella volaba libre, él la observaba desde el suelo. Le agarraba por el tobillo cuando estaban juntos, la bajaba a su altura y se fundían en un largo beso, ambos con los pies en el suelo.
No podía ser tan difícil encontrar una excusa para verse a solas cuando lo habían conseguido siempre que quisieron. La tarea más dura residía en encontrar el camino por el que se perdían los pensamientos del otro. El "¿en qué estará pensando ahora?", el "¿por qué sonríe?", el "¿por qué estará tan callada hoy?" eran la máxima dificultad a la que se enfrentaban cuando estaban juntos, cuando tornaban las horas en minutos y los minutos en segundos, cuando ella se obsesionaba con que cada momento se desvaneciera en una infinita espiral de desesperación, que terminara y no volviera jamás, y él sencillamente cantaba con el mar reflejado en la cara.
sábado, 6 de octubre de 2012
The bad player
Mi cumpleaños siempre me había parecido la fecha de la irrealidad por excelencia. Demasiado especial como para ignorarlo, pero demasiado normal para llegar a emocionarme. Sin poder controlarlo pero sin poder sentir nada. Así eres tú. No logro encontrar el punto en el que me importe de verdad. Claro que, si pudiera manipular el tiempo, me haría una casa con tus besos y viviría en ellos.
Soy de ese tipo de personas depresivas y oscuras que arrastra a los demás a la locura. Intentando siempre evitar el ser concreta; discreta y solemne. Temblorosa entre tus brazos.
No quiero hablar de sentimientos contigo. No quiero contarte mis delirios y problemas. Sólo quiero escucharte y perderme en tus besos. Ahí dentro no caben los problemas. Sólo son dos sonrisas mordidas, dos sonrisas hechas una.
La destrucción es lo más rápido, momentáneo, natural y destructivo. Tardas un segundo en romper un vaso, pero media hora en pegar los trocitos hechos añicos. Tardas un segundo en cortarte, pero la cicatriz siempre estará ahí. Puedes perder un minuto de tu vida presentándote a alguien, o toda la vida intentando olvidarle. Puedes pasar un minuto disfrutando de ese minuto, y unas mil horas posteriores intentando recordarlo con la lucidez esperada. Esperando recrearlo en tus sueños. Pero siempre en vano.
No estoy hecha para que querer a nadie, ni creo que pudiera ser capaz de hacer que alguien llegue a quererme nunca. Será la mala suerte, o la justicia moral, o todo lo contrario. A lo mejor no es nada, pero nunca encuentro las palabras en el momento en el que las necesito de verdad. Y, sin embargo, sigo pasando noches enteras en vela jugando con ellas, sin impedirles el adueñarse de mí.
La peor sensación del mundo es estar sentada en una clase, sola, rodeada de gente y apoyada por sonrisas, perdida entre risas y conversaciones banales; pero sola. Siendo mi mano la que sostiene mi cuello y no la tuya. Siendo tu imagen la que ronda por mi mente y no la mía. Aún con tu sabor en la boca.
Nada de esto es real. Nada sucede de verdad. Nada dorado puede permanecer. La relevancia es simbólica, los sentimientos nulos, tus besos efímeros. Nado en un mar de viejos besos, rotos en mil pedazos, gastados. Consumidos hasta su desaparición.
Sigo gélida.
Tengo que intentar dejar de ser la reina de hielo entre tus brazos de azufre, tu lengua de fuego. Sentir.
Swimming in the smoke
No te pido amor eterno, te pido besos infinitos, te pido coser tus labios a mi cuello y que no se separen para nada. Te pido historias a la luz de una farola con tus ojos mirando mi boca. Te pido calor.
No te pido amor de ningún tipo, ni que me comprendas, ni que intentes conocerme. No te pido que me lleves de la mano por la calle, ni que me beses en cada semáforo. Ni siquiera te pido ningún tipo de "nosotros". Sólo te pido que me dejes cobijarme en tus besos, que me dejes entrar para dar esquinazo a los problemas. Que comprendas que no hay nada que comprender; que seamos solo tú y yo, dos completos desconocidos intercambiando mordiscos. Compartiendo mi frío contigo.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Burning in the skies
- Mira, Jack. ¡Mírate, especie de despojo! Duermes bajo un puente, y usas de manta tus propias publicaciones. ¡Tus libros están alimentando la jodida hoguera, Jack!
Y aquel pobre hombre reía, dejando salir a relucir una desdentada sonrisa, una especie de mueca medio en ruinas, preciosamente extraña. Se le tersaba la piel del cuello al reír, y, a ambos lados de las comisuras de sus labios, las arrugas formadas me recordaron al pasaje en el que Moisés abre las aguas para ayudar a su pueblo a huir. Daba un toque de mesías a su rostro, me recordó a las putas monjas de mi infancia, a todas las horas bailando solo en el internado, a la libertad. Su risa era libertad, y su libertad me llamaba. Y fui libre con el.
Había pasado mi vida buscando el salvar a los demás, escribiendo sin parar retahílas de cosas aleatorias, todas sin sentido aparente pero con mil significados ocultos, con millones de razones por las que huir de cada esquina en la que me liaba un canuto pensando en no volver jamás. Toda la vida bajo el enorme y embriagador puente de las ciudades madres que me sacaban de la cama cada mañana, que eran mi cama, mi cuna, mi despertador y mi cepillo de dientes. Pensé en lo demasiado afortunados que éramos. No teníamos para comer, pero podíamos robar. La droga se nos acababa, pero nos quedaban las viejas historias y la armónica de aquel tipo, el de los poemas de Morrison. La esperanza marchitaba, pero permanecía así, mustia, como una canción en reproducción automática. Siempre con los mismos sentimientos y acordes, siempre llorando en paz.
Aquel jueves tenía una entrevista de trabajo. Había conseguido un traje, tiempo atrás, pero no supe qué pensar. El traje empezó a ser comunitario hará como unos tres meses, cuando a ese pobre hombre lo echaron de la sucursal en la que curraba y su mujer decidió empezar a ser feliz. Fue increíble. Quiero decir, ¿después de tantos años, cómo puede seguir teniendo alguien fuerzas para intentarlo siquiera? Yo no lo habría hecho. Y el pobre tipo se vino con lo puesto, con lo puesto y un traje envuelto en una bolsa plástica. No es que quisiera aprovecharme de el, siempre fue legal conmigo y nunca causó problemas. Pero le arrancaría ese traje de sus manos inertes si mi ánsia llegara en el momento oportuno.
Our shadows taller than our soul
Es el eterno intentar salvarlos a todos, el inconfundible llanto de impotencia, el famoso "Numb" del que tanto hablan. El piadoso pisar sobre las piedras y escucharlas crujir a llegar a casa de noche. Yo soy ese sonido de pasar páginas pasada la media noche, esa despedida que evita el roce y el cariño, ese hola y adiós.
No dudes de que me vas a malentender, porque "Mrs. Malentendidos" es mi apodo de jugar al poker, de jugar a intentar comprender las relaciones humanas. Yo misma lo terjiverso todo para dar el toque incomprensible a mis relatos, a mis monólogos. A mi vida. A cada gota de lluvia que me moje la sonrisa, me enfríe los rosados pómulos y me haga sentir algo, sea lo que sea.
Cada mirada mía es un "Vas a descubrirlo tú solo, no pienso soltar nada sobre mi. A no ser que me invites a unas copas".
viernes, 21 de septiembre de 2012
And if bridges gotta fall, then you'll fall too
Pongamos una y mil veces la misma canción hasta saber deletrear cada acorde, hasta saber el nombre de cada poro de mi piel que se excita con el frío susurro de un altavoz vibrando y cayendo. Hecho vainilla.
Léeme mi libro preferido del que conozco cada punto, cada coma. Léemelo y hazme sentir como si fuera la primera vez. Hazme sentir que mis teorías sobre la tala indiscriminada, sobre la deforestación actual de las almas puras no eran más que delirios de una mente inconsciente en un baile constante, demasiado sumergido en una música lógica y pautada para pensar con coherencia. Volvamos a cantar al mar todas nuestras historias en forma de canción, desentonemos todo lo que podamos. Respiremos humo. ¡Seamos humo! Fluyamos como la lógica del universo, perdámonos en los mundos de una Alicia aún en casa de la oruga, demasiado colocada para perseguir a ese extraño conejo. Bailemos, bailemos, bailemos hasta que nos duelan los pies.Bailemos hasta que nuestos cuatro ojos vean como dos, nuestras cuatro manos sientan como dos, nuestras dos bocas sientan como una.
Todo es tan irreal que da miedo que se te aparezca por sorpresa, tan real que exaspera el no poder sentirlo, el no tener conciencia, el no querer saber nada de nadie. Letras con demasiado significado como para poder ser explicado, cada sílaba encajada a la perfección en su asombroso y deprimente lugar. Una vida maravillosa, sin duda, en la que versar todas sus frustraciones y delirios, en la que cumplir unos sueños pintados de una existencia aún sin demostrar, transmitidos de un género aún sin especificar. Sueños que se elevan entre el humo gris verdoso.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Caught in a landslide
Hacía tiempo que no necesitaba con casi desesperación el escuchar una y mil veces la misma canción depresiva, que no desconectaba irremediablemente del mundo mandándoos a todos a la mierda, que no perdía el control de mis actos aunque fuera por segundos. Tanto descontrol está terminando por controlar mis actos, por vertir las seis o siete lágrimas que le apetece sobre la tapicería de un autobús lleno de gente, sobre las indiferencias de todos vosotros.
Todos tan pendientes de sus problemas, de sus maravillosas vidas exentas de problemas graves. Todos desperdiciando las oportunidades de ayudar a los demás. Todos mirando sólo al frente.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Just go ahead now
No puedes atarte al primer tío majo que quiera una niña tonta en su cama, buscar las consecuencias a todo, pararlo todo por una simple mononucleosis. Simplemente, no debes.
Todo lo que hagas ahora importará tan poco dentro de dos o tres años que te sentirás estúpido por todas las cosas que dejaste sin hacer. Por todas las cosas por las que te preocupaste. Por todas las cosas a las que diste muchísima más importancia de la que realmente tiene.
Desperdiciar una vida tan ferozmente pura, tan puramente cruel, tan cruelmente feroz. Disfrutar y asumir el brillante superpoder de no tener ningún superpoder. Creerte las excusas que se te dan cuando se te dan bien, con cariño, despidiéndose con un "besos enana".
sábado, 1 de septiembre de 2012
Otro domingo
¿Hay, acaso, algo más hermoso que los paseos matutinos, descalza, con el sol en toda la cara y en contacto con el gélido frío, bañado en carreras y piedras?
Pasar por el portal en el que algún hombre apresurado olvidó parte de su perfume, y dejar que tus sentidos naden en los resquicios de lo que debió ser una rápida carrera contra el hoy.
Cada día a la misma hora, cada día menos triste, cada día más cansada. Cada día se presenta igual y más alentador que el anterior, menos esperanzador, más deprimente. Pero cada día me levanta de la cama con un sol que entra a borbotones en mi habitación, como un "Yes, to dance, beneath the diamond sky, with one hand waving free" que te estremece el alma, como ese violín que te hace bailar por la calle, un lunes cuando ya vas por tu tercera cerveza. Cada día estás más viejo y más podrido, sube el iva y bajan mis posibilidades de saber qué mierdas hacer con mi vida. Pero, una vez más, la jornada se presenta encantadoramente condenada al fracaso más absoluto.
Sé que es irrealizable, pero, pese a que sigo sin saber cómo enfocarlo, esta noche el verte sería el máximo apogeo de mis vacaciones. O no. El verte siempre es lo máximo. Compartir infinitos y errados diálogos de películas, compartir canciones bajo la penetrante mirada del mar, compartir cómodas sonrisas incómodas, cosquillas, y sobre todo mucha saliva contigo.
lunes, 13 de agosto de 2012
Tangentes
Sabía que.
¿Qué sabía?
Sabía que las tangentes estaban hechas para irse por ellas, tan bien como sabía que no quería volver a su casa. Lo sabía todo sobre autodestrucciones y Mafalda, y tenía dominada la técnica de la autocompasión sin remordimientos. Si algo sabía hacer mejor que nadie era poder cerrar los ojos en cualquier momento y entintar su propio lienzo en blanco, para bloquearse después tras un folio amenazante.
No sabía nada, en fin.
Me desperté como tantas otras veces sin saber muy bien dónde, sin echar de menos nada, alargando la mano para asegurarme de que el suelo seguía ahí bajo nuestros pies. Las horas, ávidas de aventuras, estaban llegando sin saberlo a la meta de una carrera sin fin, al ticket de metro usado y tirado al suelo. Porque las horas no tienen padres, ni madres, ni planetas con rosas. Las horas no huelen a vómito y ginebra un domingo al levantarse. Entoné un "llego tarde" y huí de allí. No era mi casa. No era la tuya. Y la situación se repetía.
Había quedado en que descansaría, en que me tomaría todo esto como un retiro emocional, pero a fin de cuentas, lo más especial es siempre lo menos recomendable. Necesitaba olvidarme de ti, de mi, de las oscuras historias que ensombrecían nuestra mirada y enturbiaban nuestra sonrisa, hechas una. Siempre supe lo que iba a pasar, supe que el hecho de no querer darle importancia se la daba, y el hecho de darle importancia lo volvía imposible. Pero eso pasó, y tenemos que olvidarlo. Yo tengo que olvidarlo.
Salí corriendo para la parada de bus más cercana con un montón de palabras estremecedoras en la cabeza, que me atormentaban plácida y ruidosamente, y me senté a esperar. La verdad es que uno no puede cansarse tan fácilmente de ver la vida pasar poniendo cara de asombro, es algo a lo que logras acostumbrarte. Es la apatía en forma de metáforas diferentes, extravagantes. Es una chaqueta plateada con Converse. Es funesto.
Cuando el bus llegó, me sentí morir y pensé en lo rutinario que se había vuelto mi desordenada vida, en lo difícil que es conseguirlo, y en lo estúpida que soy. Pensé en mi misma como un gran dragón negro con los ojos dorados escondido en un rincón fumándose la savia de un gran árbol, y me senté. Intenté echar cuentas, saber cuantas veces había dormido en casa en el último mes. Desde el doce de julio había dormido en casa cuatro veces. Aunque ya no sabía a qué me refería exactamente con casa. Yo vivía, vivo, en el caos que la ciudad me brinda, en la maleta de una moral de vacaciones, en el bolsillo de ese gigante llamado Vida. Vivo en tí.
Acurrucada contra la vibrante ventana me conciencié de que esa vida no era buena, pero todo mi yo lanzó una inaplacable réplica a esa afirmación. Si que puede que me estuviera pasando, pero, estaba empezando a vivir la vida a mi manera, sin ataduras, sin cargos de conciencia. Sabía que nadie puede obligarme a ceder en mi condición. Y si quería cumplir mi autopromesa de drogarme al menos una vez por semana era cosa mía. Y si nunca quería llamar al "chico de anoche" no podrían forzarme. Y si no quería volver a casa no tenía por qué hacerlo.
El bus paró dejándome desamparada y sola conmigo misma. Yo tenía que bajar, me reaccionaran o no las piernas. Me sentía a gusto allí, en ninguna parte, la hija de una viva ciudad, muerta hasta sus cimientos. Nunca me había importado ir sola por la calle. Con mis cascos y mi labia era imposible aburrirse en mi cabeza. Mis pobres y pequeñas pupilas, alucinadoras como las que más y miopes como putas, me hacían ver cosas que yo no quería, como mendigos o esas extrañas formas que sólo no veo cuando duermo en casa. Y sonreí. "La verdad es que el mundo es una extraña colección de ejemplares de un indescriptible encanto, de incalculable valor" pensaba, asombrándome a mi misma de mis repentinas ganas de vivir.
¿Quién sabe? A lo mejor todos podemos llegar a ser felices.
sábado, 9 de junio de 2012
Contrastes
May. 02 (Mie.)
viernes, 25 de mayo de 2012
Morfo
A lo mejor lo que quiero es poder demostrar que tengo el brillante poder de la autenticidad.
jueves, 24 de mayo de 2012
Presentes ausencias
Si hasta las olas rompen menos fuerte desde que no gritan tu nombre.
Había una bonita casa blanca, con una bonita puerta roja, al cruzar la calle. El jardín se elevaba, con un encantador aire siniestro, sobre el tragaluz que subía del sótano, hasta engullir el pozo que se escondía al final de todo, tras los árboles.
Los pájaros que tanto tiempo llevaban anidados entre teja y teja también crecían libres.
La casa sigue allí; un poco más vieja, un poco menos blanca, un poco más salvaje. Los cambios que marcaron y marcan huella a su alrededor vagamente se ven reflejados en su fachada. A mi me faltas tu, pero eso nadie lo sabe.
No es lo mismo caminar por las viejas pero irreconocibles calles si no es de tu mano, y los pajaros son incapaces de entonar sus mas hermosos cantos si tu no los silbas. Ni las flores pueden siquiera oler a gusto si no estas tu para jugar a enseñarme sus nombres, a asociarlos con sus fragancias, colores y formas.
No es tan facil de llevar, las cosas se van acumulando y el tumor que lleva mi nombre se va ensanchando, ataque a ataque.
Microconclusiones
He vuelto al epicentro de mi adolescencia. A la presión que hacen en mi mandíbula los gritos a los que no dejo salir. Por ahora.
Escribir me calma, siempre lo ha hecho. En las peores épocas fue el potente analgésico al que, sin receta, me quede enganchada como una tonta. Ultimamente se limitaba a hacerme el enorme servicio de exteriorizar los tortuosos mazazos con los que mi subconsciente pretendía dejar inconsciente a mi conciencia. Pero el dolor ha vuelto, dejando cernirse sobre mi la poderosa sombra de mi realidad.
jueves, 10 de mayo de 2012
Sílbame
Seré yo la que memorice las arrugas de tu nariz al reír.
Y esa cicatriz en el labio.
Sabía que no aspiraba alto, lo que no sabía es que no sabía muy bien a lo que aspiraba en realidad.
Creía querer querer a cualquiera, pero no pudo cuando la ocasión se lo suplicó.
No quería hacer daño a nadie. Y, sin embargo, allí estaba. Asomada al abismo de la desesperación, casi colgando dentro de aquella espiral de remordimiento que parecía querer enterrarla en el fondo de aquella sinfondo bolsa para vómitos. Pero todo daba demasiada pena. Y cuando digo pena, digo asco.
Un humor cítrico, cítrico corrosivo, amenazaba con deshacer las ganas que le quedaban de arreglar las cosas, de mentir a destajo y sin miramientos, de intentar aflojar un poco la correa al sangrante dolor que paseaba por las calles de su tranquila libido. No, señores. El espectáculo no debe continuar. El espectáculo ha muerto.
No oía las preguntas, no quería oirlas, pero sabía que en todas las respuestas había una negativa escondida, ese Mr. Hide de las relaciones entre amigos que se complican por estupideces ajenas. Ajenas, la culpa nunca es de uno mismo.
Muerte, muerte y furia. Una furia viva que contenía a las tropas aliadas, al llanto embravecido que, cual neófito, llevaba una bolsa de hambredesuicidioygloria en la mochila, mochila paracaídas.
El abrir la boca, el separar los labios... no eran más que metáforas. Lo que de verdad hacía era sacar su daga, poco a poco, para finalmente asestar un torpe pero certero y último tajo en el centro de su corazón, corazón sin coraza ni escudo.
No, no seré yo.
sábado, 14 de abril de 2012
Breaking the tears
Now it's time to sing alone
sábado, 17 de marzo de 2012
Spirits In The Material World (presque)
jueves, 15 de marzo de 2012
Andar
sábado, 18 de febrero de 2012
Monotonía justa, sin ambiente
- No te tengo miedo -le dije, entre susurros- ¡No te tengo miedo! -le grité. Una mueca que parecía recordar a una sonrisa se dibujó en su cara de mártir. Pero rígido como una piedra. Dudo que gozara de las antiguas manías de la Medusa, es sólo que siempre he sido un poco miedica. Intenté despertar a mi Cordura, la que solía compartir habitación con la Razón antes de que volviera a de donde nunca había venido, pero seguía dormida. No recuerdo cuando fue la última vez que la vi sonreír, “no sé si no estará muerta” pensé, sin recordar en que tiempo verbal estaba, y decidí comportarme como un verdadero hombre y salir corriendo. Pensé que la sombra me seguiría, con su tez que mostraba una vida de miserias y penurias, pero salió corriendo hacia el lado opuesto al mío. Oleadas de tranquilidad, extrañas, vinieron desde muy muy lejos, de un letargo rudo y frío, y me dejaron dormir, sola, tranquila. Supongo que nadie rompería aquel espejo esa noche, supongo que hemos todos aprendido una lección.
miércoles, 1 de febrero de 2012
House of the rising sun
viernes, 20 de enero de 2012
Suposiciones y controversias
– Yo te quiero, tu me quieres, nosotros nos queremos...
Mi cara seguía siendo la misma
– Vamos, vamos, ¿no vas a decir nada?
Pedí la cuenta con sigilo, agradeciendo siempre la complicidad infalible de los camareros de esos ruinosos bares de esas ruinosas calles.
– Tu capacidad de atención es como la de un cocker spaniel.
– No creí que hiciera falta decir nada. Por favor, he visto centenares de tíos saliendo del Hard Luck café con mejor pinta que tus poemas.
No me sentía demasiado orgullosa; escribir era un claro síntoma de su psicosis, de nuestra psicosis. No hay chicas pelirrojas en mi vida, ni tres personas diferentes en el espejo, de las que se supone que una deberías ser tu. Lo he intentado pero no me has dejado dejarlo de lado, déjame decirte que dejas de ayudarme dejando de no intentar hacerlo; dejémonos de sandeces: tu ni sientes ni padeces. “Especularemos” a la luz del flexo con una copichuela de zumo de naranja, pero déjame esa hora libre al día que a veces ocupo con lo que la ocupo, por eso la necesito. Cuando lo evidente se haga presente, si no me pego un tiro en la frente, signo de que tan sólo soy una jodida demente, aunque relativamente decente (pero posiblemente lo tenga en mente) supongo que maduraré derrepente. Se supone que no tengo excusas, se supone que no puedo echar a nadie más las culpas, se supone que me lo merezco... hoy ha llegado un colis con el destinatario a mi nombre. Se supone que he madurado, se supone que no debería haberlo abierto (y menos con los dientes en menos de cero coma), y se supone que cuando mientes mi cabeza me esconde lo bien y en serio que se lo toma. Además, sólo invierto un tiempo precioso (eso, en mi, tiene algo de gracioso) es hacer rimas sin sentido que ni riman ni tienen, eso... Pero no acabaré, nunca, algo que haya empezado. Ni aunque me lo plantee, mi subconsciente me la juega constantemente, rimas estúpidas que acuden en tropel al frente y rompen filas sin avisar. Se supone que hoy era un día feliz, se supone que me hiciste sentirme mejor y menos nerviosa (¿gracias?), y aunque no fuera gran cosa, to put mi head en your shoulder siempre es así como sentirme better. Se supone que las cartas reconfortantes reconfortan, las promesas cumplidas tienen algún tipo de valor significativo, las miradas furtivas destrozan lo emotivo, y el olvido olvida todo lo que escribo. Destrozo lo que escribo, destrozo lo que pienso, escribo lo que pienso y pienso lo que escribo. Soy mierda ergo lo que toco se torna más mierda. Se supone que soy un honor para ti. Se supone que no iba a comerme la cabeza hasta ver todo perdido, acuerdo que perdió fuerza al momento y que había cambiado por “hasta que me muera o muera este rayo de resquicio de grieta en el tejado”.
Tutoriando
Dead heart
domingo, 1 de enero de 2012
Let me forget about today until tomorrow
No voy a seguir huyendo de ello.
Hacía un frío te te apuñalaba desde dentro, y las calles intentaban olvidarme, como todos.
Con las ideas un poco más ordenadas pero todavía llenas de polvo y mugre, llegaba el momento de volver a pensar en lo que más duele, como siempre. Se acabó un año desastroso. Por una parte, es un alivio. Lo malo es que últimamente todos los años son desastrosos. Fueron muchos cambios en muy pocos meses, hace un año yo no me imaginaba ni muchísimo menos estando como estoy ahora. Ni siquiera hace ocho meses podría haber siquiera llegado a imaginar que la fuerza centrífuga de las vueltas que da la vida y su implacable ironía hubieran podido hacerme varar hasta esta desolada y mustia orilla. Estúpidas turbulencias.
Los recuerdo, tus negros prognósticos habían sido algo así como "ya empezó a llover, como todos los treinta y unos".
Y, en ese momento, aunque no les prestase atención, todas las locuras de este año pasado estaban formando una red insondable de paranoias dentro, muy dentro de mi. La telaraña perfecta. Acabaré cayendo el año que viene.
"¡Mira, el mundo entero está despertando, resumido en esta escueta calle!" Nunca llegué a salir de la rutina de ver la vida pasar tras la cortina y no querer hacer nada por alcanzarla. Así que seguí deambulando perdida por aquella calle, mirando como acogíais a un nuevo Año con el calor del amor familiar, y todas esas chorradas.
Entonces os grité "¡sólo ha pasado un día desde ayer, necios! No sé por qué le dais tanta importancia", y, tras ver vuestras caras de asombro, escupí al suelo y me alejé, sabe Nad. a donde, viendo como el húmedo vaho que emanaba se hacía uno con el gélido aire de la mañana, y me dirigí al buzón de Correos, aún sabiendo que mi carta iba a tener que esperar a que alguien se dignara o dignase a tratar con ella.